Archivos Mensuales: febrero 2013

Giuseppe Arcimboldo: de lo que se come, se cría

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El otro día me dio por buscar en la biblioteca de mi universidad algunos libros que me sirvieran de inspiración para crear nuevas entradas, pues aunque tengo pensadas algunas que me parecen interesantes (sobre Gauguin, del que hablamos aquí, pero también de Klimt o algún despiece de cuadros de locos) no quiero desvelarlas todavía. El caso es que me puse a mirar libros y libros hasta dar con un tema que me interesara o me resultara suficientemente anecdótico como para dedicarle unas palabritas. Y para mi sorpresa, en uno de ellos aparecía esta imagen:

El jardinero

“El hortelano” o “El jardinero”… nos muestra los distintos alimentos que se han cosechado.

Confieso que en un primer momento pasé la página sin fijarme, y ya había llegado a la siguiente cuando mi cerebro dijo: “eeeh, un momento“. A mi no suelen llamarme mucho la atención los bodegones, pero hubo algo raro al pasar la vista sobre este cuadro que hizo que el sentido arácnido se me disparase. No sabía exactamente qué era… si el rábano, o las setas, o la cebolla, pero algo había ahí que me olía a chamusquina. Supongo que los más sagaces ya lo habréis captado.

Esta obra de óleo sobre tabla es de un tipo italiano que se llamaba Giuseppe Arcimboldo (pobre) que vivió en el siglo XVI y cayó en el olvido durante mucho, mucho tiempo, hasta que fue “redescubierto” nada más y nada menos que por Salvador Dalí. Algo bueno tenía que tener el hombre para que Dalí se fijase en él, digo yo. Pues sí. Arcimboldo (pobre) era famoso por sus retratos. ¿Sus retratos? ¿Pero no estábamos hablando de un bodegón o algo así? … ¡Ah, amiga! Que ya lo veo todo claro, que este tío nos la quería colar. Y es que, si le damos la vuelta a su pintura en 180º, quedaría así…

El jardinero (1)

¿Soy o no soy un buen mozo digno de casar?

Arcimboldo fue un genio de la originalidad, cuyas grotescas composiciones alegóricas son consideradas como las primeras obras surrealistas -conocidas- de la Historia, y además propició la llegada de nuevos estilos de pintura en el lejano S.XX. Él inventó un estilo de retrato manierista en el que los rostros humanos estaban compuestos por agrupaciones representativas de animales, flores, frutas y toda clase de objetos, que tenían (la mayor parte de las veces) una relación específica con el retratado… ¡tanto para bien como para mal! Por ejemplo, no me digáis que aquí quería unir al personaje con unos valores morales impolutos:

Arcimboldo - (15)

He aquí que la frase hecha “de lo que se come, se cría” alcanza su máxima expresión. Este tío, como Arcimboldo atestiguó, era un maldito cerdo y debía pasar a la Historia como tal.

Arcimboldo usaba su estilo para crear retratos satíricos de personajes reconocidos, de aristócratas y cortesanos, así como ensalzar a otros asociándolos con objetos que son “bien vistos” o transmiten sensaciones positivas. En cuanto a su vida, destaca que fuera empleado por el emperador alemán Fernando I como retratista real. Además de pintar a la familia imperial, también se encargaba de planificar las fiestas y espectáculos de alto copete para la corte, realizar ingenios mecánicos y asesorar al gobernante en sus colecciones e inventos. Era un hombre multitarea y, además, debía de ser la monda. Aún así, sus piezas no lograron demasiado éxito, y la crítica las consideraba graciosas o simplemente “populares”, o incluso llegó a despertar odios hacia su pintura porque los más refinados la consideraban de mal gusto, obscena e impertinente… hasta que llegaron los surrealistas y le dieron un merecido reconocimiento por su ingenio y su juego visual.

