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Margaret Keane, el nombre tras el hombre

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Cartel película Tim Burton, big eyesHace varios días vi una de las últimas películas de Tim Burton (que, dicho sea de paso, se ha convertido en una sombra descafeinada del genio que fue). El filme era “Big Eyes“, drama basado en la agitada vida real de  Margaret Keane (interpretada por Amy Adams), y su relación tanto con su ‘adorable’ marido Walter (Christoph Waltz) como con el arte.

Tim Burton conoció la historia real de Margaret y Walter Keane al rededor de 1995, aunque desde su niñez ya había estado rodeado de reproducciones de sus cuadros en casa. Tim Burton sintió fascinación por Margaret cuando se encontró con ella: reservada y muy callada, una de las personas más tímidas que había visto en toda su vida. Ciudadanos de todo el mundo tenían sus obras en el dormitorio, en los salones o pasillos… sus obras se convirtieron en un símbolo cultural de aquellos años a escala planetaria. Sólo que nadie conocía la historia auténtica.

Como todo el mundo, Burton pensó toda su vida que Walter Keane era el verdadero autor, el artista, el visionario kitsch. Sin embargo, aquel matrimonio escondía un perturbador secreto. Como sabemos, cuando una mujer se casa, adopta en muchos países el apellido de su marido (como si fuera una pertenencia más)… y a éste le es muy sencillo apropiarse de los logros de su esposa. ¿Para eso es “de su propiedad“, verdad?

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La pintora de los Ojos Grandes

Aunque personalmente no considero el estilo de Keane digno de ser llamado “ARTE” con mayúsculas, por sus rudimentarios trazos y sus muchos defectos que no criticaré, no seré yo quien le reste ningún mérito a lo que logró esta mujer en la retrógrada California de los años 60. Cualquier obra de Margaret Keane es absolutamente reconocible: los ojos grandes y tristes de cada niño que dibujaba la delatan a ella y a su estilo. Y es que pintaba a los niños como si fueran salidos de una perturbadora película de terror a todo color y para todos los públicos. A la vez que nos transmite la inocencia de los pequeños, también nos asustan un poco las mirada. Una mirada que ha creado escuela.margaret-keane-walter-matrimonio

Margaret Keane dibujaba desde niña, pero nunca cultivó su estilo ni acudió a ninguna academia. De pequeña era conocida en la iglesia local por sus bocetos de ángeles con grandes ojos. De su primer matrimonio tuvo a su hija Jane, con la que huyó años después para empezar una nueva vida. Y sí, la encontró.

En 1955 se casó con Walter Keane, que en cuanto la conoció decidió que el talento de la inocente, desesperada y tímida chica podría hacerle ganar dinero. Walter dejó su trabajo en una inmobiliaria para dedicarse a vender las pinturas de Margaret. Sin embargo, previendo la fortuna que podía ganar, Walter se autoproclamó públicamente autor de los cuadros que pintaba su mujer y los vendía como suyos… a pesar de que él no sabía ni coger el maldito pincel. “Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío“, le decía. Con su labia y su olfato comercial, consiguió venderlos de forma masiva en grandes almacenes, libros de cómic y revistas. Los cuadros se convirtieron en las obras de arte más populares de la época. Y es que Walter era “un genio del marketing y la promoción“, tal , pero cruel, enloquecido y despótico como ninguno. Una mala persona. Preocupada por lo que podría pasarle a ella y a su hija si abandonaban a su esposo, Margaret decidió participar en el embuste.

La timidez patológica de Margaret hizo que durante 12 años el público creyera que los cuadros los pintaba su marido. Su nombre era totalmente anónimo, y su marido la tenía encerrada bajo amenazas de muerte para que no saliera de su estudio ni nadie sospechara que era su esposa quien pintaba. Aquél hombre la alejó a su hija, le prohibió ver a sus amigas… Margaret estaba cada vez más sola y la moral de la época le decía que así debía permanecer.

Mientras Walter se daba al alcohol y a las mujeres, Margaret pasaba hasta 16 horas al día encerrada en su estudio pintando. Durante algo más de una década se convirtió, literalmente, en prisionera de su éxito.

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Dejar de ser invisible

Tras diez años de matrimonio, en 1965 la pareja se divorció. Cuando decidió enfrentar la situación en la que se hallaba sumergida, reunió el valor para decir a Walter que quería el divorcio. En la película vemos una tensa escena en la que Walter Keane tiene un ataque de ira, e intenta quemar el estudio de la pintora con ella y su hija refugiadas dentro. Afortunadamente lograron huir y se refugiaron en Hawái. Tras diez años de matrimonio, en 1965 la pareja se divorció.

En 1970, cuando sus cuadros ya habían pasado de moda, decidió que no iba a mentir más cuando le preguntaran sobre su autoría y le contó toda la verdad a un periodista de la agencia UPI. Se hizo testigo de Jehová, pues el único refugio que le quedaba era la religión… además de la pintura.

Su exmarido contratacó asegurando que su esposa era una mujer infiel y una mentirosa compulsiva. Ella lo retó a que ambos pintaran en público uno de los cuadros para demostrar quién era realmente el autor, pero él se negó. ¡Obvio! Si no sabía ni distinguir el color azul del rojo. Walter Keane huyó a Europa mientras amainaba la tormenta. Pero todavía se atrevió a asegurar desde el otro lado del Atlántico que su esposa se había atribuido la autoría de las pinturas porque pensaba que él había fallecido. Fue la gota que colmó el vaso y enfureció a Margaret.

