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Richard Dadd y la maldición de Osiris

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¿Qué cosa es la locura? Es la ilusión elevada a la segunda potencia” Decía Henry F. Amiel, el escritor suizo. Pues bien, hoy vamos a conocer a un artista de ésos que se ilusionaron demasiado: el pintor británico Richard Dadd (1817-1886).
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Este señor victoriano que paraliza con la mirada es prácticamente una celebridad en la pintura onírica, aunque no es muy conocido en España. Y es que en este nuestro país no triunfan demasiado los cuadros de haditas, duendes y elfos del bosque –a no ser que queramos ilustrar un powerpoint de frases motivadoras, en cuyo caso se presta-.  En fin, que es normal que destacase a pesar de no ser un prodigio, porque Richard Dadd estaba como una regadera.
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Nuestro loco pintor nació el 1 de agosto de 1817 en Chatham (Inglaterra), una villa del condado de Kent, en la respetada familia del boticario. Su padre, Robert Dadd, fue un distinguido químico famoso por haberse casado en dos ocasiones y haber engendrado nueve vástagos, cuatro de los cuales murieron como consecuencia de trastornos mentales de diversa índole. Todo muy terrible.
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De niño Richard Dadd empezó a mostrar talento para el dibujo, así que a los 20 años ingresó en la Royal Academy of Arts de Londres. Su carácter simpático, bondadoso y alegre le hizo destacar a ojos de sus tutores y compañeros, llegando a fundar un grupo de pintura prerrealista para investigar y plasmar temas fantásticos, sobre todo obras de Shakespeare. De esta etapa destacan sus obras “Puck” y “Titania durmiendo”.
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Titania durmiendo: Richard Dadd representa un instante de Sueño de una noche de Verano (Shakespeare), donde Titania se duerme arrullada por las nanas de las hadas. Oberon, cuya figura está casi oculta entre las sombras de la cueva, prepara una poción mágica.

Pero quizá su cuadro más representativo de estos años de Academia fuera “Viene a estas arenas amarillas“, donde una espectral cabalgata de hadas baila en una playa a la luz de la luna:

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Venid a estas arenas amarillas y tomaos las manos; después de los saludos y los besos a las salvajes ondas, danzad alegremente aquí y allá. Dulces genios, llevad el estribillo, escuchad, escuchad.(Shakespeare, “La tempestad”)

Hasta aquí todo era magnífico, incluso a pesar de que a Richard se le había subido un poquito el éxito a la cabeza y había empezado a obsesionarse con correr aventuras como las de los protagonistas de sus cuadros.

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Y en este punto empieza la historia. cuando el artista cumplió los 25 años, Sir Thomas Phillips (un ricachón de la zona), decidió hacer el gran viaje de su vida: el Grand Tour por Europa y Oriente Medio que estaba tan de moda. Sabiendo de las ansias de aventura del pintor y viendo la oportunidad de añadir nuevas obras a su colección de pintura, decidió llevárselo como dibujante para que le inmortalizase en lienzo los sitios que iban visitando, para fardar después ante sus colegas. Richard Dadd se apasionó con la idea, obviamente aceptó y salieron de Londres llenos de ilusión. Todo fue bien al principio. Atravesaron Grecia, Turquía, Palestina y Jerusalén, pero a Sir Thomas Pillips le apetecía continuar su viaje por el Nilo y descubrir los misterios de Egipto. ¡Y vaya si los descubrieron!

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Cierto día en El Cairo, el pintor y su mecenas se unieron a un grupo de hombres que j8EHdQc7kEpfMxkrvfMSTPkiestaban fumando opio en las famosas narguile o pipas de agua. Y se lió la cosa.

– ¡Vamos a probar, Richard! – seguro que dijo el aristócrata- ¡Vamos a probar y nos echamos unas risas!

El caso es que Richard Dadd, mientras fumaba, empezó a oír voces. Como al principio no entendía muy bien el lenguaje que oía se agarró a la pipa para fumar ininterrumpidamente durante 5 días con sus noches, a ver si entendía algo más. El asunto es que tanto opio acabó por ocasionarle trastornos en el cerebro. Resultado: empezó a charlar con el dios Osiris y a ponerse violento.  El dios egipcio, que según el mito murió desmembrado, le había hecho un encargo desde el más allá, a través del lenguaje de la pipa. Dadd tenía ahora una misión que cumplir.

En un principio pensaron que le había dado una insolación, que ya se le pasaría la tontería y se reirían de aquello. Continuaron el viaje pero el muchacho seguía erre que erre, que el dios Osiris hablaba en su oído porque le había elegido como emisario y que debía realizar una tarea sagrada. Total, que visto lo visto su jefe decidió volverse para Europa cagando leches. Eso sí, pasando antes por Italia y el Vaticano, y de paso Richard le retrataba La Santa Sede antes de ir a casa. Y si había suerte veían hasta al Papa.

.¡Pues suerte hubo! El Papa estaba en una de sus apariciones públicas cuando finalmente, en 1843, visitaron la Santa Sede. Pues a Dadd le dio el ataquito y empezó a farfullar que tenía que matar al Papa Leo XIII porque era un emisario de Seth (dios egipcio del Mal y las Tinieblas). Su compañero de viaje se cagó en los calzones, lo despidió y lo envió de regreso a Inglaterra.