Este pintor permanecía fiel a la visión filosófica y artística de su tiempo. Por ejemplo, uno de los procedimientos del poeta Cyrano de Bergerac consiste en tomar una metáfora del lenguaje, lo más trivial posible, y explotar sus posibilidades hasta el infinito en un sentido literal. Por ejemplo, si se dice “morir de pena”, Cyrano crea una historia en la que un condenado a muerte es obligado por los verdugos a escuchar música tan triste que se acaba muriendo de pena por su propia muerte. Podemos decir que Arcimboldo hace lo mismo: si una persona compara unas “mejillas rojas” con “como un tomate”, él pintaría dos tomates en lugar de dos mejillas. Y si dicen que tenía una nariz como una patata, pues una patata que pone en el lienzo. La metáfora gira sobre sí misma hasta crear una imagen surrealista a la par que divertida.

Esta idea ha dejado curiosas obras artísticas o no. Ahora mismo se me ocurre un par… No he conseguido encontrar el anuncio de Frenadol, pero me acuerdo que de pequeña me horrorizaba, porque según nombraba al protagonista se le iban convirtiendo las partes del cuerpo en lo que le nombraban: “¿sientes los ojos como dos tomates? ¿La nariz como un pimiento? ¿Y la cabeza a punto de explotar?” PUM!!! y explotaba la cabeza como un globo. Yo tenía pesadillas con ese anuncio, confieso. Una vez soñé que le pasaba a mi madre y que me perseguía su cuerpo descabezado por toda la casa. Un drama.

Otra imagen es el alien-berenjena, qué simpático.

Arcimboldo - (12)

Pues eso, desde aquí os invito a que os metáis en la cocina y hagáis alguna especie de collage con los restos de la ensalada. Que seguro que queda resultón.

GALERÍA DE IMÁGENES

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“El profesor de Derecho”

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Aire

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Fuego

Arcimboldo - (8)

Agua

Giuseppe Arcimboldo - Earth

Tierra

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Las cuatro estaciones

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Alegoría del Verano

Alegoría de la Primavera

Alegoría de la Primavera

Flora

Flora

Gauguin y Van Gogh: la historia de una oreja

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Todo el mundo ha oído hablar de Vincent Van Gogh: por su pintura tan característica, por lo loco que estaba, y porque se cortó una oreja (también por cierto grupo de música que tuvo la idea de rendirle “homenaje” con el nombre de la formación). Paul Gauguin también es un personaje muy conocido, aunque un poco menos. Es ése que se fue a Tahití a acostarse con niñas y a contagiarles la sífilis porque era un poco pedófilo. Ambos personajes dan para entradas separadas (que vendrán a continuación de esta) porque sus biografías son bastante curiosas. El caso es que estos dos tipos tan distintos -recordemos que a uno le entusiasmaba leer la Biblia tanto como al otro le entusiasmaban las prostitutas- fueron unidos y mantuvieron una estrechísima amistad… si se le puede llamar así.

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Autorretrato de Van Gogh

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Autorretrato de Gauguin

Lo que sí sabemos cierto es que se conocieron porque uno de los dos hijos de la familia Van Gogh (el cuerdo, que se llamaba Theo, el loco no estaba para fiestas) compraba sus obras a Gauguin, que subsistía lejos de su esposa y sus hijos pequeños porque era muy moderno y eso de alimentar niños y tener una sola mujer como que no le convencía demasiado. Él había nacido para la bohemia, para enamorar jovencitas y partirles el corazón, si se dejaban.  Pues eso, que la familia de Van Gogh le compraba las pinturas y cerámicas a Gauguin, y les nació la idea de que, claro, ahí tenían un pintor extranjero muertecico de hambre, y que su hijo el desquiciado estaba muy solo… que a ver si se caían bien y se hacían compañía, que seguro que se cogían cariño y así podían pintar juntitos. Como las mamás cuando te endosan al primo lelo, vamos. La verdad es que los dos artistas ya se habían conocido hacía tiempo, pero lo que impulsó definitivamente a Gauguin a mudarse a un pueblecito francés fue el rechazo amoroso de una jovencita de 17 años, Madeleine Bernard, que lo tenía loco (ejem), y la posibilidad de vivir una segunda adolescencia repleta de lienzos y color. Otra gran verdad es que eso de no poder ver a sus hijos le daba bastante igual, así que su mujer lo abandonó y se los llevó a Dinamarca dejándole a él más contento que unas castañuelas.