Margaret demandó a Walter por difamación y, tras un juicio que duró varias semanas, el juez les pidió a ambos que hicieran en la sala uno de los retratos. Ella pintó a un niño de enormes ojos tristes en apenas 53 minutos. Él se negó a hacerlo alegando que le dolía un hombro.

El juez acabó concediendo a Margaret una indemnización de 4 millones de dólares, que Walter nunca llegó a pagar ya que había dilapidado en bebida, prostitutas y artículos de lujo toda la fortuna que había amasado con los cuadros de su ex-esposa.

“Por supuesto, jamás vi ni un céntimo, pero yo no aspiraba a eso. Tan solo quería que el mundo supiera que esos eran mis cuadros” – Margaret Keane

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¿El legado de cuántas mujeres en toda la historia habrá sido expoliado como el de Margaret Keane? ¿Cuántas veces tras un nombre masculino se esconde el trabajo de una mujer? Me temo que eso no podremos saberlo nunca.

Riendo en la cara de la muerte: las ‘calacas’ de Posada

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¿Sabéis lo que es esto? Es un recuerdo que me traje de México, esa tierra fascinante de color, paisajes y gente maravillosa. Riviera Maya fue el destino que elegimos mis amigas y yo para realizar nuestro viaje de fin de estudios de la universidad, y tras muchos meses de ahorrar logramos reunir todo el dinero para cruzar volando el océano. Uno de los días fuimos a Chichén Itzá, donde además de las impresionantes pirámides había muchos puestecitos de regalos –en los que me desplumaron todo lo que quisieron porque regatear se me da fatal-. Una mujer tenía un puesto donde podías encontrar calaveritas pintadas con preciosos diseños, y yo elegí esta.

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La cultura mexicana tiene una visión de la vida muy relacionada con la muerte, pero de una forma muy alejada a la española. Y eso repercute en su festividad del Día de los Muertos, fecha en la que se recuerda a los que se han ido con una gran fiesta llena de alegría, color y humor.  Es el día en el que los muertos regresan del más allá, para convivir 24 horas con los vivos, y por ello no hay que estar triste sino contento por su compañía.  Es el día en el que los Mexicanos se ríen de la muerte y la caricaturizan. ¡Esto es lo que tendríamos que celebrar en España, y no una fecha dedicada a llorar que sólo da disgustos!

Uno de los caricaturistas de la muerte que ha hecho popular esta fiesta fue el dibujante José Guadalupe Posada, al que hoy dedico esta entrada.

José Guadalupe Posada

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Calavera de La Adelita (soldadera). Se conoce como adelitas o ‘soldaderas’ a las mujeres que participaron en la Revolución mexicana

“La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”. 

J.G.Posada

La obra artística de Posada permite apreciar su gran ingenio y creatividad, pues los derrocha en cada trazo. José Guadalupe Posada  (1852-1913) fue un magnífico dibujante y grabador que definió el futuro del arte mexicano retratando la vida en el país durante la Revolución con un corrosivo humor ácido. Entre hambrunas, epidemias y luchas por el poder, este artista logró plasmar su particular visión de México. Un México en el que, tristemente, lo cotidiano y la muerte estaban demasiado cerca.

Desde pequeño, Posada se dedicaba a dibujar y lo hacía con tanta pasión que finalmente convenció a su padre de que le dejara dedicarse al arte. Y lo que mejor se le daba era hacer caricaturas. De este modo, se introdujo en el mundo del periodismo y de la prensa como dibujante, y logró publicar sus primeras viñetas cuando cumplió los 19 años.

Pero su familia seguía mirando con malos ojos su vida bohemia y despreocupada de artista, así que se empeñaron en conseguirle un trabajo formal y serio con el que pudiera ganar dinero o conseguir una buena esposa, y se dejara de pintar monigotes. Ya sabemos cómo son los padres. Así pues, José se hizo maestro en la Escuela Preparatoria de León (Guanajuato), donde pasó 5 años dando clase… pero sin dejar de lado lo que le gustaba, ilustrar y grabar imágenes, para la desazón de sus progenitores. Sin embargo, la tranquilidad no duró demasiado: graves inundaciones asolaron León en 1888 y lo obligaron a dejar atrás su vida anterior.

La suerte le sonrió, sin embargo. Cuando a los 35 años llegó a Ciudad de México, abrió su propio taller y le empezaron a llover ofertas de trabajo de diferentes empresas y editoriales, así que estuvo bastante ocupado. Igual ilustraba una corrida de toros que retrataba un crimen, o trataba hechos políticos, accidentes y hasta pronósticos del fin del mundo. Su nombre cobró una fama inesperada y su cotización se disparó, alcanzando cimas que pocos meses antes le habrían parecido inimaginables. Así que tuvo tiempo de experimentar con otras técnicas y crear las suyas propias.posada12

Las ideas progresistas de Posada lo llevaron a sendas cada vez más críticas: bocetos satíricos que elaboraban una crónica de la vida mexicana de la época o ponían de relieve el sufrimiento de su pueblo bajo el yugo de los grandes terratenientes, que corrompían la vida política. Y por eso José Guadalupe Posada no caía bien a los poderosos, que lo metieron en la cárcel en más de una ocasión para intentar acallar su voz -o su mano creadora-. Durante su vida hizo más de 20.000 grabados, y podría clasificarse como expresionista, puesto que recrea con extraordinaria imaginación, gran sentido humorístico y profunda capacidad crítica las lacras, miserias y prejuicios de la realidad social y política de su época.