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Cuando llegó a Reino Unido lo examinaron los médicos, que aconsejaron a su padre internarlo una temporadita en el manicomio, pero él se negó y se lo llevó a vivir al campo para que respirase aire fresco. Ya se sabe que los encantos de lo bucólico servían para sanar el alma, como se decía en la época. Pero no debió surtir mucho efecto porque ese mismo año Richard le pidió a su padre que le acompañase de excursión a Cobham, para poder hablar sobre sus problemas y desahogarse.

artista loco richard dadd hombre joven - 1853 - 50 x 60 cm.
Retrato de un hombre joven, 1853 (Richard Dadd)

.Después de cenar juntos en la posada, fueron a dar un paseo por el parque y aprovechando que estaba oscuro y no había nadie cerca, Richard saco un machete y lo asesinó. Después procedió a desmembrar su cuerpo -como en la mitología egipcia había hecho Seth-. Aparentemente, Osiris había vuelto a comunicarse con él y le había dicho que su padre era en realidad el diablo. También debió recomendarle que huyese inmediatamente a Francia para que no lo arrestara la policía, y allí que se fue.

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En el viaje de Calais a París, Richard volvió a oír a Osiris e intentó degollar a un pobre pasajero que iba con él y que -según decía la voz- era otro de los enemigos del dios. Por suerte, el hombre pudo zafarse y Dadd acabó arrestado por la policía francesa. Entre sus pertenencias encontraron una larga lista de personas que Richard debía asesinar para calmar a Osiris, entre las que se encontraban personalidades como el Papa (de nuevo) o el Emperador de Austria. Su propio padre aparecía encabezando la lista.

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Enseguida fue internado de por vida en el State Criminal Lunatic Asylum, donde dio por terminada su misión con el dios egipcio -que no su relación-, y se dedicó completamente a su oficio de pintor bajo la atenta supervisión del personal médico del sanatorio. Tenía 27 años. Allí comienza la ejecución de “El golpe maestro del leñador-duende”, una pintura relativamente pequeña (54 x 39 cms.) en la que estuvo trabajando durante nueve años sin interrupción.

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El golpe maestro del duende leñador (1855-1864): obra maestra de Richard Dadd que inspiró a Freddie Mercury la canción homónima de Queen. El leñador aparece rodeado de una comitiva abigarrada de personajes fantásticos, y alza su hacha para golpear… nada.
La obra es hoy una de las piezas maestras de la colección de la Tate Gallery (si vais a Londres, no dejéis de verla). Vemos el claro de un bosque, de floración desbordante y alucinada. Desperdigada por toda la superficie, vemos a una multitud de “gente pequeña”: duendes, hadas, trasgos de expresión burlona o lasciva. Todos observan expectantes hacia el centro de la escena. El tiempo parece detenido en un instante. En el centro, un leñador-duende, de espaldas a nosotros, sostiene su hacha a punto de dar el golpe. La tensión es absoluta pues es el segundo antes de la descarga y todos los personajes están pendientes de él. Sin embargo delante del leñador, en el sitio que será alcanzado por el golpe, hay… absolutamente nada. Si os apetece buscar sentido a este maremagnum de personajes mágicos, Richard Dadd dejó un poema explicando el cuadro. Podéis encontrarlo aquí.
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Richard Dadd continuó pintando hasta que murió en aquel manicomio. Al parecer se inspiraba en sus cuadernos de bocetos, que conservaba del Grand Tour y en su fuerte memoria visual para pintar paisajes, escenas de pesca, postales y escenas fantásticas.
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Otro de los famosos artistas afectados por desequilibrios mentales es Louis Wain, el pintor de los gatos, al que dediqué una entrada aquí. También el escultor Messerschmidt, que creía que monstruos y diablos montaban fiestas en su casa mientras él dormía. ¡Nos leemos en el siguiente post!
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Fuentes: 1, 2, 3,
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Margaret Keane, el nombre tras el hombre

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Cartel película Tim Burton, big eyesHace varios días vi una de las últimas películas de Tim Burton (que, dicho sea de paso, se ha convertido en una sombra descafeinada del genio que fue). El filme era “Big Eyes“, drama basado en la agitada vida real de  Margaret Keane (interpretada por Amy Adams), y su relación tanto con su ‘adorable’ marido Walter (Christoph Waltz) como con el arte.

Tim Burton conoció la historia real de Margaret y Walter Keane al rededor de 1995, aunque desde su niñez ya había estado rodeado de reproducciones de sus cuadros en casa. Tim Burton sintió fascinación por Margaret cuando se encontró con ella: reservada y muy callada, una de las personas más tímidas que había visto en toda su vida. Ciudadanos de todo el mundo tenían sus obras en el dormitorio, en los salones o pasillos… sus obras se convirtieron en un símbolo cultural de aquellos años a escala planetaria. Sólo que nadie conocía la historia auténtica.

Como todo el mundo, Burton pensó toda su vida que Walter Keane era el verdadero autor, el artista, el visionario kitsch. Sin embargo, aquel matrimonio escondía un perturbador secreto. Como sabemos, cuando una mujer se casa, adopta en muchos países el apellido de su marido (como si fuera una pertenencia más)… y a éste le es muy sencillo apropiarse de los logros de su esposa. ¿Para eso es “de su propiedad“, verdad?

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La pintora de los Ojos Grandes

Aunque personalmente no considero el estilo de Keane digno de ser llamado “ARTE” con mayúsculas, por sus rudimentarios trazos y sus muchos defectos que no criticaré, no seré yo quien le reste ningún mérito a lo que logró esta mujer en la retrógrada California de los años 60. Cualquier obra de Margaret Keane es absolutamente reconocible: los ojos grandes y tristes de cada niño que dibujaba la delatan a ella y a su estilo. Y es que pintaba a los niños como si fueran salidos de una perturbadora película de terror a todo color y para todos los públicos. A la vez que nos transmite la inocencia de los pequeños, también nos asustan un poco las mirada. Una mirada que ha creado escuela.margaret-keane-walter-matrimonio

Margaret Keane dibujaba desde niña, pero nunca cultivó su estilo ni acudió a ninguna academia. De pequeña era conocida en la iglesia local por sus bocetos de ángeles con grandes ojos. De su primer matrimonio tuvo a su hija Jane, con la que huyó años después para empezar una nueva vida. Y sí, la encontró.