Total, que Theo, movido por el deseo de que su hermano tenga compañía y pueda trabajar con otros pintores y hacer amigos, propone a Gauguin un trato: comprar todo lo que él haga a cambio de que se vaya a vivir a Arles con su hermano. Y así se fragua una de las parejas más legendarias de la pintura: los dos artistas se van a vivir juntos a una casita rural en Francia.

Cabe destacar que la amistad entre Gauguin y Van Gogh fue, cuanto menos, “intensa”. Entre ellos había una atracción creativa -he dicho creativa, ¿vale?- muy fuerte, y a la vez un rechazo gigantesco. La estancia de Gauguin en tierras provenzales y la convivencia con el artista pelirrojo van de la mano y mueren al mismo tiempo: dos meses les duró la broma, entre el 23 de octubre y el 26 de diciembre de 1888. Pero fueron meses muy inspiradores, que hicieron a ambos avanzar en sus respectivas pinturas… ¿Qué pasó entre ellos para que se rompiera su relación y Gauguin abandonara la casa? ¿Acaso fue nominado por Mercedes Milá?

Vincent van Gogh - La casa amarilla

La casa amarilla, Van Gogh (1888).
En esta casita tan encantadora de Francia se afincaron los dos artistas para convivir y compartir su pasión por la pintura.

La intención de ambos, Gauguin y Van Gogh, era fundar una casa que perdurara en la Historia del Arte, una especie de templo de la pintura vanguardista. Enviaron cartas a otros pintores famosísimos de la época como Signac, Seurat y Bernard para que acudieran a vivir con ellos también. Fueron más listos y se negaron… aunque ¡la de curiosidades que podrían haber pasado con esos cinco en la misma casa! Total,  que ni cortos ni perezosos fundaron una comuna hippie en la que no tenían “propiedades privadas” sino que todo era compartido, incluso el dinero. Eso a Gauguin le venía genial, claro. Y aunque hemos dicho que Van Gogh era muy religioso, se le pegó bastante el cariño de Gauguin hacia las prostitutas. Así que se llevaban bien.

Con los dos instalados en la casa amarilla, se fraguó una amistad y admiración mutua. Todo hay que decirlo, se admiraban entre ellos, pero tenían un carácter explosivo… y ya se sabe cómo acaban las cosas cuando encierras juntos a dos ogros. El pintor francés no aguantaba el desorden de Van Gogh, así como su incipiente extracción de dinero común para pagarse los favores de Rachel, su prostituta favorita. Su relación empezó a ser tensa. Gauguin lo confiesa en una carta que escribe a un amigo común, comentándole con amargura que Vincent no hace más que criticar todo lo que hace, le señala los defectos de todos sus cuadros y no lo deja pintar en paz. A veces se pone violento, otras se encierra en sí mismo, otros días chilla y berrea como un niño. Empieza a sentirse tentado de abandonar la casa a los pocos días, cuando se percata de las rarezas de su compañero. Pero Theo, el hermano de Vincent, empezó a hacerle chantaje: que si después del dinero que te hemos dado nos dejas así… que si se sabrá que yo te he pagado las deudas porque eres un hombre de mala vida… que si eres un desagradecido… que si mi pobre hermano está tan ilusionado de tenerte aquí y tú vas y lo dejas, al pobrecico… 

Gauguin consintió, pero la relación siguió empeorando y en ocasiones llegó a temer por su vida. La relación llegó a extremos traumáticos:

