Archivos Mensuales: octubre 2012

ROSSETTI Y SIDDAL: un amor de ultratumba

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Dante Gabriel Rossetti y Lizzie Sidhal son los protagonistas de una historia real que queda envuelta en el misterio y la tristeza. La irlandesa Elizabeth Siddal (1829-1862) es uno de los personajes femeninos más notables en la Historia del Arte por su espíritu adelantado a su época: en lugar de someterse a la tradicional idea de que la mujer debía ser “cuanto más tonta mejor“, se veía atraída por la creatividad y la cultura y alcanzó el prestigio de reconocida poetisa, escritora y pintora. Además destacaba por su belleza -su rostro, su figura delgada y lánguida, su pelo rojo- hasta el punto de convertirse en la sex symbol de su época, siendo admirada y retratada por numerosos pintores del Prerrafaelismo. El mundo del Arte se inclinaba ante ella, era la mujer más deseada de su tiempo. Sin embargo, su trágica vida parece olvidada y solo es conocida por unos pocos.

Como era de clase baja, trabajaba en una tienda de sombreros… hasta que fue descubierta por un pintor que le propuso contratarla como modelo. Poco a poco su belleza fue cautivando a diferentes personalidades, hasta llegar al famoso y magnífico Millais (del que hablaremos en otra ocasión) que se basó en ella para realizar su gran obra maestra: Ofelia.

Un dato curioso: Millais la torturaba para posar en sus cuadros. Los pintores de la época eran un poco cabroncetes y querían captar de la realidad el gesto más enfermo, o el más moribundo… así que sin pensárselo dos veces les hacían a sus modelos todo tipo de barrabasadas. Por ejemplo, para posar en este cuadro, Elizabeth Siddal se pasaba 16 horas al día sumergida en una bañera de agua helada, durante todo el tiempo que le costó acabar su obra, para que Millais pudiera captar el “Rigor Mortis” necesario para hacer de su pintura una obra maestra. Así pues, Siddal cayó enferma, muy enferma, y no se recuperaría en toda su vida.

En ella aparecen diferentes elementos que quieren decir mucho más de lo que parece: Elizabeth representa a “Ofelia”, personaje trágico de la obra de Shakespeare que enloquece de amor no correspondido y sufre durante toda su vida por los engaños de su amado hasta el punto de perder su honra y su cordura… hasta llegar el día en el que decide poner fin a su sufrimiento suicidándose en el río. En el rostro de la retratada percibimos tranquilidad y alivio al encontrarse con la muerte, al fin. El peso del vestido la hunde, y justamente queda reflejado en el cuadro el momento en el que Ofelia exhala su último aliento antes de perderse para siempre en el agua del río. Vemos cómo sus manos se abren pues la vida la abandona, dejando libre un ramo de flores de amapolas y violetas. ¿Amapolas y violetas? Ya hemos visto en otra ocasión que las violetas simbolizan la muerte, y la amapola… ¿Qué puede ser? Representa la somnolencia, el opio, el estado de drogadicción. Y es que a Siddal le iba lo del opio, como a muchos otros artistas de la época. Es curioso pues este cuadro es una especie de profecía, como veremos.

A lo que íbamos… que al ver este cuadro, Dante Gabriel Rossetti se enamoró de la chica que aparecía retratada en él y se obsesionó con ella. Cuando consiguió conocerla, la hizo su modelo. Y después su esposa. Pero como muchas veces -tristemente- ocurre, el hombre empezó a querer poseerla él solo, y empezó la tortura de la bella Siddal. La apartó del mundo del Arte, le prohibió que se acercase a los demás pintores, la obligó a que solamente posara para él. Siddal dejó de escribir y de pintar. Sus celos eran enfermizos, y aprisionó a Siddal en la jaula de la que ella siempre había huido. Fue retratándola a ella cuando Rossetti obtuvo su mayor gloria y fama, somo si se hubiera casado con su propia gallina de los huevos de oro: todo lo que tenía que ver con ella, conseguía triunfar. Rossetti apartó de sí a todas las demás modelos… al menos durante un tiempo. Claro.