En 1955 se casó con Walter Keane, que en cuanto la conoció decidió que el talento de la inocente, desesperada y tímida chica podría hacerle ganar dinero. Walter dejó su trabajo en una inmobiliaria para dedicarse a vender las pinturas de Margaret. Sin embargo, previendo la fortuna que podía ganar, Walter se autoproclamó públicamente autor de los cuadros que pintaba su mujer y los vendía como suyos… a pesar de que él no sabía ni coger el maldito pincel. “Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío“, le decía. Con su labia y su olfato comercial, consiguió venderlos de forma masiva en grandes almacenes, libros de cómic y revistas. Los cuadros se convirtieron en las obras de arte más populares de la época. Y es que Walter era “un genio del marketing y la promoción“, tal , pero cruel, enloquecido y despótico como ninguno. Una mala persona. Preocupada por lo que podría pasarle a ella y a su hija si abandonaban a su esposo, Margaret decidió participar en el embuste.

La timidez patológica de Margaret hizo que durante 12 años el público creyera que los cuadros los pintaba su marido. Su nombre era totalmente anónimo, y su marido la tenía encerrada bajo amenazas de muerte para que no saliera de su estudio ni nadie sospechara que era su esposa quien pintaba. Aquél hombre la alejó a su hija, le prohibió ver a sus amigas… Margaret estaba cada vez más sola y la moral de la época le decía que así debía permanecer.

Mientras Walter se daba al alcohol y a las mujeres, Margaret pasaba hasta 16 horas al día encerrada en su estudio pintando. Durante algo más de una década se convirtió, literalmente, en prisionera de su éxito.

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Dejar de ser invisible

Tras diez años de matrimonio, en 1965 la pareja se divorció. Cuando decidió enfrentar la situación en la que se hallaba sumergida, reunió el valor para decir a Walter que quería el divorcio. En la película vemos una tensa escena en la que Walter Keane tiene un ataque de ira, e intenta quemar el estudio de la pintora con ella y su hija refugiadas dentro. Afortunadamente lograron huir y se refugiaron en Hawái. Tras diez años de matrimonio, en 1965 la pareja se divorció.

En 1970, cuando sus cuadros ya habían pasado de moda, decidió que no iba a mentir más cuando le preguntaran sobre su autoría y le contó toda la verdad a un periodista de la agencia UPI. Se hizo testigo de Jehová, pues el único refugio que le quedaba era la religión… además de la pintura.

Su exmarido contratacó asegurando que su esposa era una mujer infiel y una mentirosa compulsiva. Ella lo retó a que ambos pintaran en público uno de los cuadros para demostrar quién era realmente el autor, pero él se negó. ¡Obvio! Si no sabía ni distinguir el color azul del rojo. Walter Keane huyó a Europa mientras amainaba la tormenta. Pero todavía se atrevió a asegurar desde el otro lado del Atlántico que su esposa se había atribuido la autoría de las pinturas porque pensaba que él había fallecido. Fue la gota que colmó el vaso y enfureció a Margaret.

Margaret demandó a Walter por difamación y, tras un juicio que duró varias semanas, el juez les pidió a ambos que hicieran en la sala uno de los retratos. Ella pintó a un niño de enormes ojos tristes en apenas 53 minutos. Él se negó a hacerlo alegando que le dolía un hombro.

El juez acabó concediendo a Margaret una indemnización de 4 millones de dólares, que Walter nunca llegó a pagar ya que había dilapidado en bebida, prostitutas y artículos de lujo toda la fortuna que había amasado con los cuadros de su ex-esposa.

“Por supuesto, jamás vi ni un céntimo, pero yo no aspiraba a eso. Tan solo quería que el mundo supiera que esos eran mis cuadros” – Margaret Keane

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¿El legado de cuántas mujeres en toda la historia habrá sido expoliado como el de Margaret Keane? ¿Cuántas veces tras un nombre masculino se esconde el trabajo de una mujer? Me temo que eso no podremos saberlo nunca.

Caras de espanto: los bustos grotescos de Messerschmidt

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Dejamos de lado a los pintores famosos y vamos a hablar de escultura. No de escultura romana o las bellas tallas del mundo clásico, no. Hay otras más interesantes aunque remotamente menos conocidas. Y es que el artista de hoy es Franz Xaver Messerschmidt, al que cariñosamente llamaremos Franz para que no me de una embolia cada vez que me toque escribir su nombre. Viendo una escultura suya sin conocer su vida creemos estar ante una muestra de arte contemporáneo, pero nada más lejos de la realidad.

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 Franz nació en 1736, en Alemania, y es un ejemplo de a dónde puede llegar la locura y la creencia en lo sobrenatural en la Historia del Arte. Pero no sólo eso, sino que también ilustra a la perfección el talento y la imaginación. Aunque no es un creador especialmente popular ni conocido, fue un artista torturado y adelantado a su época.

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Con sus esculturas iniciales se ganó a la aristocracia. Esta es una de ellas, para que veáis las cosas tan bonitas que sabía hacer el joven Franz.

Hijo de una familia de artesanos, el joven Franz decidió hacer caso a sus tíos y salió de casa de sus padres para formarse en el Munich del siglo XVIII. Pronto alcanzó una gran fama por su perspicacia y su capacidad para la escultura, así que fue requerido por la Corte Imperial y la aristocracia para inmortalizar en piedra a los más poderosos de la sociedad. Y allí que se fue, a Viena, a ganar todavía más fama. Franz lo tenía todo: con una reputación ganada a velocidad de la luz, su éxito le permitía vivir del arte y se codeaba con la crème de la crème. Los poderosos lo protegían y lo mantenían, la gente se pegaba por sus obras. ¡Ay, Franz! ¡Hay quien nace con estrella!