“En los últimos tiempos de mi estancia, Vincent se volvió excesivamente brusco y ruidoso, luego silencioso. Algunas noches le sorprendí, despierto, acercándose a mi cama”

Paul Gauguin

Imaginaos el percal: tú solo, en una casa de campo, viviendo con un hombre que te acosa y te mira mientras duermes. De película de terror. Una noche, cuando Gauguin le comentó que no estaba a gusto allí y que planeaba dejar la casa, el holandés pelirrojo le tiró un vaso de ajenjo a la cara profiriendo toda clase de amenazas e improperios, aunque al día siguiente le pidió perdón. Sin embargo esa noche llega el capítulo más famoso de la historia de esta rara pareja…

Tuvieron una disputa por la prostituta Rachel. No se sabe si ambos estaban encaprichados con ella, o si fue por asuntos de dinero… pero Van Gogh amenazó a su compañero e intentó clavarle una navaja de afeitar, persiguiéndole por toda la casa. Gauguin logró huir, y se encerró en un hotel decidido a marcharse de allí con viento fresco en cuanto se hiciera de día. A la mañana siguiente, sin embargo, Gauguin encuentra un tumulto de gendarmes y personas alrededor de la casa amarilla. Van Gogh se había cortado la oreja y, envuelta en una fina tela, se la llevó de regalo al burdel para regalársela a Rachel.

“Debió de pasar bastante tiempo hasta que consiguió detener la hemorragia, ya que al día siguiente numerosas toallas mojadas cubrían el suelo de las dos habitaciones de la planta baja. La sangre había manchado las dos habitaciones y la escalera que conducía a nuestro dormitorio.”

Paul Gauguin

Al día siguiente, Van Gogh ingresó en el manicomio, el sanatorio mental de Saint Rémy. Según los principales biógrafos de Van Gogh, la frustración de su relación profesional con Gauguin, en el que había puesto tantas ilusiones y esperanzas, así como la partida de su amigo, antes de lo esperado, pudo ser el detonante de sus posteriores crisis psiquiátricas. 

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A pesar de que esta es la historia oficial, hay varias teorías que contradicen esta versión. Dos historiadores alemanes sugieren que Gauguin, excelente luchador de esgrima, habría cortado la oreja de su compañero con un sable, en un arranque de ira y decidido a zanjar de una vez por todas las diferencias y discusiones que habían tenido durante su convivencia. Para evitar la cárcel, diría a la policía que él mismo se la cortó porque estaba loco, y Vincent mantuvo su silencio porque, supuestamente, estaba enamorado de su compañero. A saber lo que ocurrió, pero lo cierto es que aún no está claro cómo ocurrió todo.

Otros dicen que, Vincent, arrepentido de su comportamiento ante su amigo, resolvió la situación arrancándose el lóbulo de su oreja derecha, el cual dio a una prostituta para que se lo llevara a Gauguin como prueba física de su arrepentimiento.

Sea como fuere, Paul Gauguin se marchó a Tahití con mucha fama y ninguna fortuna, a perderse entre muchachitas jóvenes y no quiso volver a hablar del incidente.

La locura de Van Gogh no hizo más que empezar, puesto que sufría manías persecutorias (se pensaba que lo querían envenenar), delirios y visiones… y ya sabemos como acabó el pobre, dos años después. Pero esa es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión.

Frida Kahlo: el alma de una luchadora

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(Finalizada la temporada de exámenes  doy por retomado el blog. Siento la ausencia durante este tiempo, pero ahora mismo vuelvo a las andadas con renovadas energías… ¡gracias por estar ahí!)

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Frida Kahlo
es una de las artistas más conocidas a nivel mundial, y casi todo el mundo puede recordar su cara, quizá porque esas cejas enormes nos llaman la atención a simple vista. Pero, ¿qué más conocemos? Su nombre completo es Magdalena Carmen Frida Kahlo, y nació el 6 de julio de 1907, en el seno de un país al borde de la Revolución. Tristemente, el Arte está muy unido al sufrimientoya lo vemos nosotros mismos, cuando algo malo o triste nos ocurre nos dan más ganas e inspiración para escribir y crear, para sacar de dentro los fantasmas… y, muchas veces, cuando el dolor acaba termina nuestra ansiedad creativa-, y Frida no fue una excepción en esto.

