EL COLUMPIO: ¡Ay, picaruela!

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Si hiciéramos una lista de las pinturas más conocidas de la historia, seguro que El Columpio de Jean Honoré Fragonard ocuparía uno de los primeros 10 puestos. Y es que, ¿quién se resiste a este cuadro? ¡Tan bonito, tan cursi! ¡Un vestido tan pomposo y rosa…! ¡Y el columpio! Oh, si es que es la candidez hecha pintura. Con ése fondo tan bonito, con ésos colores pastel que parecen decir “cómeme”, si sólo le faltan corazones fucsias esparcidos por el fondo y estrellitas brillantes en los ojos de la dulce doncella como en los dibujos manga.

Sí, ya. Ahora, miremos otra vez.

El primer dato: este cuadro fue encargado por un rico barón como homenaje a su amante. Y Fragonard no fue al primero al que se lo pidieron, porque el anterior artista rechazó el trabajo por el atrevimiento que suponía pintar esta escena. ¿Por qué? ¿Por qué los pintores rechazaban hacer esta obra si es tan inocente? Algo huele a chamusquina aquí…

Bueno. Como vemos, El columpio representa una escena idílica en un exuberante jardín. Una joven se balancea en un columpio, que empuja un hombre mayor que ella:

ImagenEste hombre queda relegado en las sombras, es más parte del fondo que de la escena, y es fácil no recaer en su presencia. Pero… ¿Y quién es este hombre? Pues ni más ni menos que el marido de la señorita protagonista, que aparece sentado en un banco, mirándola cómo se lo pasa pipa en el balancín. Y este señor no se entera de nada de lo que se está cociendo en el jardín. Pobre.

ImagenLuego tenemos a un chico más joven tirado por el suelo con una sonrisa en los labios. “Pues se va a manchar el traje“, diréis. Pero… ¿Qué hace este tío? Pues si os fijáis, está escondido detrás de un arbusto, apartando las hojas con la mano del sombrero, y poniendo cara de fijarse mucho, de estar extasiado. Pues este señorito es el amante de la muchacha, que se esconde del marido (que no se entera) en el propio jardín de la casa. Pero, ¿por qué?

ImagenHe aquí la cuestión. En la figura principal. Fijémonos un momento en la mano de la cándida doncella… ¿no está haciendo el gesto de “sssh”? Sus ojos se cruzan con los del jovencito, la expresión de su cara nos recuerda a cuando hacíamos una travesura de pequeños. Y sí, parece que está tirando un zapato (o una prenda) al aire… cuando lo que realmente está haciendo es enseñarle las partes X de su cuerpo. Sí, sí, las partes pudendas. Fíjate en cómo levanta la pierna derecha con toda la fingida inocencia del mundo, para que su amante le vea debajo de la falda ¡EN LAS NARICES DEL MARIDO! Ya sabíamos lo que miraba tan fijamente el chico tirado en el suelo, ¿no? Normal que esté tan contento…

¿Qué? era cursi el cuadro, ¿no? Otras señales de lo que está pasando:

ImagenEl perro simboliza la fidelidad, la familia, el matrimonio… En este cuadro aparece un perrillo bastante enfadado, ladrando… indicando que la fidelidad está poniéndose en peligro, o que simplemente no existe.

ImagenUna escultura de dos cupidos simboliza el amor, el deseo… Uno de los angelotes mira directamente a la joven mientras que el otro, en sombras y con apariencia triste, mira al marido. Además, encima del amante podemos ver una columna sobre la que se encuentra un tercer cupido (que no se ve del todo en la foto, pero yo os adjunto abajo) que no está haciendo ni más ni menos que el gesto del secreto.

ImagenEste delicioso cuadro de Fragonard se puede encontrar en la Colección Wallace de Londres. Se ha convertido en el símbolo de su época, el Rococó, por su refinamiento y sensualidad.

El adulterio fue un pecado muy criticado por la clase trabajadora de la época, que veía cómo se deterioraba la moralidad conforme subía escalafones en la estructura jerárquica del XVII. Y es que poner los tochos al marido o a la mujer era algo muy común entre las clases altas por la cantidad de bodas por interés, que se concertaban para seguir manteniendo “limpia” la sangre de las familias nobles y concentrar poder y riqueza. Así que no era raro que las mujeres también quisieran gozar de su sexualidad separadas del marido. Esta aparente escena de campo destaca porque ni la joven es inocente y él no está proclamando su amor sino mirando debajo de su vestido. Este cuadro supone un corte de mangas (finamente dicho) por parte del noble que lo encargó, tanto para el marido de la joven como para los que critican la relación entre él y su amante.

Esta obra del Rococó enmascara con los colores pastel asociados a la inocencia y a la belleza inmaculada unos gustos refinados que enmascaran una verdad mucho más turbia.

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    • Me alegro de que te guste! La verdad es que sí, se necesita gente que enseñe al resto a ver más allá de los brochazos… hay muchas historias y mundos detrás de algunas obras de arte. Es una verdadera lástima que la educación deje en segundo plano la mitología, cultura clásica y el Arte… porque se aprende mucho más de lo que parece y nos ayuda a comprender el mundo en el que vivimos. Muchas gracias por haber roto el silencio 🙂

  1. Muy interesantes tus observaciones. Me permitiría añadir que el gesto de la mano también se podría interpretar como ” a éste le estoy poniendo los cuernacos y ni se entera”. Saludos.

  2. Pingback: Disney y el arte en ‘FROZEN’: censurando, que es gerundio | LAS MIL HISTORIAS DEL ARTE

  3. Excelente trabajo. Tengo una duda, tenía entendido que el personaje mayor que empuja el columpio no es el marido, sino un obispo, conforme a la petición de quién realizó el encargo, el barón de St. Julien.
    Saludos,

    • ¡Hola SCEVOLA!
      Hay dos interpretaciones -que yo haya encontrado-. Una de ellas es la del obispo – o cómo las mujeres debían permanecer subyugadas a los valores tradicionales cristianos, pero seguían siendo rebeldes- yo también lo había leído en varios sitios! 🙂

      Sin embargo un amado profesor de arte que trabajaba en un museo nos enseñó en la universidad la historia del cuadro tal la he contado aquí, que es como más me impactó. ¡Pero yo no tengo la verdad absoluta! ^^

      Me alegro mucho de que te haya gustado. ¡Un abrazo!

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