Archivos Mensuales: abril 2014

Matrimonio a la Moda (I): del dinero y otros demonios

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Hoy vamos a hablar sobre una serie de cuadros pintados entre 1743 y 1745 por William Hogarth. Este artista es interesante pues fue el precursor del cómic en Europa, ya que a través de distintos cuadros representaba una historia con introducción, nudo y desenlace. Además, se hizo muy famoso por su carácter satírico y crítico, exponiendo al público de forma burlesca la ostentosa forma de vida de la aristocracia y el esnobismo de la burguesía más acomodada. Mediante sus cuadros, Hogarth denuncia la hipocresía de estas clases sociales y cómo afectaban a la sociedad de su tiempo.

La serie MATRIMONIO A LA MODA está compuesta por 6 cuadros diferentes y analiza los males que traen los matrimonios de conveniencia llevados a cabo por dinero, sin amor entre los esposos. Los seis cuadros, en orden, tienen como título: El Contrato, Poco después de la boda, La visita al médico... ¡Ah, no! ¡Que si los nombro os hago spoiler!  Pues entonces, sin más dilación, ¡vamos allá!

1. El contrato

Primer cuadro de la serie 'Matrimonio a la moda' de William Hogarth

Mirando a simple vista el cuadro no nos parece gran cosa: una casa antigua y abigarrada, gente reunida, todos parecen ricos… ¿Qué podemos ver en esta escena? Bueno, pues este cuadro nos presenta una típica escena de la época: un acuerdo matrimonial entre aristocracia y burguesía, en el que los sentimientos de los jóvenes no tenían ningún valor comparados con las monedas que circulaban en ése particular mercado. Todos van de punta en blanco, muy dignos y serios. Pero empecemos a leer el cuadro a través de los personajes:
1.racaneando

Empezando por la derecha, podemos ver a los padres de los novios regateando y racaneando con la dote. Y es que este acuerdo matrimonial no va a ser moco de pavo: el conde (repantigado muy orgulloso en su sillón, señalándose a sí mismo en el pecho como si estuviera soltando una perorata sobre sí mismo), de familia noble y orgullosa, está intentando sacar tanta pasta como pueda por ensuciar su linaje con gente de poca monta. Señala su árbol genealógico, desplegado para corroborar la nobleza y antigüedad de su sangre, mientras apoya un pie enfermo en un taburete. Fijaos también en las muletas, apoyadas contra su sillón, pues nos dan pistas sobre qué lo aflige ¿Que de qué padece este hombre? De gota, enfermedad asociada a la vida de excesos y pocos esfuerzos que llevan las familias de bien. Unirse con una familia de baja estirpe era algo bochornoso para la nobleza, pero quedarse sin un duro del que presumir lo era todavía más. Va vestido con ropa lujosa pero raída, como sacada de otra época, pasada de moda.

También vemos al padre de ella: con gafas y una llamativa casaca roja. Está examinando atentamente las condiciones del contrato, haciendo gala de su experiencia en el regateo y olfato para los negocios. De este modo, la familia tendrá renombre y será también reconocida como aristócrata, a cambio de comprar su entrada al mundo elitista a través de la dote. Uno de los letrados ordena el resto de papeles mientras el otro mira por la ventana cómo avanza la construcción del palacio de la futura pareja… lo que nos lleva a hablar de ellos.

1.pareja

Los novios se encuentran a la izquierda de la imagen y acaban de conocerse… pero no muestran ningún interés el uno por el otro. El hijo del conde se mira a sí mismo en el espejo, con una actitud narcisista muy propia de la nobleza, que se pasaba el día dándose aires y creyéndose superior al resto del mundo. A su vez, la hija del mercader está jugueteando con su anillo de bodas y un pañuelo, con rostro claramente afligido y gesto ausente, pues lo que ella deseara no tenía la más mínima importancia por ser mujer. Mientras, otro de los letrados (al que llamaremos Lengua de Plata), intenta seducirla sin mucho éxito en las narices del futuro marido.

Hay otro detalle en el que tenemos que fijarnos: dos perros, que simbolizan la fidelidad y el matrimonio, encadenados el uno al otro contra su voluntad. No interactúan, ni siquiera se miran… es una clara referencia a la relación entre los dos novios.