Pero la felicidad no le duró mucho. Empezó a volverse hosco, huraño. Rehuía a la gente, montaba escenitas con los nobles, se encontraba nervioso y apurado con frecuencia… así que se volvió a la capital austriaca para ser profesor asistente en la escuela de Bellas Artes, dejando a la Corte con un buen palmo de narices. Pero de allí también lo echaron: y es que Franz Xaver Messerschmidt, el gran escultor del momento, la gran promesa de su época, se estaba volviendo loco. En una carta a la emperatriz María Teresa de Austria se puede leer que, aunque la universidad elogiaba la capacidad de Franz, se temían que éste podría tener “confusión en la cabeza” (olé por el diagnóstico). Y eso no era bueno para la imagen de una facultad.

Para agravar más la situación, se interesó por cuestiones ocultistas y empezó a frecuentar los círculos esotéricos de Viena. Franz comenzó a sufrir alucinaciones y paranoias cada vez más frecuentes y agresivas. Se encerró en una cabaña para trabajar día y noche, sin querer saber nada de nadie. Pero lo peor es que el escultor estaba aterrorizado por sus visiones, pues creía fervientemente que demonios y espíritus se colaban en su casa para atacarle durante la noche. Los pocos visitantes que tenía salían asombrados al escuchar los relatos de espectros. monstruos y diablos que le pellizcaban mientras dormía, que lo atormentaban cuando se despertaba, que se escondían por la casa para asustarlo durante el día.

Así, dicen, comenzó su irrefrenable obsesión, casi desesperada, por librarse de los demonios. Algunos estudiosos consideran que su colección de bustos grotescos fueron una idea para espantar a los espectros y echarlos de su casa, mientras que otros dicen que buscaba encontrar las 69 expresiones primitivas del ser humano. Aunque las talló en bronce, mármol y alabastro, hoy en día solamente se conservan 49 de estas figuras. Para crear estas esculturas se tomaba a sí mismo como modelo frente al espejo, se pellizcaba y gesticulaba para forzar su rostro a revelar esas proporciones olvidadas que daban forma al mundo, según él.

Sea como fuere, hoy en día se le relaciona con William Blake y Francisco de Goya, por su exploración del lado oscuro del alma humana.Y, aunque tuviera desórdenes mentales, sin duda fue un auténtico genio. Actualmente se ha reconocido a Messerschmidt como uno de los más grandes maestros de la escultura, compensando un poco lo injusto que fue el mundo del arte con él cuando todavía vivía.

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Gracias a Juan Alberto por haber inspirado este post con sus comentarios. Él me descubrió este escultor y fue quien me animó a escribir sobre él, así que el crédito es suyo 🙂

Una partitura en el culo: La canción secreta del jardín de las delicias

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Hieronymus Bosch, El Bosco, se ha convertido con el paso de los siglos en uno de los pintores más enigmáticos de la Historia del Arte. La fantasía que desbordan sus inquietantes lienzos, unida a un cierto ‘horror vacui‘ que le lleva a representar auténticas legiones de seres monstruosos, fantásticos, objetos maravillosos y personajes de época, le ha llevado a ser vinculado con la alquimia, la astrología o incluso con sectas de la época… aunque sin demasiado fundamento, todo hay que decirlo. Aún así, sí que es verdad que parece que El Bosco alucinaba un poco cuando se ponía a pintar, o por lo menos se flipaba mogollón.

Sus obras despiertan fácilmente la fascinación en nuestra imaginación, y prueba de ello es el alboroto que se ha creado no sólo en Internet, sino en los medios de comunicación tradicionales, con el curioso hallazgo relacionado con una de las pinturas más célebres y misteriosas de ‘El Bosco’: El jardín de las Delicias.

El jardín de las Delicias HD - Las mil historias del arte - Beatriz Vera Vinuesa

El Bosco era un beato, esto es así. En sus obras siempre está presente el dolor y la muerte, que eran un must en la Edad Media y suponen la condenación eterna a causa del pecado. Y esta filosofía nos dice que salvar el alma sólo es posible a través del sufrimiento, que los mortales tienen que aguantar sí o sí calladitos y sin armar mucho escándalo. Como la mayoría somos unas pecadores sin remedio, pues nos vamos derechitos al infierno a que nos castiguen, que era lo que a El Bosco más le gustaba pintar. Y para El Bosco el pecado más mortal de todos era la lujuria, así que con él se explayaba y hacía unos cuadros que bien podían ser el Playboy de la época. Yo ya no sé si era un beato o era más bien  un listillo.

‘El jardín de las delicias’ es un tríptico, y se divide en 3 paneles diferentes. El primero muestra el paraíso, el segundo el desato de la lujuria, y el tercero la consecuencia de tal pecado. A través de ellos nos muestra de manera alegórica que los placeres de la vida son efímeros, y que las consecuencias que se derivan son el sufrimiento, la desgracia y la imposibilidad de ser feliz.