Como íbamos diciendo, la vida de Frida fue marcada desde una edad muy temprana por el dolor físico y  la enfermedad. La primera “maldición” que sufrió se le diagnosticó cuando tenía  seis años: poliomielitis, una enfermedad extremadamente contagiosa que la llevó a padecer una serie de lesiones, infecciones, operaciones… así pues, la pequeña tuvo que permanecer postrada en la cama durante más de nueve meses, dejándola con otra secuela, esta vez permanente: la pierna derecha quedó mucho más delgada que la izquierda. Sumado a una relación de extraño amor-odio con su madre, la indiferencia de sus hermanos y hermanas (excepto la pequeña, Cristina), y la situación política del país marcaron el carácter de nuestra protagonista. Las continuas operaciones quirúrgicas y su enfermedad la hicieron permanecer apartada del resto de niños, excluida y recluida en una soledad aplastante, como muestra más adelante en algunos de sus cuadros.

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“Ella juega sola”
La vida y la muerte aparecen juntas en este cuadro de colores
fríos (azules, grises, blancos), en contraste con el cálido vestido
y la flor que la niña sujeta. La pequeña lleva una máscara típica del
“Día de Los Muertos” de México… y no es difícil saber por qué en esta
representación de sí misma se retrata junto a un monstruo y la amenaza
de la muerte, en un ambiente desolador sin esperanza.

Con la llegada de los 15 años, entró en la más prestigiosa institución educativa de México, que recientemente había comenzado a admitir estudiantes de sexo femenino. Solamente eran 35 alumnas entre los dos mil alumnos, pero las ansias de aprender de Frida la hicieron inmune al ambiente machista: ella quería estudiar medicina. En esta época conoció a grandes intelectuales y artistas del país. Se juntó con chicos rebeldes y críticos con la autoridad, que se movilizaban ante las injusticias en las que estaba sumido el país. Allí conoció al que sería su novio: Alejandro Gómez Arias. En esta etapa Frida ya pintaba, pero quemó la mayoría de sus obras.

Y aquí llega, en forma de terrible accidente, la segunda maldición de Frida Kahlo. Según Wikipedia…

“El 17 de septiembre de 1925 sufrió un grave accidente cuando el bus en que ella viajaba fue arrollado por un tranvía, quedando aplastado contra un muro y completamente destruido. Regresaba de la escuela a casa, junto a Alejandro Gómez Arias, su novio de entonces. Su columna vertebral quedó fracturada en tres partes, sufriendo además fracturas en dos costillas, en la clavícula y tres en el hueso púbico. Su pierna derecha se fracturó en once partes, su pie derecho se dislocó, su hombro izquierdo se descoyuntó y un pasamanos la atravesó desde la cadera izquierda hasta salir por la vagina. Al respecto, Frida comentaba que habría sido esta la forma brutal en la que había perdido su virginidad. “

No estaba seguro que pudiera sobrevivir. Durante un larguísimo periodo, Frida volvió a ponerse en contacto con la medicina, pero de la peor forma posible. Las soluciones de la época eran terribles, dolorosas, angustiantes. Por lo menos 32 operaciones, mecanismos de “estiramiento”, corsés… Estando al borde de la muerte y la parálisis permanente, se refugió en la pintura. Empezó a hacer autorretratos, reflejando en ellos los sucesos que vivía y los sentimientos que la atormentaban.

Imagen“La columna rota”
Vemos el interior de Frida abierto, erguido. Su figura está
sujetada por un corsé, y en lugar de su columna vertebral
vemos una columna jónica rota en gran cantidad de pedazos.
Las heridas y las grietas se reflejan en el paisaje yermo del
fondo, que transmite dolor y soledad a partes iguales. En su
rostro rígido y serio aparecen lágrimas pintadas, y su cuerpo
entero está siendo perforado por clavos y agujas. 