Su obra

Su obra abarca múltiples temas, entre los que cabría destacar las célebres “calaveras” o imágenes de ultratumba. Y la más célebre de estas imágenes no es ni más ni menos que ‘La Catrina‘, originalmente llamada La Calavera Garbancera. Y es una genial historia, puesto que  «Garbancera» es la palabra con la que se conocía entonces a las personas que teniendo sangre indígena fingían ser europeos para darse aires… porque en aquél entonces, ser europeo era lo más cool y lo más pijo que había. Te lo juro por la hierba que se come el caballo de Polo Ralph Lauren. Originalmente Posada creó este esqueleto, adornado con un sombrero con plumas, para satirizar las pretensiones de las mujeres de la clase alta mexicana.

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“en los huesos pero con sombrero francés con plumas de avestruz”, decía Posada. La idea era burlarse de los “muertos de hambre” que se las quieren dar de ricos. El dibujo original nos muestra un esqueleto sin vestido, porque no puede permitírselo, pero con un glamuroso sombrero con plumas. Esta gente despreciaba México, sus costumbres y su cultura al tiempo que imitaba costumbres europeas.

No se hizo famosa instantáneamente, sino que no lo fue hasta que el mujeriego DIEGO DE RIVERA (marido/amante de Frida Kahlo, cuya preciosa historia contamos en esta entrada) la bautizó como ‘La Catrina’ en su obra ‘Sueño de una tarde dominical en la alameda central‘:

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Aquí la tenemos, acompañando del brazo a su creador original, José Guadalupe Posada, y ataviada con su bonito sombrero de plumas… pero eso sí: hoy va vestida.

lacatrina A partir de esta representación, La Catrina tomó fuerza como personaje para el Día de Muertos que se celebra en todo el país y a la cual se le hace relación directa con la burla y la sátira, en donde el mexicano se distingue del folclore por su fiesta y juego hacia el personaje que remite a la muerte, pero también al misticismo.

Como un último apunte sobre Posada, hay que decir que basó su idea de retratar la sociedad como esqueletos vivientes tanto en la cultura milenaria mexicana como en  un género artístico del medievo que llevaron los españoles a México: La Danza Macabra. El tema de estas obras era que la muerte era universal y llegaba para todos sin importar la clase social, la edad o la riqueza. 

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Artistas influidos por José Guadalupe Posada:

  • La iconografía creada por Posada puede verse hasta en el cine. Una pequeña muestra es este precioso corto de animación:

  • Una artista de hoy en día que ha alcanzado gran fama internacional es Sylvia Ji (cuyo blog podéis visitar aquí).

Salvador Dalí: una vida surrealista

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Salvador Dalí se ha convertido en un icono, eso es innegable. Este artista español (Figueres, 1904 – Púbol, 1989) nació en una familia burguesa entristecida por la muerte de su anterior hijo, llamado Salvador. Y a los padres no se les ocurrió otra cosa mejor que ponerle el mismo nombre al nuevo niño. Como es normal, esto marcó mucho al artista posteriormente, quien llegó a tener una crisis de personalidad, al creer que él era la copia de su hermano muerto. Premio a los padres del año, sin duda. Cuando nuestro artista tenía cinco años, sus padres lo llevaron a visitar la tumba de su hermano y le dijeron que él era su reencarnación. En serio… ¿por qué nadie les quitó el carnet de padres a estos señores?

“A los tres años quería ser cocinero. A los cinco quería ser Napoleón. Mi ambición no ha hecho más que crecer y ahora es la de llegar a ser Salvador Dalí y nada más. Por otra parte, esto es muy difícil, ya que, a medida que me acerco a Salvador Dalí, él se aleja de mí” Salvador Dalí

-Infancia y adolescencia

A los 12 años, un Dalí preadolescente descubrió la pintura contemporánea y quedó fascinado. Con 14 participó en sus primeras exposiciones, recibió un premio de la Universidad y consiguió editar con unos amigos una revista mensual dedicada al arte. Yo también me hubiera crecido, no sé vosotros. Sin embargo su suerte dio un vuelco cuando Salvador cumple 16 años: su madre muere de cáncer de útero, y la hermana de ésta se casa con su padre poco después de enterrarla. Dramón de telenovela. Salvador Dalí y su pequeña hermana no aceptaron esta nueva situación, y seguramente ahí empezó a romperse la ‘idílica’ relación familiar.

“[la muerte de ella fue] el golpe más fuerte que he recibido en mi vida. La adoraba. No podía resignarme a la pérdida del ser con quien contaba para hacer invisibles las inevitables manchas de mi alma…” Salvador Dalí.

A los 18 años se marchó a Madrid para comenzar sus estudios de Bellas Artes y allí empezó a llamar la atención por su carácter excéntrico: larga melena con patillas, gabardina, medias y polainas al estilo de los artistas victorianos. Un sex symbol, vamos. Empezó a tantear el cubismo y el dadaísmo, influencia que lo marcó de por vida. En la residencia también trabó una apasionada relación con el joven Lorca, pero Dalí terminó rechazando los amorosos reclamos del poeta. La historia de su temporada universitaria acaba con la expulsión antes de sus exámenes finales, cuando no se le ocurre otra cosa que ponerse a gritar que allí no había ningún profesor que estuviera a la altura de corregir sus obras.

Salvador Dalí - Sueño causado por el vuelo de una abeja

Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada segundos antes de despertar

Así que se fue a visitar París, con la suerte de que allí conoció a Pablo Picasso. En aquella época, Dalí se dejó crecer su típico mostacho que imitaba al de Velázquez, y que se convertiría en uno de sus distintivos personales el resto de su vida.