1. El paraíso terrenal

Delicias 02 (Parte izquierda del tr+¡ptico de El Bosco. Museo del Prado. Madrid)

En la tabla izquierda podemos ver la Creación de Adán y Eva, que están conversando tranquilamente en el Paraíso Terrenal con Dios muy jovencito. Dios parece prevenirles de la presencia de un pozo profundo y oscuro del que surgen pequeños monstruos que representan los vicios que podrían llevar a nuestros tortolitos al pecado y a la condenación. Cerca de ellos hay un árbol típico de las Islas Canarias (España), el drago, cuyo significado no está muy claro pero que, según los investigadores, podría representar el Árbol de la Vida.
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En el centro del paisaje podemos ver un bonito estanque, al que acuden a beber todo tipo de animales: podemos ver un unicornio, garzas, lagartos de tres cabezas, una especie de perro-canguro horroroso, una jirafa, y una tortuga de plástico (en la galería de abajo lo veréis), entre otros muchos bichos que viven felizmente en el cuadro. Y en el centro del apacible lago se alza una isla de piedras preciosas, donde encontramos una gran fuente de fantasía de la que brotan los cuatro ríos que recorren el Paraíso de la Biblia. Por un agujero nos mira un búho, que representa la hechicería, la sabiduría y la magia. Esta es la Fuente de la Vida, que se encuentra inaccesible y representa la tentación y la falsedad, presentes incluso en el Paraíso
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Un poco más a la derecha, sobre unas rocas, vemos el Árbol de la ciencia del Bien y del Mal, con la serpiente enrollada en el tronco. No es un manzano sino una palmera con piñas. El Bosco era muy así, modernillo y de inventarse cosas. Y además, si nos fijamos en la piedra sobre la que descansa, vemos que tiene forma de rostro. Es como si los matorrales le hicieran la nariz ganchuda y una boca triste, como advirtiendo de que es mejor no acercarse.
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Al fondo del cuadro vemos montañas azuladas de extrañas formas y cubiertas de vegetación, y entre ellas vuelan muchas bandadas de diferentes pájaros hacia el cielo del mediodía. De las montañas parecen surgir estructuras que sostienen planetas, la luna…  La escena indica al espectador que, habiendo sido ofrecido el Paraíso al hombre, el vicio y el pecado le pueden conducir al Infierno, que es el tema representado en el lado opuesto.
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2. El desato de la lujuria

El Bosco no estaba tonto, no. ¿Cómo pintamos una orgía en plena Edad Media sin que la Iglesia nos queme en la hoguera? Pues así, representándolo como una especie de tutorial medieval para ir al infierno de forma rápida, fácil y sencilla. En el retablo central un centenar de hombres y mujeres sin demasiado pudor se lo pasan pipa, acompañados de frutas y animales que tienen simbolismo sexual, como mejillones, granadas, uvas, fresas, cerezas…
retablo central - las mil historias del arte - beatriz vera vinuesa
Con esta parte de la obra, El Bosco representa cómo todos los mortales cometen el pecado sin pudor y sin miedo a ser castigados. Éste es el verdadero jardín de las delicias, situado entre el jardín del edén y el infierno, donde se desarrollan las vidas de los humanos. Si nos fijamos, las supuestas ‘montañas’ del fondo representan los órganos sexuales masculino y femenino. Los muchachos igual se dedican a cabalgar sobre una cabra, un grifo o un cerdo, que se encariñan con ellos y los vemos morreándose con patos, abrazando búhos o usando salmones como quien usa una lanza de justa. La escena más bizarra no puede ser, y no tiene nada que envidiar a una peli porno. Os pongo una pequeña galería con detalles para que lo apreciéis por vosotros mismos:

3. El castigo eterno

retablo infierno
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El Bosco narra así la caída del género humano. Después de pasarlo muy bien en la Tierra, todos los pecadores reciben su condena en el infierno. Todo tipo de criaturas y formas demoníacas castigan a los mortales de multitud de maneras, los torturan por sus actos en el anterior retablo.
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 En lo alto del cuadro se ve la imagen más típica del infierno, lleno de fuego y azufre. Estructuras extrañas se recortan contra un incendio, creando una aterradora ciudad en la que las almas de los condenados tendrán que vivir hasta que se acabe el mundo.
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También vemos instrumentos gigantes, esparcidos por aquí y allá. Estos instrumentos musicales simbolizan por tradición el amor y la lujuria. En la obra, estos instrumentos sirven para crucificar a los que en vida cometieron pecados carnales, e incluso vemos un pobre infeliz al que los demonios le han metido una flauta por el culete… yo creo que ése es el que antes se metía flores.
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 Los animales ya no son amistosos y colaborativos en la depravación de estas pobres personas, sino que ahora se encargan de castigarlos, junto con los demonios. Jaurías de perros comen carne humana, las hermosas garzas ahora se han convertido en diablos que portan tridentes, un zorro negro manosea a una mujer abatida. Si nos fijamos podemos encontrar una liebre que lleva colgando de un palo a sus presas humanas, y un terrorífico hombre-pájaro devora personas y los defeca en un pozo de excrementos. Al pobre tipo que se está comiendo en este momento le salen golondrinas por donde la espalda pierde su buen nombre.
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Esta escena parece haber sido sacada de una pesadilla surrealista y representa un infierno onírico, repleto de instrumentos de tortura. No faltan alusiones al clero, como el cerdo disfrazado de monja que abraza a un hombre desnudo.
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La banda sonora

En el último panel de la obra, una joven estadounidense llamada Amelia descubrió una curiosa partitura musical. Entre los instrumentos y personajes, El Bosco plasmó un libro con una partitura que parece continuar en las nalgas de un hombre para dar a entender que la banda sonora de esta obra debería interpretarse con un instrumento de viento (jeje, qué cachondo). Fascinada por el detalle, decidió “traducir” esta partitura antigua a la lengua musical moderna (nuestro tradicional pentagrama) para descubrir si obtenía una melodía. Y así fue:

La brevísima pieza de 30 segundos contiene varios errores y, según cuenta Amelia, está siendo corregida con la ayuda del departamento de música de su universidad. La noticia ha dado la vuelta al mundo y ha salido en todas las televisiones del planeta. Aunque yo creo que deberían haberla interpretado directamente con un instrumento de viento.