Y es que Rossetti, el ligón de Rossetti, no tenía ninguna intención de renunciar a tener otras amantes por muy obsesionado que estuviera con apartar a Siddal del resto del mundo. La dejaba encerrada en casa mientras él se iba a seducir otras modelos y acostarse con todas las mujeres que se dejaban, sin importarle en ningún momento la depresión de Lizzie, que de repente se encontró sola, reducida a la nada, encerrada y casada con un hombre al que no le importaban lo más mínimo sus sentimientos, pero que no la dejaba ser libre. Se pasaba los días en la habitación, llorando y fumando opio para alejarse de sus problemas… como una princesa de un cuento infeliz. Para colmo, Elizabeth tuvo un aborto y perdió a su hijo. Se quedó bastante tocada, y se quedaba meciendo la cuna vacía largas horas… Imagináos el panorama.

El más extravagante de los amoríos de Rossetti fue el que vivió con una modelo obesa a quien el poeta llamaba cariñosamente “Mi querido elefante“… eso sí, todas las amantes de Rossetti tenían que ser pelirrojas como su esposa. Contrariamente a lo que pueda parecer, la obsesión de Rossetti con ella no hacía sino crecer. Escribía sobre Lizzie: “…se la ve más delgada y más cadavérica y más bella y más desmadejada que nunca; una autentica artista, una mujer sin igual en mucho tiempo ; es de estimulante frescura … el sello de la inmortalidad“. No estaba muy bien de la chola, ¿no? La amaba con locura pero la encerraba, se iba con otras mujeres pero adoraba a su esposa, pasaba de ella todo el día pero escribía apasionadamente sobre ella. Y Siddal fumaba y fumaba cada vez más opio y el láudano que la ayudaban a dormir, intentando huir de los pensamientos acerca de las miles de aventuras carnales de su marido, las celos justificados, las mentiras, intentando olvidar cuán triste era su vida, y la cuna vacía que mecía.

La leyenda cuenta que Elizabeth, ya hundida en un infierno, no encontró otra salida que la Ofelia de Millais: el suicidio. Una noche de 1862, mientras él pasaba la noche en la cama con su “querida elefanta”, ocurrió lo inevitable. Al volver a casa, borracho como una cuba, el pintor entró al dormitorio procurando no hacer ruido. Lizzie estaba enferma, y los médicos le habían recomendado la más estricta calma. Luego, (imagináos la escena) la besó en la frente, y la notó fría. Elizabeth Siddal se quitó la vida esa madrugada ingiriendo una dosis letal de láudano.

Entonces Rossetti se dio cuenta de todo lo que había hecho. Además, su caracter supersticioso pronto recordó la reciente luna de miel, en la que pintó a Lizzie en un cuadro llamado How they met themselves (En castellano, “Como se encontraron consigo mismos”), una obra oscura que retrata el encuentro sobrenatural de la pareja con sus dobles, encuentro que, en la leyenda, acarrea una muerte inminente.

Entre esto y la culpabilidad que sentia al darse cuenta de que él había sido el “principal causante” de la muerte de su esposa, que entonces se dio cuenta de que siempre sería su único y verdadero amor por mucho que hubiera tonteado -y la hubiera traiconado- con otras, enloqueció. En el entierro, loco de culpa, aprovechó un descuido de los invitados para deslizar algo dentro del ataúd, bajo el pelo de la muerta. ¿Qué era? Un cuaderno manuscrito, una especie de sacrificio o expiación para aplacar a los demonios que, a partir de entonces, habitarían en su corazón. Se veía a sí mismo como el asesino de su esposa, de modo que decidió sacrificarle lo más preciado que tiene un artista: su obra. Rossetti había estado escribiendo todos esos años versos secretos que trataban sobre ella.

A partir de entonces, el artista se aisló por completo: se apartó de las mujeres, de los amigos, del mundo. Pintaba obsesivamente, y así permaneció durant años, solo, atormentado, acosado por espectros de cabellos rojos y miradas fulminantes.