– Llegando a la segunda Guerra Mundial

Desde 1929, Dalí estuvo en contacto con el director de cine Buñuel, con Picasso, Joan Miró…  y conoció a su musa y futura esposa, Gala. Ella era una inmigrante rusa que tenía 11 años más que él. Se introdujo de lleno en el surrealismo, creando el método paranoico-crítico el cual, según se decía, ayudaba a acceder al subconsciente.

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“Mercado de esclavos con busto invisible de Voltaire”

En cuanto a su vida personal… bueno, la relación con su padre estaba casi rota. Su progenitor condenaba que Salvador estuviera enamorado de Gala, consideraba que los artistas con los que se relacionaba eran unos degenerados… cosas típicas. La tensión fue en aumento hasta que se produjo un enfrentamiento donde llegaron a las manos: Dalí había publicado en prensa un dibujo de un Sagrado Corazón donde se leía: “En ocasiones, escupo en el retrato de mi madre para entretenerme”. Ultrajado, su padre lo desheredó, lo echó violentamente de casa y le prohibió volver a pisar el pueblo. Salvador Dalí describió cómo en el curso de este episodio le presentó a su padre un preservativo usado conteniendo su propio esperma, con las palabras: «Toma. ¡Ya no te debo nada!». Hale, para que luego digan. Acto seguido se casó con Gala por lo civil.

En 1931, con 27 años, Dalí pintó uno de sus cuadros más famosos: La persistencia de la memoria

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La persistencia de la memoria: Cada uno de los relojes marca una hora diferente, insinuando la relatividad del concepto ‘tiempo’. Hay una roca sobre la que descansa uno de ellos que, además, parece tener cara. Es un autorretrato del propio Dalí, sobre una roca real de Creus. El aspecto blando hace que parezca que se funde, recuerda la propia mortalidad. Sobre otro reloj hay una mosca que recuerda a la muerte y a la frase ‘El tiempo vuela’… ¿sabéis que Dalí se ponía azúcar de dátiles para atraerlas, y pintaba con el zumbido de las moscas dentro de su boca? En cuanto a las hormigas… Dalí descubrió horrorizado de niño que su murciélago estaba siendo devorado por un grupo de hormigas. Están pintadas como si las viéramos desde arriba, y nos recuerdan a la putrefacción y de nuevo a la muerte.

Pero hay otra cosa que hizo Dalí, y eso fue no mojarse. Aunque la mayor parte del surrealismo se había adscrito a ideas políticas de izquierda, Dalí mantenía una posición ambigua en cuanto a activismo político. Los líderes del movimiento surrealista lo acusaron de defender lo irracional del fenómeno hitleriano, acusación que él intentó desmentir. Dalí insistía en que el surrealismo podía existir en un contexto apolítico, y se negó a denunciar públicamente el régimen fascista alemán. Éste y otros factores le hicieron perder su prestigio entre los artistas, y tras una especie de juicio surrealista fue expulsado del movimiento. A esto, Dalí respondió con su célebre réplica, «Yo soy el surrealismo». Y se marchó más chulo que un ocho a Nueva York. 

Allí se refugió de la II Guerra Mundial que había estallado en Europa y lo arrasaba todo, Dalí volvió al catolicismo y se dedicó a escribir y realizar ilustraciones para diferentes libros. Además, se sometió a un exorcismo y abandonó un poco el arte para centrarse en diseñar objetos comerciales con los que ganar más dinerillo.  ¿Sabéis que pensaba hacer una película con Walt Disney? Este dato es poco conocido, y finalmente no se llevó a cabo por la falta de financiación. Aquí tenéis una idea de cómo iba a ser, rescatada por el sobrino de Walt en 1999.

El corto cuenta la historia de Chronos, la personificación del tiempo, al que le era imposible sentir amor por un mortal por mucho que lo deseara. El argumento de la película fue descrito por Dalí como “una mágica visión sobre el problema de la vida en el laberinto del tiempo”.

– Volviendo a España

Con la dictadura de Franco Dalí decidió volver a España… lo que a los artistas y pensadores no les hizo ninguna gracia y volvió a ser blanco de críticas por fascista y oportunista. Estamos ya en el final de su carrera. Dalí volvió al arte en esta época, desarrollando nuevos procesos y medios experimentales. Se interesó por la ciencia y las matemáticas, por crear  temas en sus pinturas y por hacer retratos en cuernos de rinoceronte (Un poco loco sí estaba, sí… además de que con estas extravagancias no hizo ningún bien a una de las especies animales más dañados por la caza furtiva).

 [Según el artista, el cuerno de rinoceronte significaba la geometría divina, y aquí lo vemos hablando de estos seres en la película Medianoche en París, de Woody Allen]

Durante la posguerra abundan en sus obras las ilusiones ópticas, así como el imaginario de la ciencia y la religión. Se obsesionó un poco por las bombas nucleares y sintetizó la iconografía cristiana con la era nuclear creando imágenes en descomposición relacionadas con la física nuclear, como en Crucifixión o El Torero Alucinógeno.

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Torero alucinógeno” En este cuadro Dalí esta representado como el niño en el desierto. Otra imagen de España es el toro que está muriendo. Gala está mirando todo que está pasando en el cuadro. También, hay un perro cerca de un lago que es la sangre del toro. El toreador está arriba y es parte de la Venus de Milo.

Experimentó con el teatro, los anuncios televisivos, diseños de logotipos para empresas (¡el de Chupa Chups es suyo!), campañas publicitarias… ay, poderoso caballero es Don Dinero.