Si os ha gustado esta entrada y os interesan los detalles que tiene esta obra no os perdáis este cortometraje de Juan Ibáñez, que ha recreado “El jardín de las delicias” como una animación. ¡Os va a encantar!

Y ya sabéis la moraleja: si no sois buenos os comerá un pájaro gigante y acabaréis en un charco de heces. Avisados estáis.

Riendo en la cara de la muerte: las ‘calacas’ de Posada

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¿Sabéis lo que es esto? Es un recuerdo que me traje de México, esa tierra fascinante de color, paisajes y gente maravillosa. Riviera Maya fue el destino que elegimos mis amigas y yo para realizar nuestro viaje de fin de estudios de la universidad, y tras muchos meses de ahorrar logramos reunir todo el dinero para cruzar volando el océano. Uno de los días fuimos a Chichén Itzá, donde además de las impresionantes pirámides había muchos puestecitos de regalos –en los que me desplumaron todo lo que quisieron porque regatear se me da fatal-. Una mujer tenía un puesto donde podías encontrar calaveritas pintadas con preciosos diseños, y yo elegí esta.

calaverita

La cultura mexicana tiene una visión de la vida muy relacionada con la muerte, pero de una forma muy alejada a la española. Y eso repercute en su festividad del Día de los Muertos, fecha en la que se recuerda a los que se han ido con una gran fiesta llena de alegría, color y humor.  Es el día en el que los muertos regresan del más allá, para convivir 24 horas con los vivos, y por ello no hay que estar triste sino contento por su compañía.  Es el día en el que los Mexicanos se ríen de la muerte y la caricaturizan. ¡Esto es lo que tendríamos que celebrar en España, y no una fecha dedicada a llorar que sólo da disgustos!

Uno de los caricaturistas de la muerte que ha hecho popular esta fiesta fue el dibujante José Guadalupe Posada, al que hoy dedico esta entrada.

José Guadalupe Posada

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Calavera de La Adelita (soldadera). Se conoce como adelitas o ‘soldaderas’ a las mujeres que participaron en la Revolución mexicana

“La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”. 

J.G.Posada

La obra artística de Posada permite apreciar su gran ingenio y creatividad, pues los derrocha en cada trazo. José Guadalupe Posada  (1852-1913) fue un magnífico dibujante y grabador que definió el futuro del arte mexicano retratando la vida en el país durante la Revolución con un corrosivo humor ácido. Entre hambrunas, epidemias y luchas por el poder, este artista logró plasmar su particular visión de México. Un México en el que, tristemente, lo cotidiano y la muerte estaban demasiado cerca.

Desde pequeño, Posada se dedicaba a dibujar y lo hacía con tanta pasión que finalmente convenció a su padre de que le dejara dedicarse al arte. Y lo que mejor se le daba era hacer caricaturas. De este modo, se introdujo en el mundo del periodismo y de la prensa como dibujante, y logró publicar sus primeras viñetas cuando cumplió los 19 años.

Pero su familia seguía mirando con malos ojos su vida bohemia y despreocupada de artista, así que se empeñaron en conseguirle un trabajo formal y serio con el que pudiera ganar dinero o conseguir una buena esposa, y se dejara de pintar monigotes. Ya sabemos cómo son los padres. Así pues, José se hizo maestro en la Escuela Preparatoria de León (Guanajuato), donde pasó 5 años dando clase… pero sin dejar de lado lo que le gustaba, ilustrar y grabar imágenes, para la desazón de sus progenitores. Sin embargo, la tranquilidad no duró demasiado: graves inundaciones asolaron León en 1888 y lo obligaron a dejar atrás su vida anterior.

La suerte le sonrió, sin embargo. Cuando a los 35 años llegó a Ciudad de México, abrió su propio taller y le empezaron a llover ofertas de trabajo de diferentes empresas y editoriales, así que estuvo bastante ocupado. Igual ilustraba una corrida de toros que retrataba un crimen, o trataba hechos políticos, accidentes y hasta pronósticos del fin del mundo. Su nombre cobró una fama inesperada y su cotización se disparó, alcanzando cimas que pocos meses antes le habrían parecido inimaginables. Así que tuvo tiempo de experimentar con otras técnicas y crear las suyas propias.posada12

Las ideas progresistas de Posada lo llevaron a sendas cada vez más críticas: bocetos satíricos que elaboraban una crónica de la vida mexicana de la época o ponían de relieve el sufrimiento de su pueblo bajo el yugo de los grandes terratenientes, que corrompían la vida política. Y por eso José Guadalupe Posada no caía bien a los poderosos, que lo metieron en la cárcel en más de una ocasión para intentar acallar su voz -o su mano creadora-. Durante su vida hizo más de 20.000 grabados, y podría clasificarse como expresionista, puesto que recrea con extraordinaria imaginación, gran sentido humorístico y profunda capacidad crítica las lacras, miserias y prejuicios de la realidad social y política de su época.

Su obra

Su obra abarca múltiples temas, entre los que cabría destacar las célebres “calaveras” o imágenes de ultratumba. Y la más célebre de estas imágenes no es ni más ni menos que ‘La Catrina‘, originalmente llamada La Calavera Garbancera. Y es una genial historia, puesto que  «Garbancera» es la palabra con la que se conocía entonces a las personas que teniendo sangre indígena fingían ser europeos para darse aires… porque en aquél entonces, ser europeo era lo más cool y lo más pijo que había. Te lo juro por la hierba que se come el caballo de Polo Ralph Lauren. Originalmente Posada creó este esqueleto, adornado con un sombrero con plumas, para satirizar las pretensiones de las mujeres de la clase alta mexicana.