Una de las pinturas más famosas de esta época fue “Beata Beatricce“. Y es que Rossetti se obsesionó con el paralelismo que existía entre su nombre (Dante), y la obra “El infierno“… que para más inri trata del descenso de un hombre a los infiernos para buscar a su amada, a la que había hecho una infeliz durante toda su vida, y murió antes de que él pudiera enmendar su error. En la obra, una mujer pelirroja tiene los ojos cerrados y posición muerta, el pájaro rojo representa la muerte, y vemos que lleva en el pico la amapola (el opio), la droga con la que Elizabeth se suicidó.

Y ahora viene la noticia bomba, y lo que realmente me ha inclinado a escribir sobre esta historia: Cuatro años después, un amigo suyo lo emborrachó y le sonsacó el secreto de los sonetos ocultos en la tumba de su esposa. Unos colegas que habían asistido a la conversación, animados por el alcohol, decidieron recuperar los versos que Rossetti había escondido bajo el cadáver de su esposa. Al comentárselo al pintor y poeta, que también se encontraba narcotizado y bebido, éste cedió. Así pues, los amigos empezaron los trámites para exhumar (eso sí, de acuerdo a la ley) el cuerpo de Elizabeth Siddal.

Rossetti no asistió a la exhumación del cadáver. Se dice que se quedó en una taberna bebiendo hasta caer inconsciente, por lo que no acompañó a sus amigos. Dos amigos del poeta, más un oficial de policía y un empleado del cementerio, desenterraron el ataúd de Lizzie… para quedar aterrados y sorprendidos al comprobar que ni el cuerpo se había podrido, ni había desaparecido su belleza. Como una bella durmiente de la vida real, su piel seguía fría pero tersa, como si hubiera muerto la noche anterior… y su cabello había crecido tanto que tuvieron que bucear en él para rescatar el anhelado cuaderno de poemas, que estaba intacto haciendo de almohada para la dama muerta. Y esta historia es real, como la vida misma.

BÖCKLIN: el arte de dar yuyu

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Estamos acercándonos peligrosamente al Día de los Muertos, halloween, Todos los Santos… o como cada uno -desde su rincón del planeta- quiera llamarlo. Sería lógico dedicar las siguientes entradas a uno de los muchos artistas que se han adentrado en las misteriosas nieblas de la muerte, en lo más tétrico y amenazador, en lo desconocido que nos atormenta. Hay muchos pintores e ilustradores que se han atrevido a retratar los miedos del Ser Humano, y uno de ellos fue Arnold Böcklin. Este suizo solía crear obras en las que aparecieran personajes mitológicos y es uno de los artistas del Simbolismo más celebrados.

Así se retrató a sí mismo este artista, con un esqueleto detrás, como contándole un chiste al oído y tocando música para él. Parece que el pobre vivía un poco obsesionado con la muerte y la desaparición de su alma, y solía tratar estos temas en sus pinturas a pesar de ser muy conocido como paisajista. Un día recibió una petición de Maria Berna, la joven y viuda condesa de Oriloa, que quería un cuadro que “la hiciera soñar“. Éste debería estar listo para cuando ella volviera de su viaje a Italia. Una petición preciosa que supongo que sería el mayor deseo de los artistas: encontrar a una mujer rica que le permitiera pintar un cuadro sobre lo que él quisiera, sin exigencias sobre cómo estaba quedando, y encima ganar una pasta. Pues bien. Sin pensarlo dos veces, Böcklin le pintó un bonito lugar donde descansar mucho tiempo:

Es un cuadro raro… ¿verdad? ¿Qué sitio es este? Un islote que surge en medio del agua, al que se acerca una barca. Imaginemos que nosotros somos la figura blanca. ¿Qué oiríais si estuvierais ahí dentro? ¿Qué sentiríais? ¿Estaríais tranquilos allí para “soñar”, como quería la condesa? Pues yo no sé qué pensaréis vosotros, pero a mi me gustaría estar en cualquier sitio menos en esa extraña isla. Si algo destaca, es la sensación de incomodidad que produce en el espectador. No sabemos muy bien por qué nos da “yuyu” a simple vista, pero vamos a analizar…