 Afectado por el Párkinson a causa de un cóctel de fármacos que dañó su sistema nervioso, Dalí fue perdiendo el control de sus manos. Y con la muerte de su esposa perdió las ganas de vivir. Parece ser que intentó suicidarse un par de veces, pero siempre lo salvaban unos u otros. Finalmente murió a causa de una parada cardiorrespiratoria en Figueras, con 84 años, oyendo su disco favorito.

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Bueno… como último apunte… Se ha denunciado que Dalí fue obligado por algunos de sus «cuidadores» a firmar lienzos en blanco que serían vendidos tras su muerte como originales, tras ser pintados por imitadores. Estos rumores más que fundados hicieron que el mercado del arte se mostrase escéptico con las obras atribuidas a Dalí durante su última época. No se puede uno fiar de nadie…

Frida Kahlo: el alma de una luchadora

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(Finalizada la temporada de exámenes  doy por retomado el blog. Siento la ausencia durante este tiempo, pero ahora mismo vuelvo a las andadas con renovadas energías… ¡gracias por estar ahí!)

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Frida Kahlo
es una de las artistas más conocidas a nivel mundial, y casi todo el mundo puede recordar su cara, quizá porque esas cejas enormes nos llaman la atención a simple vista. Pero, ¿qué más conocemos? Su nombre completo es Magdalena Carmen Frida Kahlo, y nació el 6 de julio de 1907, en el seno de un país al borde de la Revolución. Tristemente, el Arte está muy unido al sufrimientoya lo vemos nosotros mismos, cuando algo malo o triste nos ocurre nos dan más ganas e inspiración para escribir y crear, para sacar de dentro los fantasmas… y, muchas veces, cuando el dolor acaba termina nuestra ansiedad creativa-, y Frida no fue una excepción en esto.

Como íbamos diciendo, la vida de Frida fue marcada desde una edad muy temprana por el dolor físico y  la enfermedad. La primera “maldición” que sufrió se le diagnosticó cuando tenía  seis años: poliomielitis, una enfermedad extremadamente contagiosa que la llevó a padecer una serie de lesiones, infecciones, operaciones… así pues, la pequeña tuvo que permanecer postrada en la cama durante más de nueve meses, dejándola con otra secuela, esta vez permanente: la pierna derecha quedó mucho más delgada que la izquierda. Sumado a una relación de extraño amor-odio con su madre, la indiferencia de sus hermanos y hermanas (excepto la pequeña, Cristina), y la situación política del país marcaron el carácter de nuestra protagonista. Las continuas operaciones quirúrgicas y su enfermedad la hicieron permanecer apartada del resto de niños, excluida y recluida en una soledad aplastante, como muestra más adelante en algunos de sus cuadros.

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“Ella juega sola”
La vida y la muerte aparecen juntas en este cuadro de colores
fríos (azules, grises, blancos), en contraste con el cálido vestido
y la flor que la niña sujeta. La pequeña lleva una máscara típica del
“Día de Los Muertos” de México… y no es difícil saber por qué en esta
representación de sí misma se retrata junto a un monstruo y la amenaza
de la muerte, en un ambiente desolador sin esperanza.

Con la llegada de los 15 años, entró en la más prestigiosa institución educativa de México, que recientemente había comenzado a admitir estudiantes de sexo femenino. Solamente eran 35 alumnas entre los dos mil alumnos, pero las ansias de aprender de Frida la hicieron inmune al ambiente machista: ella quería estudiar medicina. En esta época conoció a grandes intelectuales y artistas del país. Se juntó con chicos rebeldes y críticos con la autoridad, que se movilizaban ante las injusticias en las que estaba sumido el país. Allí conoció al que sería su novio: Alejandro Gómez Arias. En esta etapa Frida ya pintaba, pero quemó la mayoría de sus obras.

Y aquí llega, en forma de terrible accidente, la segunda maldición de Frida Kahlo. Según Wikipedia…

“El 17 de septiembre de 1925 sufrió un grave accidente cuando el bus en que ella viajaba fue arrollado por un tranvía, quedando aplastado contra un muro y completamente destruido. Regresaba de la escuela a casa, junto a Alejandro Gómez Arias, su novio de entonces. Su columna vertebral quedó fracturada en tres partes, sufriendo además fracturas en dos costillas, en la clavícula y tres en el hueso púbico. Su pierna derecha se fracturó en once partes, su pie derecho se dislocó, su hombro izquierdo se descoyuntó y un pasamanos la atravesó desde la cadera izquierda hasta salir por la vagina. Al respecto, Frida comentaba que habría sido esta la forma brutal en la que había perdido su virginidad. “

No estaba seguro que pudiera sobrevivir. Durante un larguísimo periodo, Frida volvió a ponerse en contacto con la medicina, pero de la peor forma posible. Las soluciones de la época eran terribles, dolorosas, angustiantes. Por lo menos 32 operaciones, mecanismos de “estiramiento”, corsés… Estando al borde de la muerte y la parálisis permanente, se refugió en la pintura. Empezó a hacer autorretratos, reflejando en ellos los sucesos que vivía y los sentimientos que la atormentaban.

Imagen“La columna rota”
Vemos el interior de Frida abierto, erguido. Su figura está
sujetada por un corsé, y en lugar de su columna vertebral
vemos una columna jónica rota en gran cantidad de pedazos.
Las heridas y las grietas se reflejan en el paisaje yermo del
fondo, que transmite dolor y soledad a partes iguales. En su
rostro rígido y serio aparecen lágrimas pintadas, y su cuerpo
entero está siendo perforado por clavos y agujas. 