Pero si algo hay comparable a el enorme sufrimiento de nuestra artista, éso fueron sus gigantescas ansias por vivir. En el tiempo que volvió a estar postrada en cama e inmovilizada, volvió al dibujo y la pintura «para combatir el dolor y el aburrimiento», según decía ella. Sus padres hicieron construir un caballete especial que se apoyaba en la cama y aguantaba los lienzos en los que pintaba. También hicieron instalar un espejo bajo el dosel de su cama, el cual permitió a Frida el verse y convertirse en la propia modelo para sus cuadros. Cuando fue capaz de recuperar parte de su movilidad, volvió a moverse por círculos intelectuales donde luchar por sus preferencias políticas (el comunismo) y conoció a grandes amigos… y también a Diego Rivera, que la animó a seguir con su carrera artística aunque ella no tenía la intención de dedicarse a eso, y con el que -una vez más, por suerte o por desgracia- acabó casándose profundamente enamorada.

ImagenDiego Rivera y Frida Kahlo se casaron en 1929.
Al matrimonio lo llegaron a llamar “la unión entre un elefante y
una paloma”, pues Diego era enorme y obeso mientras que
ella era pequeña y delgada.

El matrimonio no fue, ni mucho menos, donde Frida logró la felicidad. Ciertamente, ha sido una de las historias de amor más extravagantes de la historia. Ella tenía 22 años y él 42. La madre de Frida no estaba nada contenta, claro; dijo que Diego era demasiado viejo, demasiado gordo y, todavía peor, un comunista y un ateo. Aunque los dos se complementaban en muchos aspectos (pues ambos tenían un enorme interés en el Arte, y en la forma de contemplar la vida), surgieron grandes problemas y brechas entre ambos: el carácter infiel de Diego Rivera influyó de manera decisiva tanto en su vida personal como en la creación de su obra.

En 1930, un año después de la boda, ella quedó embarazada por primera vez. Desgraciadamente tuvo que abortar, porque el feto estaba en una posición incorrecta y presentaba anomalías… a Frida le llegó entonces la noticia: como consecuencia del horrible accidente,  la pelvis de Frida estaba fracturada en 3 sitios y los médicos le dijeron que seguramente jamás podría tener hijos. Ese mismo año dejaron México y se mudaron a EEUU. En 1932 volvió a quedarse encinta, y al consultarlo con su amigo y cirujano Leo Eloesser (estadounidense), éste la animó a seguir adelante con el embarazo en lugar de abortar. Esta noticia la emocionó sobremanera, pues era su gran ilusión a pesar de los graves problemas que ella debería soportar, aunque explicó que Diego no estaba de acuerdo pues no quería niños. El 4 de Julio, Frida sufrió un aborto espontáneo y perdió el bebe que tanto deseaba. Fue una experiencia muy traumática para ella y pasó los siguientes 13 días en el hospital.

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“La cama volando” o “Henry Ford Hospital”
Sobre el vientre aún hinchado sobre el embarazo sujeta tres filamentos rojos que
podrían ser sus venas, en una cama demasiado grande para ella, reflejando la
soledad, tristeza y el desamparo que debía sentir. Estos hilos enlazan 6 cosas:

1.Niño en posición embrionaria: el niño perdido
2.Caracol: la lentitud del propio aborto, según dijo Frida.
También encontramos un caracol en otros cuadros como
símbolo de la vida o el sexo
3. Maqueta de su pelvis y parte de la columna: la causa del aborto
4. Máquina: paralelismo del cierre del depósito de gas con el problema
de Frida para retener al niño en su interior. Es “defectuoso”.
5. Orquídea violeta: se la trajo Diego al hospital, y es símbolo de
sentimiento y sexualidad. Aparece mustia, triste.
6. Pelvis