  • Los árboles: ¿Qué tipo de árboles son? Así, tan altos, oscuros, creciendo hacia arriba. Sí, es fácil reconocerlos: son cipreses. Habréis visto cipreses sobre todo en los cementerios, se plantan allí porque simbolizan el acto de “subir al cielo” y del descanso eterno.
  • La forma de la isla: semicircular, como invitándote a entrar… pero no a salir. ¿Notáis cómo se forman las sombras dentro? Parece que la luz se queda afuera, sumiendo al interior del islote en una eterna oscuridad. ¿No os da esa impresión? 
  • Extrañas entradas en la roca: Si os fijáis en la textura, os recordará al mármol… Evidentemente, Böcklin estaba pensando en sepulcros mientras pintaba. El interior de las entradas permanece, cómo no, en sombra… dando sensación de claustrofobia. No parece que se queden ahí estas excavaciones, sino que solamente sean la puerta de entrada a un lugar más tétrico, más profundo y más frío que un sarcófago…
  • La barca: Para los interesados en la mitología clásica no será difícil encontrar el significado de este elemento. Caronte, el barquero que cruza las almas a través de la Laguna Estigia (quien caiga en ella perderá sus recuerdos) y las lleva hasta el Reino de Hades. Entonces… la figura blanca es…
  • La figura blanca: sí, el muerto. El muerto que viaja en la barca acompañando su propio ataúd (fijáos bien en que, ante él, hay una extraña caja cubierta por una tela y adornos de flores), para descansar eternamente. Va cubierto por una sábana blanca –¿fantasmas? ¿mortajas?– y contempla la isla en la que va a desembarcar.
  • Flores: puede que no se aprecien muy bien, pero sí, hay más elementos vegetales que los cipreses en la Isla. Son lilas, que representan la muerte en el lenguaje floral.

Así, Böcklin nos presenta su gran obra maestra: La isla de los Muertos. El mismo artista lo definió como “un lugar tranquilo” cuando le preguntaron, y ciertamente, al contemplarlo uno parece caer en una pesada somnolencia. ¿Qué oiríamos si fuéramos la figura blanca? Nada. El silencio, solamente interrumpido por el chapoteo de los remos en el agua. Sí, esta isla atrae al sueño… despierta ése rinconcito de nuestro subconsciente al que le seduce el reposo de la tumba. Me resuena en la mente la frase del Infierno de Dante“Lasciate ogne speranza voi ch’intrate” (“Abandonad toda esperanza vosotros que entráis aquí”). Obviamente, sí, la condesa Maria Berna podría “soñar” mucho muuucho tiempo en un lugar como este. Concretamente, toda la eternidad.

¿Os pensabais que se había acabado todo dato curioso relacionado con este cuadro? Pues estáis equivocados… y es que hay alguien muy famoso que estaba obsesionado con esta pintura: Adolf Hitler. El original de La Isla de los Muertos acabó colgada en el despacho del führer, en la cancillería del Reich, siendo testigo del exterminio judío en la Segunda Guerra Mundia. Lo podéis comprobar en esta foto:

Morboso, ¿eh? Böcklin era uno de los pintores favoritos de Hitler y le gustaba presumir de tener éste cuadro suyo ante las visitas (lo que no le dio al pobre artista muy buena fama, claro). Supongo que la parte más sádica de uno de los grandes monstruos de nuestra era se deleitaba mirando a la muerte a los ojos y enviando a esa isla tétrica a miles de personas inocentes.

La Isla de los Muertos es un cuadro que ha sido reinterpretado en muchas ocasiones (su propio autor volvió a pintarlo otras cuatro veces) y que suele fascinar a los otros artistas, no solamente del mundo de la pintura, sino también del cine o la fotografía… Unos de los ejemplos más celebrados serían:

1) El hogar de King Kong, Isla Skull (o de la Calavera). Se dice que se inspiró en esta obra de Böcklin.

2) En la película “Furia de Titanes” de 1981, Perseo cruza el río Styx (la Laguna Estigia) en una barca que conduce Caronte. Vemos la niebla, la isla rocosa… casi un calco.