Pero si algo hay comparable a el enorme sufrimiento de nuestra artista, éso fueron sus gigantescas ansias por vivir. En el tiempo que volvió a estar postrada en cama e inmovilizada, volvió al dibujo y la pintura «para combatir el dolor y el aburrimiento», según decía ella. Sus padres hicieron construir un caballete especial que se apoyaba en la cama y aguantaba los lienzos en los que pintaba. También hicieron instalar un espejo bajo el dosel de su cama, el cual permitió a Frida el verse y convertirse en la propia modelo para sus cuadros. Cuando fue capaz de recuperar parte de su movilidad, volvió a moverse por círculos intelectuales donde luchar por sus preferencias políticas (el comunismo) y conoció a grandes amigos… y también a Diego Rivera, que la animó a seguir con su carrera artística aunque ella no tenía la intención de dedicarse a eso, y con el que -una vez más, por suerte o por desgracia- acabó casándose profundamente enamorada.

ImagenDiego Rivera y Frida Kahlo se casaron en 1929.
Al matrimonio lo llegaron a llamar “la unión entre un elefante y
una paloma”, pues Diego era enorme y obeso mientras que
ella era pequeña y delgada.

El matrimonio no fue, ni mucho menos, donde Frida logró la felicidad. Ciertamente, ha sido una de las historias de amor más extravagantes de la historia. Ella tenía 22 años y él 42. La madre de Frida no estaba nada contenta, claro; dijo que Diego era demasiado viejo, demasiado gordo y, todavía peor, un comunista y un ateo. Aunque los dos se complementaban en muchos aspectos (pues ambos tenían un enorme interés en el Arte, y en la forma de contemplar la vida), surgieron grandes problemas y brechas entre ambos: el carácter infiel de Diego Rivera influyó de manera decisiva tanto en su vida personal como en la creación de su obra.

En 1930, un año después de la boda, ella quedó embarazada por primera vez. Desgraciadamente tuvo que abortar, porque el feto estaba en una posición incorrecta y presentaba anomalías… a Frida le llegó entonces la noticia: como consecuencia del horrible accidente,  la pelvis de Frida estaba fracturada en 3 sitios y los médicos le dijeron que seguramente jamás podría tener hijos. Ese mismo año dejaron México y se mudaron a EEUU. En 1932 volvió a quedarse encinta, y al consultarlo con su amigo y cirujano Leo Eloesser (estadounidense), éste la animó a seguir adelante con el embarazo en lugar de abortar. Esta noticia la emocionó sobremanera, pues era su gran ilusión a pesar de los graves problemas que ella debería soportar, aunque explicó que Diego no estaba de acuerdo pues no quería niños. El 4 de Julio, Frida sufrió un aborto espontáneo y perdió el bebe que tanto deseaba. Fue una experiencia muy traumática para ella y pasó los siguientes 13 días en el hospital.

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“La cama volando” o “Henry Ford Hospital”
Sobre el vientre aún hinchado sobre el embarazo sujeta tres filamentos rojos que
podrían ser sus venas, en una cama demasiado grande para ella, reflejando la
soledad, tristeza y el desamparo que debía sentir. Estos hilos enlazan 6 cosas:

1.Niño en posición embrionaria: el niño perdido
2.Caracol: la lentitud del propio aborto, según dijo Frida.
También encontramos un caracol en otros cuadros como
símbolo de la vida o el sexo
3. Maqueta de su pelvis y parte de la columna: la causa del aborto
4. Máquina: paralelismo del cierre del depósito de gas con el problema
de Frida para retener al niño en su interior. Es “defectuoso”.
5. Orquídea violeta: se la trajo Diego al hospital, y es símbolo de
sentimiento y sexualidad. Aparece mustia, triste.
6. Pelvis

Después de vivir en Estados Unidos durante casi 3 años, Frida añoraba México (su familia, sus amigos y sus recuerdos quedaban muy lejos y ella se sentía inmensamente sola) y quería volver a su país, pero Diego se negaba. Este desacuerdo causó serios problemas entre la pareja. A finales de 1933, Rivera fue despedido por pintar la cara de Lenin en uno de los trabajadores dibujados en su mural. ¡Toma ya! ¡En EEUU y en aquella época! A pesar de su entusiasmo por Estados Unidos, Diego cedió a los deseos de Frida y en Diciembre de 1933 la pareja volvió a México. Ella estaba ilusionada con pintar de nuevo, pues los últimos años apenas había desarrollado su arte, pero de nuevo el destino le puso la zancadilla y volvieron los problemas de salud. En 1934 Frida tuvo que abortar de nuevo, y el mismo año sufrió la primera operación en el pie derecho y tuvieron que amputarle cuatro dedos de los pies que tenían gangrena. Frida20Kahlo1

Fueron años muy MUY difíciles: además de los problemas de salud, su matrimonio se hundía en la miseria. Él ya había tenido otras aventuras amorosas fuera de la relación, pero el gran mazazo fue descubrir que Diego estaba manteniendo una aventura con la hermana menor de Frida, Cristina, con la que más unida estaba. Eso fue más de lo que pudo soportar, y abandonó a su marido para buscar el divorcio. Al mismo tiempo, conoció al escultor Isamu Noguchi, con el que mantuvo una relación. Se marchó de viaje con sus amigas a Nueva York. Solamente volvió a la ciudad donde tenía su casa cuando Diego y su hermana rompieron, pero él no dejó de buscar otras mujeres que le calentaran la cama, y Frida -pues claro que sí, mujer- empezó a tener también otras aventuras amorosas ¡no solo con hombres, sino también con mujeres! Olé por ti.