Después de vivir en Estados Unidos durante casi 3 años, Frida añoraba México (su familia, sus amigos y sus recuerdos quedaban muy lejos y ella se sentía inmensamente sola) y quería volver a su país, pero Diego se negaba. Este desacuerdo causó serios problemas entre la pareja. A finales de 1933, Rivera fue despedido por pintar la cara de Lenin en uno de los trabajadores dibujados en su mural. ¡Toma ya! ¡En EEUU y en aquella época! A pesar de su entusiasmo por Estados Unidos, Diego cedió a los deseos de Frida y en Diciembre de 1933 la pareja volvió a México. Ella estaba ilusionada con pintar de nuevo, pues los últimos años apenas había desarrollado su arte, pero de nuevo el destino le puso la zancadilla y volvieron los problemas de salud. En 1934 Frida tuvo que abortar de nuevo, y el mismo año sufrió la primera operación en el pie derecho y tuvieron que amputarle cuatro dedos de los pies que tenían gangrena. Frida20Kahlo1

Fueron años muy MUY difíciles: además de los problemas de salud, su matrimonio se hundía en la miseria. Él ya había tenido otras aventuras amorosas fuera de la relación, pero el gran mazazo fue descubrir que Diego estaba manteniendo una aventura con la hermana menor de Frida, Cristina, con la que más unida estaba. Eso fue más de lo que pudo soportar, y abandonó a su marido para buscar el divorcio. Al mismo tiempo, conoció al escultor Isamu Noguchi, con el que mantuvo una relación. Se marchó de viaje con sus amigas a Nueva York. Solamente volvió a la ciudad donde tenía su casa cuando Diego y su hermana rompieron, pero él no dejó de buscar otras mujeres que le calentaran la cama, y Frida -pues claro que sí, mujer- empezó a tener también otras aventuras amorosas ¡no solo con hombres, sino también con mujeres! Olé por ti.

A grandes rasgos, Frida empezó a triunfar después de esta época. Vivió en París, donde su obra era muy admirada, pero le disgustaron los franceses (pintores y ciudadanos). Europa no le parecía muy agradable, volvió a América. Aunque había intentado arreglar las cosas con su ex-marido pues seguía enamorada, él insistía en el divorcio. Frida Kahlo se dio a la bebida para ahogar sus penas, pero como ella expresó, “mis penas saben nadar”. Finalmente, Diego le pidió a Frida que se casara de nuevo con él. Ella aceptó inmediatamente pero sólo bajo ciertas condiciones: 1) Ella se mantendría financieramente independiente con la venta de sus cuadros 2) Ella pagaría la mitad de los gastos de la casa y 3) no mantendrían relaciones sexuales. Diego la echaba a faltar terriblemente y aceptó voluntariamente los términos. La relación con su marido ya era “platónica” y no tenían contacto sexual… ella solamente los quería con mujeres. Tenía como costumbre escribir un diario, por lo que conocemos muchos detalles de su vida.

Tiempo después le amputaron la pierna, y ella cayó en una profunda depresión.  Su estado de ánimo cambiaba desde la euforia hasta los más negros pensamientos de suicidio.

Frida Kahlo falleció siete días después de su 47 cumpleaños. La causa del fallecimiento fue embolia pulmonaria, aunque los pensamientos suicidas expresados en su diario hicieron pensar a algunas personas que quizás se suicidó. Ella murió antes que Diego Rivera, contra todo pronóstico, que la sobrevivió tres años más.

GALERÍA DE IMÁGENES

A Frida no le importaba la crítica, ni los movimientos artísticos. Con sus pinturas solamente deseaba expresarse, plasmar sus sentimientos, por lo que sus obras son profundamente originales. Cuando a la artista le preguntaban porqué pintaba tantos autorretratos, ella contestaba: “porque estoy sola tan a menudo, porque soy la persona que conozco mejor“.

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