3) Milo Manara, el famoso ilustrador de escenas eróticas, cómics para adultos y sexys mujeres ligeritas de ropa, hizo su particular interpretación de este cuadro.

4) Daniel Santoro utiliza homenajes a los artistas más conocidos y las iconografías de otros cuadros famosos. En éste, reinterpreta la llegada de Eva Perón al edificio de la CGT.

Pero quizá la más famosa sea la reinterpretación sea la de H.R.Giger, uno de los escultores más conocidos del mundo gracias a sus colaboraciones en el cine, especialmente en la serie fílmica Alien.

En ella, vemos cómo la isla se ha transformado en una especie de monstruo casi orgánico y propio de un cómic o película de ciencia ficción. Aunque cambian muchos elementos, sigue siendo Böcklin con disfraz del futuro. Realmente recuerda a la estética de Alien, ¿verdad?

¡Pues esto es todo por hoy! Muchas gracias a todos por pasar, por leer… y por comentar. Espero que me dé tiempo mañana a una nueva entrada apropiada para la atmósfera de terror del 31 de octubre. Si estáis interesados, podéis conocer más cosas de Arnold Böcklin en ESTE VÍDEO (pinchad el enlace, vamos, ya sabéis cómo funciona…) Además aquí tenéis más imágenes de las obras de este artista. Que las disfrutéis.

EL COLUMPIO: ¡Ay, picaruela!

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Si hiciéramos una lista de las pinturas más conocidas de la historia, seguro que El Columpio de Jean Honoré Fragonard ocuparía uno de los primeros 10 puestos. Y es que, ¿quién se resiste a este cuadro? ¡Tan bonito, tan cursi! ¡Un vestido tan pomposo y rosa…! ¡Y el columpio! Oh, si es que es la candidez hecha pintura. Con ése fondo tan bonito, con ésos colores pastel que parecen decir “cómeme”, si sólo le faltan corazones fucsias esparcidos por el fondo y estrellitas brillantes en los ojos de la dulce doncella como en los dibujos manga.

Sí, ya. Ahora, miremos otra vez.

El primer dato: este cuadro fue encargado por un rico barón como homenaje a su amante. Y Fragonard no fue al primero al que se lo pidieron, porque el anterior artista rechazó el trabajo por el atrevimiento que suponía pintar esta escena. ¿Por qué? ¿Por qué los pintores rechazaban hacer esta obra si es tan inocente? Algo huele a chamusquina aquí…

Bueno. Como vemos, El columpio representa una escena idílica en un exuberante jardín. Una joven se balancea en un columpio, que empuja un hombre mayor que ella:

ImagenEste hombre queda relegado en las sombras, es más parte del fondo que de la escena, y es fácil no recaer en su presencia. Pero… ¿Y quién es este hombre? Pues ni más ni menos que el marido de la señorita protagonista, que aparece sentado en un banco, mirándola cómo se lo pasa pipa en el balancín. Y este señor no se entera de nada de lo que se está cociendo en el jardín. Pobre.

ImagenLuego tenemos a un chico más joven tirado por el suelo con una sonrisa en los labios. “Pues se va a manchar el traje“, diréis. Pero… ¿Qué hace este tío? Pues si os fijáis, está escondido detrás de un arbusto, apartando las hojas con la mano del sombrero, y poniendo cara de fijarse mucho, de estar extasiado. Pues este señorito es el amante de la muchacha, que se esconde del marido (que no se entera) en el propio jardín de la casa. Pero, ¿por qué?

ImagenHe aquí la cuestión. En la figura principal. Fijémonos un momento en la mano de la cándida doncella… ¿no está haciendo el gesto de “sssh”? Sus ojos se cruzan con los del jovencito, la expresión de su cara nos recuerda a cuando hacíamos una travesura de pequeños. Y sí, parece que está tirando un zapato (o una prenda) al aire… cuando lo que realmente está haciendo es enseñarle las partes X de su cuerpo. Sí, sí, las partes pudendas. Fíjate en cómo levanta la pierna derecha con toda la fingida inocencia del mundo, para que su amante le vea debajo de la falda ¡EN LAS NARICES DEL MARIDO! Ya sabíamos lo que miraba tan fijamente el chico tirado en el suelo, ¿no? Normal que esté tan contento…

¿Qué? era cursi el cuadro, ¿no? Otras señales de lo que está pasando:

ImagenEl perro simboliza la fidelidad, la familia, el matrimonio… En este cuadro aparece un perrillo bastante enfadado, ladrando… indicando que la fidelidad está poniéndose en peligro, o que simplemente no existe.