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“en los huesos pero con sombrero francés con plumas de avestruz”, decía Posada. La idea era burlarse de los “muertos de hambre” que se las quieren dar de ricos. El dibujo original nos muestra un esqueleto sin vestido, porque no puede permitírselo, pero con un glamuroso sombrero con plumas. Esta gente despreciaba México, sus costumbres y su cultura al tiempo que imitaba costumbres europeas.

No se hizo famosa instantáneamente, sino que no lo fue hasta que el mujeriego DIEGO DE RIVERA (marido/amante de Frida Kahlo, cuya preciosa historia contamos en esta entrada) la bautizó como ‘La Catrina’ en su obra ‘Sueño de una tarde dominical en la alameda central‘:

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Aquí la tenemos, acompañando del brazo a su creador original, José Guadalupe Posada, y ataviada con su bonito sombrero de plumas… pero eso sí: hoy va vestida.

lacatrina A partir de esta representación, La Catrina tomó fuerza como personaje para el Día de Muertos que se celebra en todo el país y a la cual se le hace relación directa con la burla y la sátira, en donde el mexicano se distingue del folclore por su fiesta y juego hacia el personaje que remite a la muerte, pero también al misticismo.

Como un último apunte sobre Posada, hay que decir que basó su idea de retratar la sociedad como esqueletos vivientes tanto en la cultura milenaria mexicana como en  un género artístico del medievo que llevaron los españoles a México: La Danza Macabra. El tema de estas obras era que la muerte era universal y llegaba para todos sin importar la clase social, la edad o la riqueza. 

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Artistas influidos por José Guadalupe Posada:

  • La iconografía creada por Posada puede verse hasta en el cine. Una pequeña muestra es este precioso corto de animación:

  • Una artista de hoy en día que ha alcanzado gran fama internacional es Sylvia Ji (cuyo blog podéis visitar aquí).

Caza de brujas: entre el pánico y la fascinación

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El siglo XVII es el periodo de las grandes “cazas de brujas” en Europa. Avivados por una cultura machista en la que la mujer  se creía moralmente inferior y naturalmente inclinada a los pecados más nefandos, por el gusto del pueblo a ver juicios y ejecuciones en directo (el antiguo Gran Hermano), los ciudadanos entraron en una espiral de sospechas y acusaciones en las que cualquier malentendido o excentricidad acababa fácilmente en ‘barbacoa’.

Decenas de miles de mujeres y niños murieron quemados en la hoguera tras ser juzgados públicamente, en una sociedad donde el poder judicial y el religioso estaban profundamente ligados. La gente enloquecía de pánico si en el pueblo aparecía uno de esos grimorios prohibidos, libros sobre hechicería o gallos decapitados.  La bruja dejó de ser aquella señora que conocía las hierbas con las que crear ungüentos, pócimas y cataplasmas sanadoras -o no- para los campesinos, y tampoco era aquella a la que el pueblo llano (y no tan llano, pues los que ostentaban el poder hacían lo mismo) acudía para que le leyera la buena fortuna o bendijese sus campos. No. Empezó a configurarse una nueva imagen de la bruja, que tiene su principal origen en la asociación de la brujería con el culto al Diablo… o a dioses extraños al cristianismo, que venía a ser lo mismo.

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El aquelarre de brujas, Frans Francken

El caso es que fueron años de sospecha y conmoción, de terror porque la hija de tu vecina hubiera sido vista en el bosque a altas horas de la noche o simplemente supiera leer. A los artistas les pasó también. En aquella época lo más normal era pintar cuadros religiosos, incluso relacionados con los mitos. Pero he aquí que las cazas de brujas sirvieron para alimentar los lienzos con extraños personajes, escenas siniestras que se desarrollaban en ambientes de misterio y oscuridad. Y un puntito de fascinación, como siente cualquier ser humano ante lo prohibido y peligroso. 

Uno de los artistas brujeriles más conocidos es Frans Francken el Joven, que procedía de una familia de pintores de renombre. Sin embargo, él fue mucho más conocido que sus predecesores y hermanos por atreverse con temas nuevos que todavía no se plasmaban en las pinturas. Uno de ellos fue el de las brujas que aterrorizaban a Europa. En ellas podemos ver toda la iconografía tradicional de las hechiceras: calderos, cráneos, murciélagos, fuegos demoníacos, súcubos, demonios con elementos de cabra, almas en pena… 

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Asamblea de brujas (Hexensabbat) – Frans Fracken el Joven

Otros artistas han pasado a la posteridad por creerse hechizados con el mal de ojo. ¡Ay, qué buenas excusas se ponían entonces! Un ejemplo típico es Guido Reni, pintor renacentista italiano, que se creía víctima de hechiceras malintencionadas que lo gafaban. Era como un hipocondríaco de lo supernatural. Además de una intensa misoginia y nefasta adicción al juego, Guido Reni vivía obsesionado con las supersticiones que lo atemorizaban hasta la médula. 

En su biografía se cuenta que Reni estaba continuamente temiendo ser envenenado por bebedizos preparados por alguna bruja, razón por la cual jamás dejaba entrar a mujer alguna en su vivienda. Jamás comía nada que no hubiera cocinado él mismo, de modo que si algún cliente o admirador le ofrecía algún manjar lo escondía disimuladamente y lo dejaba pudrir por miedo a que estuviera sazonado con pócimas o venenos. En particular tenía pánico a las viejas, y huía de ellas cada vez que se las cruzaba en la calle o el mercado. 