 

 

2. Poco después de la boda

about 1743

En este cuadro, Hogarth nos muestra al matrimonio después de la boda. Toda la casa está desordenada, como si hubieran dado una fiesta y nadie se hubiera preocupado por llevar las cosas de vuelta a su sitio. Los dos esposos se sientan lejos el uno del otro. La luz que inunda la casa es casi de mediodía. Ella se despereza como si acabara de despertarse, y él se derrumba exhausto en el sillón como quien llega a casa tras una noche de juerga. El mayordomo lleva un libro de cuentas y un enorme fajo de facturas sin pagar, dirige la mirada al cielo y hace un gesto despectivo con la mano, exasperado por la actitud de los jóvenes.

Pero lo que más llama la atención al ojo experto son los detalles:

2.perrito olfatea pañuelo de mujer pistas tu marido te engaña

Recordaréis que el perro es símbolo de fidelidad en el matrimonio. Pues el perrito de la chica se acerca al esposo y olisquea algo oculto en su gabardina… que no es ni más ni menos que un pañuelo de mujer. Obviamente, él está poniéndole los cuernos a su mujer, y nos hace pensar que la juerga de anoche la pasó en un burdel, o quizá con una amante.

Por el suelo hay tirados unos naipes, que nos dan a entender que el tiempo que él ha pasado con otras mujeres, ella lo ha pasado jugando a las cartas con otras personas. La partida se debe haber alargado muchísimo y haber acabado de madrugada, de ahí que ella esté tan agotada.

El mensaje aparece reforzado sobre la chimenea a través del cuadro y las figuras: la pintura representa a un Cupido entre ruinas, que simboliza la pérdida del amor. Y bajo él, una estatua con la nariz rota, símbolo de impotencia y desdicha.

3. La visita al médico

about 1743

La distancia entre la pareja de jóvenes ha aumentado tanto que ya no aparecen en el mismo cuadro, dando a entender que sus vidas se han desconectado totalmente. Este tercer cuadro muestra al marido, sonriente y despreocupado, ‘afrontando’ las consecuencias de su libertinaje. Y digo ‘afrontando’ porque no parece preocupado en lo más mínimo por la horrible situación: ha pasado la sífilis a una pre-adolescente, casi una niña, que ha caído ante sus falacias y encantos 3.premonicion de muerte, pedofiliay se encuentra ahora gravemente enferma. Vamos, que el noble encima de cabrón (con perdón) es un pedófilo y le gustan las niñas pequeñas. Por eso no estaba interesado en su esposa.

La madre de la pequeña, agraviada, sujeta una navaja y parece estar diciendo ‘yo a este me lo cargo‘. Otros dicen que la jovencita es una prostituta a la fuerza, que la mujer morena es la madame, y que tanto las manchas del cuello del noble como las de la mujer indican la prueba de enfermedades venéreas.

Por ello han acudido a un curandero patizambo, que tiene en su casa una galería de grotescos objetos: detrás de los protagonistas, en un armario, un esqueleto humano hace gestos sexuales a un cadáver preservado, lo que supone una especie de profecía. Por la sala podemos ver huesos, cocodrilos, máquinas amenazadoras con fines pseudo-médicos, seres humanos deformes… vamos, toda una crítica a los charlatanes que se hacían pasar por médicos.

El noble se queja medio en broma de la eficacia de las píldoras del doctor, y éste parece que se defiende. La niña, llorosa y avergonzada, se tapa la boca con un pañuelo mientras derrama lágrimas de sus ojos hinchados. Las cajitas que los protagonistas llevan en las manos contienen pastillas de mercurio, que era lo que los curanderos daban a aquellos afectados por enfermedades venéreas y, como podréis adivinar, mucho no mejoraban la salud de los pacientes.

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¿Cómo acabará la historia de este matrimonio? 
La entrada se está quedando muy larga, así que dejaré el análisis de los otros tres cuadros de la saga para la próxima entrada. Ya os advierto de que se pone interesante conforme nos vamos acercando al desenlace… ¿Qué pensáis que ocurrirá?
…TO BE CONTINUED…

 

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Caras de espanto: los bustos grotescos de Messerschmidt

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Dejamos de lado a los pintores famosos y vamos a hablar de escultura. No de escultura romana o las bellas tallas del mundo clásico, no. Hay otras más interesantes aunque remotamente menos conocidas. Y es que el artista de hoy es Franz Xaver Messerschmidt, al que cariñosamente llamaremos Franz para que no me de una embolia cada vez que me toque escribir su nombre. Viendo una escultura suya sin conocer su vida creemos estar ante una muestra de arte contemporáneo, pero nada más lejos de la realidad.