ImagenUna escultura de dos cupidos simboliza el amor, el deseo… Uno de los angelotes mira directamente a la joven mientras que el otro, en sombras y con apariencia triste, mira al marido. Además, encima del amante podemos ver una columna sobre la que se encuentra un tercer cupido (que no se ve del todo en la foto, pero yo os adjunto abajo) que no está haciendo ni más ni menos que el gesto del secreto.

ImagenEste delicioso cuadro de Fragonard se puede encontrar en la Colección Wallace de Londres. Se ha convertido en el símbolo de su época, el Rococó, por su refinamiento y sensualidad.

El adulterio fue un pecado muy criticado por la clase trabajadora de la época, que veía cómo se deterioraba la moralidad conforme subía escalafones en la estructura jerárquica del XVII. Y es que poner los tochos al marido o a la mujer era algo muy común entre las clases altas por la cantidad de bodas por interés, que se concertaban para seguir manteniendo “limpia” la sangre de las familias nobles y concentrar poder y riqueza. Así que no era raro que las mujeres también quisieran gozar de su sexualidad separadas del marido. Esta aparente escena de campo destaca porque ni la joven es inocente y él no está proclamando su amor sino mirando debajo de su vestido. Este cuadro supone un corte de mangas (finamente dicho) por parte del noble que lo encargó, tanto para el marido de la joven como para los que critican la relación entre él y su amante.

Esta obra del Rococó enmascara con los colores pastel asociados a la inocencia y a la belleza inmaculada unos gustos refinados que enmascaran una verdad mucho más turbia.

TOLOUSE LAUTREC: ése encantador señor bajito de Moulin Rouge

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El 24 de Noviembre de 1864 nació Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Montfa (fácil, ¿no?), más conocido como Tolouse Lautrec. Pues este niño pasaría a ser famoso en la Historia del Arte, y se le considera uno de los grandes pintores y dibujantes postimpresionistas de Francia. Realmente fue alguien importantísimo para el arte de su época, aunque parece que su fama ha quedado algo empañada por su pequeña estatura. Y es que la mayoría de la gente piensa en su 1’52 de altura cuando oye su nombre. Eso, y en su exaltación del alcoholismo, las prostitutas y la sífilis.

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De familia aristócrata, desde pequeño tuvo grandes problemas de salud debido al estrecho parentesco de sus padres: eran primos hermanos. En ésa época era costumbre de la nobleza concertar matrimonios entre familiares para evitarse divisiones de fortuna. Toulouse Lautrec fue el primogénito, y cuando tenía cuatro años nació su hermano pero no llegó a vivir dos años. Finalmente, tras muchos problemas familiares, el matrimonio se rompió y el pequeño Toulouse se quedó viviendo con su madre. A pesar de todo tuvo una infancia feliz, aunque padecía una enfermedad que impedía el crecimiento normal de los huesos que se agravó cuando se rompió las dos piernas en una desafortunada caída. Así empieza el gran sufrimiento del artista, que no pudo crecer normalmente y empezó a torturarse a causa de su físico.

Toulouse se refugió en la pintura, alejándose del estilo de vida aristócrata al que estaba destinado. Influenciado por la Bohemia se trasladó a Montmartre para vivir una vida nocturna de excesos, absenta y opio, que captaba con sus pinceles. En este momento de su vida empieza a aparecer por cabarets, teatros, salones y burdeles… frecuentaba locales como el mitificado Moulin Rouge, Le Chat Noir o Le Moulin de la GaletteLautrec se convirtió en el primer cronista de su época reflejando en sus obras todo tipo de personajes de la noche como prostitutas, actrices, chulos, hombres y mujeres del circo… y los ricos que, en secreto, disfrutaban de los servicios de los integrantes más denostados de la sociedad.