A grandes rasgos, Frida empezó a triunfar después de esta época. Vivió en París, donde su obra era muy admirada, pero le disgustaron los franceses (pintores y ciudadanos). Europa no le parecía muy agradable, volvió a América. Aunque había intentado arreglar las cosas con su ex-marido pues seguía enamorada, él insistía en el divorcio. Frida Kahlo se dio a la bebida para ahogar sus penas, pero como ella expresó, “mis penas saben nadar”. Finalmente, Diego le pidió a Frida que se casara de nuevo con él. Ella aceptó inmediatamente pero sólo bajo ciertas condiciones: 1) Ella se mantendría financieramente independiente con la venta de sus cuadros 2) Ella pagaría la mitad de los gastos de la casa y 3) no mantendrían relaciones sexuales. Diego la echaba a faltar terriblemente y aceptó voluntariamente los términos. La relación con su marido ya era “platónica” y no tenían contacto sexual… ella solamente los quería con mujeres. Tenía como costumbre escribir un diario, por lo que conocemos muchos detalles de su vida.

Tiempo después le amputaron la pierna, y ella cayó en una profunda depresión.  Su estado de ánimo cambiaba desde la euforia hasta los más negros pensamientos de suicidio.

Frida Kahlo falleció siete días después de su 47 cumpleaños. La causa del fallecimiento fue embolia pulmonaria, aunque los pensamientos suicidas expresados en su diario hicieron pensar a algunas personas que quizás se suicidó. Ella murió antes que Diego Rivera, contra todo pronóstico, que la sobrevivió tres años más.

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A Frida no le importaba la crítica, ni los movimientos artísticos. Con sus pinturas solamente deseaba expresarse, plasmar sus sentimientos, por lo que sus obras son profundamente originales. Cuando a la artista le preguntaban porqué pintaba tantos autorretratos, ella contestaba: “porque estoy sola tan a menudo, porque soy la persona que conozco mejor“.

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RUSKIN, MILLAIS Y GRAY: El gran cotilleo victoriano

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En 1854 la ciudad de Londres se llenó de cuchicheos y risitas. En las fiestas no se hablaba de otra cosa, se comentaban detalles en eternos chismorreos, era un secreto a voces que causaba más escándalo que la Guerra de Crimea. Y es que, para la beata sociedad de la época, lo ocurrido al famosísimo y célebre crítico de arte John Ruskin era un escándalo digno de debatirse y comentarse tanto por las mujeres en las salitas de té como por los hombres mientras bebían y fumaban puros en sus clubs. ¿Qué suscitaba tamaño marujeo? ¿Qué cotilleo era tan importante como para que se dejara la preocupación sobre la guerra en un segundo plano?

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fotografía de J.Ruskin

Hoy os traigo un culebrón de época, que empieza con una boda célebre: John Ruskin, el crítico de arte más importante de Inglaterra, que además era escritor y sociólogo (sí, era un buen partido y estaba muy codiciado) se casó con una guapa jovencita de Escocia, Effie Gray. Las familias de los Ruskin y los Gray se conocían desde hacía muchos años, de hecho los novios se habían conocido cuando él tenía 21 años y ella 12… con lo que se llevaban unos añitos. Bueno, es conocida la fascinación de Ruskin hacia la belleza de las niñas,”…una noción infantil de la feminidad, mitad gatito, mitad reina de las hadas, y cuando la confrontaba con la realidad retrocedía horrorizado“.

Ruskin era el único hijo de un matrimonio muy religioso, y tenía un gran apego hacia ellos puesto que lo habían sobreprotegido toda su vida. Él nació cuando sus padres tenían 40 años, por lo que lo trataban como a un tesoro frágil: de niño no podía tener compañeros de juego ni amigos, porque a sus padres les preocupaba que pudieran ser una mala influencia o le hicieran daño. Cuando se hizo mayor de edad, su madre lo acompañaba a todas partes por si le pasaba algo. Vamos, lo más normal del mundo.

Total y volviendo a la historia, que nada más que Effie Gray llegó a la “edad aceptable para casarse”, Ruskin estaba coladito hasta la médula por ella, y empezó con su seducción en forma de cartas donde declaraba su amor y poesías interminables sobre su belleza y todas sus cualidades. Finalmente, le pidió su mano y ella aceptó, conquistada.

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Effie Gray, retrato de Millais

La boda se celebró en casa de Effie, aunque los padres de Ruskin no acudieron: aunque les gustaba la chica y les caía bien su familia, no querían compartir a su pequeño y único hijo con nadie (ni siquiera con su propia esposa)… estaban muy cabreados con su John porque se iría de casa. 

Después de la boda y del festejo, ya sabéis lo que ocurre. Pues la noche de bodas fue un auténtico y completo desastre: parece que John Ruskin, uno de los hombres más cultos de Inglaterra, no había visto una mujer desnuda en su vida y se pensaba que eran como las de las esculturas clásicas o las de los cuadros… una cosa así:

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¡¡Ay, cuando Effie se quitó la ropa!! ¡¡Ay, cuando vio que tenía pelo ahí donde las estatuas están calvas!! Retrocedió horrorizado, muerto de terror y de asco, y se negó a consumar el matrimonio. Imaginad a la pobre Effie, a la que por su belleza y sus ojos azules todos habían intentado conquistar, cuando se vio rechazada por su marido en la noche de bodas. Tremendo.

Se pasaron así cinco largos años, en los que el matrimonio vivía como si fueran compañeros de piso, sin tocarse ni mirarse porque a Ruskin le daba asco. En todo este tiempo, John le ponía excusas de mal pagador: “tener hijos arruinará tu deliciosa silueta”, “no puedo acostarme contigo por motivos religiosos”, “tenemos que esperar para demostrar nuestro amor”, “los niños no me gustan”... Al final a Ruskin se le acabaron los cuentos y se sinceró diciendo “Es que yo pensaba que las mujeres eran otra cosa“.