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La masacre de los inocentes – Guido Reni (detalle)

Lo más divertido es que Guido Reni atribuía cualquier episodio singular o ligeramente “fuera de lo normal” a la acción de sus temidas seguidoras del Maligno. Así, cuando en cierta ocasión perdió en casa una de sus zapatillas, lo atribuyó a la acción de las brujas, y lo mismo ocurrió cuando una vez apareció la camisa de una mujer entre su ropa. Y ni os digo cuando perdía la inspiración: 

“… me preguntó si alguien podría hechizar las manos de una persona de modo que ya no pudiera manejar el pincel y trabajara mal forzosamente(…) Sabedor de sus pensamientos, le dije francamente que no (…) Contestó que en Roma un francés le había enseñado un sortilegio mediante el cual se podría, al tocarle a uno la mano de un modo amistoso, comunicarle en poco tiempo una enfermedad incurable de la cual moriría infaliblemente”.

Obviamente, Guido Reni murió virgen. 

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El Aquelarre, de Francisco Goya. El cuadro queda dominado por la figura de un gran macho cabrío, que bajo la luz de la luna avanza sus patas delanteras para recibir de dos brujas la ofrenda de niños que tanto le agradan… Ello evoca la descripción de cómo dos hermanas, María Presona y María Joanato, mataron a sus hijos “por dar contento al demonio” que recibió “agradecido” el ofrecimiento… También vemos a media docena de niños, varios de ellos ya chupados, esqueléticos y a otros colgados de un palo

También en el arte de Goya la brujería tuvo un importante papel. En la imagen de arriba aparece analizado El Aquelarre, que es terrorífico cuando se conoce su significado. Aunque curiosamente con estas pinturas pretendía burlarse de las supersticiones y actos de quienes creían en estas cosas, sus cuadros dan pavor en lugar de risa. Así retrataba Goya una sociedad española cruel, dada a los crímenes, crédula e ignorante hasta la médula, supersticiosa y violenta. Influido por el caso de las Brujas de Zugarramurdi, donde se quemaron vivas seis personas para alegría de los más sádicos, y el caso de Logroño, el artista se atrevió incluso a criticar a la Iglesia Católica por su barbarie… razón por la cual fue denunciado a la Inquisición y sus obras que tenían la mínima relación con obispos o frailes fueron retiradas. 

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El aquelarre, GOYA

Sin embargo, en el tiempo también han existido aquellos artistas más fascinados que asustados por aquellas mujeres que sabían manejar lo sobrenatural. Uno de los mejores ejemplos es el prerrafaelita John William Waterhouse. Bebía de los mitos e historias clásicas para crear hermosísimas hechiceras. Poderosas, jóvenes, sabias y bellas, así es como veía a las brujas, alejado de la clásica imagen de vejez y fealdad. Con libros de magia, pociones o bestias fantásticas, las hechiceras se convertían en sex symbols de la época. 

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El círculo mágico – John William Waterhouse

Por si tenéis ganas de más, aquí os dejo una galería con imágenes sobre la representación de este tema a lo largo de la Historia. 

Niños llorones: Los cuadros malditos de Bragolin

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Aprovechando que nos acercamos a Halloween y que son las fechas más adecuadas para tratar temas de misterio, os traigo la historia de un pintor maldito que saltó a la fama internacional por -según se dice- pintar cuadros diabólicos que atraían el mal. Bruno Amadio (Italia, 1911), más conocido por el nombre de Angelo Bragolin, fue un fascista y seguidor de Mussolini que participó en la II Guerra Mundial.

Al participar en la contienda, le causó una gran impresión la devastación y cómo ésta se cebaba en los más pequeños. De este modo, comenzó a pintar una serie de cuadros llamada ‘Los niños llorones’, decidido a reflejar el dolor en los retratos de niños huérfanos por culpa de la guerra.  Al parecer, el pintor realizó 27 cuadros con esta temática. Al acabar la guerra Bruno Amadio se trasladó a España, y tras unos años en Sevilla y Madrid se le pierde la pista definitivamente. Sus obras pasaban sin pena ni gloria, y era un total desconocido.

Su leyenda negra comienza con los rumores sobre un posible pacto con el diablo, cuando Amadio se cansa de ser un pintor de tres al cuarto y malvivir de su arte. De la noche a la mañana, sus cuadros se hicieron tan populares que se hacían cientos de copias de cada una de sus obras. Sin embargo, tras unos años, los periódicos internacionales comenzaron a hacerse eco de una horrible noticia: un edificio había ardido hasta los cimientos, muriendo los inquilinos y calcinando todas sus pertenencias… excepto el curioso cuadro del niño llorón, que permanecía colgado en la pared, en perfecto estado y sin rozar por las llamas.

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Sorprendentemente, muchos lectores llamaron al periódico para informar de que les había sucedido exactamente lo mismo y que los bomberos no habían sabido explicar el origen del incendio ni el porqué de que el cuadro hubiera sobrevivido. Rápidamente prendió una histeria colectiva, en las calles se crearon fogatas donde los vecinos quemaban todos los cuadros antes de que el cuadro los quemara a ellos.

La leyenda urbana cuenta que uno de los 27 cuadros originales fue donado al orfanato en el que vivía el niño retratado. Allí lo colgaron, hasta que el edificio se incendió y acabó con la vida del pequeño. Su alma, entonces, se dice que habita en el cuadro…

¡A saber! El caso es que estos cuadros se han convertido en un icono del misterio, gracias al periódico The Sun, que supo vender tan bien esta historia que convirtió a los ‘niños llorones’ en poco más que enviados del demonio que había pactado con Bragolin. Desde luego, vendieron muchos ejemplares con esta leyenda urbana de la pintura. Real no sabemos si es, pero rentable… ¡seguro!