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En la época de Lautrec (dos últimas décadas del siglo XIX) el tema de los burdeles preocupaba muchísimo a la sociedad de París. Se intentaba controlar la situación mediante las casas de tolerancia, donde una madame controlaba y dominaba a unas cuantas sumisas; pero conforme avanzaban los años las chicas aprendieron a evitar la vara y fue creciendo la prostitución callejera (las insumisas) y las casas de tolerancia desaparecían, dejando en evidencia a los ricos que disfrutaban de los placeres que ofrecían.

¿Cuánto tiempo pasaba Toulouse Lautrec con las prostitutas? Hay quien dice que incluso pasaba temporadas viviendo en los burdeles pues en sus pinturas recoge detalles de la vida cotidiana de las chicas. Y es que las prostitutas son, para este pintor, más que cuerpos: son seres humanos. No las caricaturiza ni las pinta como seres atormentados, ni evidencia su situación con los hombres. Carece de prejuicios y sus retratos no son eróticos (salvando los de lesbianas). Bueno, sí, también hizo dibujos pornográficos… pero para sus amigos, que los coleccionaban. Se dice también que estaba enamorado de la belleza que él jamás podría alcanzar, encarnada en una joven prostituta que en varias ocasiones le hizo de modelo para algunos de sus dibujos.

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Descripción de Tolouse Lautrec según Jules Renard:

“Es un herrero diminuto con quevedos. Un pequeño saco divi­dido en dos, en el que coloca sus piernas. Labios gruesos y manos como las que dibuja, huesudas, con dedos anchos y separados, pulgares semicirculares. Suele hablar de las personas muy pe­queñas como dando a entender `bueno, ¡yo no soy tan bajo como eso!’. Al principio te hace sentir mal porque es tan pequeño; des­pués, le ves tan lleno de vida, tan amable, interrumpiendo sus fra­ses con pequeños gruñidos que salen de sus labios como pasa el viento por una puerta con burle­te. Es tan grande como su nom­bre. (…) Siempre el mismo gruñi­do, siempre el deseo de hablarte de cosas que ‘son tan estúpidas que son interesantes’. Y peque­ñas gotitas de saliva vuelan hacia sus barbas”.

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Claro, que sus obras no gustaban a todo el mundo: los más conservadores consideraban sus obras inmorales y escabrosas. Fue llamado “Quasimodo del arte” con gran crueldad, gnomo o, más vulgarmente, culo caído. Además la conocida vida de atroces borracheras y resacas le pasaba factura entre el público, pero quizá eso le ayudó a alcanzar mayor fama. Logró ver toda París empapelada con sus carteles e ilustraciones, aunque sus pinturas al óleo no lograron mucho éxito hasta después de su muerte.

Como pintaba con tanta intensidad como bebía, el alcoholismo lo condujo rápidamente a la muerte. En 1897 sufrió su primer ataque de delirium tremens, que le llevó a disparar con un revólver a telarañas imaginarias. Después de duros episodios maníacos, depresivos y delirantes tuvo que ser internado en un sanatorio mental del que solamente salió para ir a su casa a morir. Fue el 9 de septiembre de 1901. Tenía 37 años.

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En la película Moulin Rouge aparece un señor bohemio, encantador, feliz, con cierto enanismo… ¿Recordáis la canción inicial “The hills are alive with the sound of music“? Pues ahí está Lautrec, al que quisieron hacer un homenaje en dicha película.

En otro post hablaremos sobre una de sus obras, que a mí personalmente me parece que oculta mucho más de lo que percibimos a simple vista: BAILE EN EL MOULIN ROUGE o ENSAYO CON LAS NUEVAS. Ciertamente escalofriante la historia… pero reservémosla para otra ocasión 😉Imagen

LOUIS WAIN. La transformación de un gato

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Louis Wain (1860-1939) fue un dibujante inglés tristemente célebre. Se convirtió en alguien muy conocido gracias a sus ilustraciones de gatos antropomórficos, que alcanzaron gran fama en todos los periódicos británicos de la época. Pero, ¿cómo decide un artista dedicarse casi por entero a inmortalizar gatos? ¿Por qué dedicamos esta primera entrada a Wain?