 En 1852 ocurrió algo: John Everett Millais, un joven pintor (también del prerrafaelismo como los protagonistas de esta entrada) le pidió a la bella  Effie Gray que posara para un cuadro que tenía pensado: The Order of Release (La Orden de Liberación).

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LA ORDEN DE LIBERACIÓN: La pintura representa a la esposa de un soldado rebelde escocés, que ha sido encarcelado después de que el aumento de Jacobite de 1745 , llegando a una orden de asegurar su liberación. Ella sostiene a su hijo, que muestra la orden de un guardia, mientras que su marido la abraza. El perro simboliza la fidelidad.

Mientras ella posaba, en las largas horas y los largos días que pasaron hasta que Millais completara su obra, Effie y Millais se hicieron grandes amigos: al final, Effie le confesó entre lágrimas sus problemas maritales. Que su marido siempre la miraba como si fuera deforme, que se sentía horrenda y desgraciada y que, después de cinco años de casada, seguía siendo virgen. Y no solamente en el sexo tenían problemas, sino que en lo emocional su marido la mareaba también: cuando Effie y él estaban separados, le escribía bellísimas cartas de amor, pero cuando estaban juntos él la trataba como a un par de zapatillas viejas. Además no quería darle ningún tipo de independencia, y aunque ella se rebelaba contra la opresión, él montaba en cólera y le impedía que acudiera a fiestas o visitara a sus amigas. Le contó que los padres de él la acusaban de que Ruskin no siguiera escalando en su carrera, que consideraban que ella no era suficientemente agradecida, y él les daba la razón… Millais y Effie compartían cada vez mas cosas, y se fueron haciendo más cercanos.

El cuadro tuvo un enorme éxito en toda Inglaterra y fuera de ella, así que John Ruskin pensó que no iba a ser menos que su esposa: si ella había sido retratada por el gran artista Millais, él también… ¡Hombre ya! Así pues, le pidió a Millais que también lo inmortalizara en un retrato. Para ello, le invitó a pasar el verano con ellos en los Trossachs. Y allí, durante ese verano, pasó lo inevitable y lo que tenía que pasar: Millais y Effie Gray se enamoraron.

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Retrato de Ruskin por Millais

Al acabar las vacaciones, Effie decidió ser valiente y decirle a su marido que lo suyo se había acabado. A pesar del berrinche de Ruskin, la joven estaba harta de él y solicitó la anulación de matrimonio alegando que su marido era impotente. ¡Ay, la que se armó! Ruskin intentó defender su honra, y contratacó diciendo que Effie era una desequilibrada mental y que no quería arriesgarse a tener hijos locos con ella. ¡Con dos co**ones! Así pues, la pobre Effie tuvo que someterse a un examen médico para, además de negar que estaba loca, se acreditara que seguía siendo virgen. Para ella, la perspectiva de un examen físico público y tener que declararlo todo era tan vergonzosa que pasó con una parálisis de shock 10 días, pero era fuerte y aún así continuó adelante. La opinión pública estaba enloquecida –no olvidemos que Ruskin era un hombre muy conocido y famoso en Londres– y los secretos de la pareja empezaron a airearse y comentarse en todos los rincones. ¡Era un escándalo!

Finalmente, Effie Gray consiguió la anulación en 1854, y decidió hacer todo lo posible por no equivocarse nunca más en temas de hombres: hizo que Millais esperara siete meses sin verla, para probar si sus sentimientos hacia ella eran sinceros. Y parece ser que así fue, pues un año después se casaron tremendamente enamorados. Su matrimonio fue inmensamente feliz y tuvieron nada más y nada menos que ocho hijos… por supuesto, ninguno estaba loco.  Millais se convirtió en un hombre rico y respetado, uno de los pintores más famosos y, aunque por el escándalo que Effie había suscitado no se le permitía verse con la Reina Victoria (amiga de la familia), ambos pasaban el tiempo con la Familia Real inglesa sin ningún problema.

Ruskin intentó casarse de nuevo con otra adolescente, pero la familia tuvo sentido común y pidió su opinión a Effie por carta… finalmente, Ruskin no volvió a casarse: ni con ella, ni con ninguna niñita más. Fue demandado por libelo y su reputación se destruyó, con lo que sufrió una depresión eterna y visiones delirantes, y no se le volvió a ver más.

Lo que viene siendo un final feliz de cuento de hadas.

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Effie Gray y John Everett Millais

Millais inmortalizó a su esposa y a dos de sus hijos en un cuadro posterior llamado “PAZ CONSUMADA” (Peace concluded) en la que aparece un soldado herido en la Guerra de Crimea (que pasó mientras se desarrollaba esta historia marujil) que llega a casa para estar con su familia.

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Paz consumada: Las niñas juegan con un arca de Noé, un juguete muy de moda en la época, y los animales que han colocado sobre la falda de su madre, de color rojo sangre, simbolizan los cuatro países que habían luchado en la contienda: el león representa a Gran Bretaña, el gallo a Francia, el oso a Rusia y el pavo al Imperio Otomano (Turkey en inglés significa “Turquía” y “pavo”). La niña de la izquierda sostiene en la mano una paloma, símbolo de la paz, y nos mira con aire interrogante. Cuando se expuso en público, hasta el cretino de John Ruskin admitió que era una gran obra de arte que pasaría a la historia. Y aquí sigue.

OTRAS OBRAS DE MILLAIS:

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