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 Franz nació en 1736, en Alemania, y es un ejemplo de a dónde puede llegar la locura y la creencia en lo sobrenatural en la Historia del Arte. Pero no sólo eso, sino que también ilustra a la perfección el talento y la imaginación. Aunque no es un creador especialmente popular ni conocido, fue un artista torturado y adelantado a su época.

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Con sus esculturas iniciales se ganó a la aristocracia. Esta es una de ellas, para que veáis las cosas tan bonitas que sabía hacer el joven Franz.

Hijo de una familia de artesanos, el joven Franz decidió hacer caso a sus tíos y salió de casa de sus padres para formarse en el Munich del siglo XVIII. Pronto alcanzó una gran fama por su perspicacia y su capacidad para la escultura, así que fue requerido por la Corte Imperial y la aristocracia para inmortalizar en piedra a los más poderosos de la sociedad. Y allí que se fue, a Viena, a ganar todavía más fama. Franz lo tenía todo: con una reputación ganada a velocidad de la luz, su éxito le permitía vivir del arte y se codeaba con la crème de la crème. Los poderosos lo protegían y lo mantenían, la gente se pegaba por sus obras. ¡Ay, Franz! ¡Hay quien nace con estrella!

Pero la felicidad no le duró mucho. Empezó a volverse hosco, huraño. Rehuía a la gente, montaba escenitas con los nobles, se encontraba nervioso y apurado con frecuencia… así que se volvió a la capital austriaca para ser profesor asistente en la escuela de Bellas Artes, dejando a la Corte con un buen palmo de narices. Pero de allí también lo echaron: y es que Franz Xaver Messerschmidt, el gran escultor del momento, la gran promesa de su época, se estaba volviendo loco. En una carta a la emperatriz María Teresa de Austria se puede leer que, aunque la universidad elogiaba la capacidad de Franz, se temían que éste podría tener “confusión en la cabeza” (olé por el diagnóstico). Y eso no era bueno para la imagen de una facultad.

Para agravar más la situación, se interesó por cuestiones ocultistas y empezó a frecuentar los círculos esotéricos de Viena. Franz comenzó a sufrir alucinaciones y paranoias cada vez más frecuentes y agresivas. Se encerró en una cabaña para trabajar día y noche, sin querer saber nada de nadie. Pero lo peor es que el escultor estaba aterrorizado por sus visiones, pues creía fervientemente que demonios y espíritus se colaban en su casa para atacarle durante la noche. Los pocos visitantes que tenía salían asombrados al escuchar los relatos de espectros. monstruos y diablos que le pellizcaban mientras dormía, que lo atormentaban cuando se despertaba, que se escondían por la casa para asustarlo durante el día.

Así, dicen, comenzó su irrefrenable obsesión, casi desesperada, por librarse de los demonios. Algunos estudiosos consideran que su colección de bustos grotescos fueron una idea para espantar a los espectros y echarlos de su casa, mientras que otros dicen que buscaba encontrar las 69 expresiones primitivas del ser humano. Aunque las talló en bronce, mármol y alabastro, hoy en día solamente se conservan 49 de estas figuras. Para crear estas esculturas se tomaba a sí mismo como modelo frente al espejo, se pellizcaba y gesticulaba para forzar su rostro a revelar esas proporciones olvidadas que daban forma al mundo, según él.

Sea como fuere, hoy en día se le relaciona con William Blake y Francisco de Goya, por su exploración del lado oscuro del alma humana.Y, aunque tuviera desórdenes mentales, sin duda fue un auténtico genio. Actualmente se ha reconocido a Messerschmidt como uno de los más grandes maestros de la escultura, compensando un poco lo injusto que fue el mundo del arte con él cuando todavía vivía.

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Gracias a Juan Alberto por haber inspirado este post con sus comentarios. Él me descubrió este escultor y fue quien me animó a escribir sobre él, así que el crédito es suyo 🙂