Es cierto que antes de dedicarse a retratar felinos este curioso personaje ya era ilustrador, aunque no era ninguna celebridad. Pero cuando su esposa enfermó de cáncertan solo tres años después de la boda– Wain la entretenía con bromas en las que hacía participar a Peter, el gato de la familia. Con unas inocentes bromas en las que el pobre gato se dejaba poner gafas y hacer pequeños shows, a su mujer le surgió la idea a la que nuestro autor debe su fama: gatos con gestos humanos que ríen, practican el golf, conducen, fuman, juegan a las cartas… ¿a quién no le gustan los gatitos graciosos? ¿Creíais que el amor que profesamos los internautas a los felinos era una gran novedad? ¡Ja! El caso es que se convirtieron en el tema recurrente de sus siguientes ilustraciones, y llamaron la atención de toda la sociedad inglesa. Pronto toda Inglaterra se llenó de sus dibujos: en la prensa, en calendarios, tiras cómicas, tarjetas de felicitación… ¡Se hizo tan famoso que hasta H.G. Wells dijo que los gatos ingleses que no se parecen a los de Wain se avergüenzan de sí mismos!

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Pero la historia no siempre puede mantenerse feliz: la esposa de Wain murió irremediablemente, y éste quedó destrozado por la pérdida. A pesar de haber obtenido gran éxito, no supo sacar partido del momento. Malvendió todas sus ilustraciones, se quedó sin hogar, y no tuvo más remedio que embarcarse en un viaje a Nueva York para buscar fortuna que no sirvió sino para dejarlo más arruinado. Finalmente volvió a su tierra natal, desmoralizado y hundido.

A los 57 años todo cambió… pero no a mejor: le diagnosticaron esquizofrenia. Su carácter, antes humilde y agradable, se tornó en agresivo y desconfiado. Vagabundeaba por las calles cuando caía la noche, cambiaba los muebles de sitio en casa de su madre, se encerraba en su habitación para escribir incoherencias que nadie alcanzaba a comprender y cada vez reaccionaba con mayor violencia. Cuando sus hermanas -que lo habían acogido- se dieron cuenta de que ya no podían controlar su agresividad lo ingresaron en el ala de pobres de un hospital mental, donde sería condenado a un destino mucho peor del que ya sufría.

Afortunadamente el mismísimo Primer Ministro descubrió su situación y lo trasladó al Hospital Real de Bethlem, donde muchos mininos tenían su hogar en los enormes jardines, y Wain volvió a encontrar su inspiración… pero su arte empezaba a cambiar conforme su enfermedad mental progresaba:

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Poco tienen que ver éstos nuevos dibujos con sus famosas obras iniciales. Su enfermedad mental grita a través de los lápices de Wain, la percepción del artista y sus ideas quedan marcados por la esquizofrenia cada vez más. Sus gatos muestran ahora una abstracción compleja, son ininteligibles. Las inquietantes expresiones que podemos entrever en algunos trazos son misteriosas, hay algo en ellas que pone los pelos de punta desde su extraña belleza colorista. ¿Percibe nuestro cerebro que algo no anda bien en ése conjunto de líneas y trazos, en ése mundo irreal y vibrante que nos presentan las ilustraciones?

Las obras de Wain han sido objeto de muchos estudios acerca de el impacto y evolución de la esquizofrenia y cómo llega ésta a afectar a la mente del ser humano.

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Minientrada

Esta es la primera entrada de un blog dedicado a las historias del arte, con minúscula. Aquí podréis encontrar curiosidades, anécdotas, detalles… de artistas y obras de todas las épocas. Si te gusta el arte y aprender aspectos interesantes -e incluso graciosos- de pintores, ilustradores y demás, este es tu sitio.

¡Espero que te guste! 

¡Hola a todos!