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BÖCKLIN: el arte de dar yuyu

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Estamos acercándonos peligrosamente al Día de los Muertos, halloween, Todos los Santos… o como cada uno -desde su rincón del planeta- quiera llamarlo. Sería lógico dedicar las siguientes entradas a uno de los muchos artistas que se han adentrado en las misteriosas nieblas de la muerte, en lo más tétrico y amenazador, en lo desconocido que nos atormenta. Hay muchos pintores e ilustradores que se han atrevido a retratar los miedos del Ser Humano, y uno de ellos fue Arnold Böcklin. Este suizo solía crear obras en las que aparecieran personajes mitológicos y es uno de los artistas del Simbolismo más celebrados.

Así se retrató a sí mismo este artista, con un esqueleto detrás, como contándole un chiste al oído y tocando música para él. Parece que el pobre vivía un poco obsesionado con la muerte y la desaparición de su alma, y solía tratar estos temas en sus pinturas a pesar de ser muy conocido como paisajista. Un día recibió una petición de Maria Berna, la joven y viuda condesa de Oriloa, que quería un cuadro que “la hiciera soñar“. Éste debería estar listo para cuando ella volviera de su viaje a Italia. Una petición preciosa que supongo que sería el mayor deseo de los artistas: encontrar a una mujer rica que le permitiera pintar un cuadro sobre lo que él quisiera, sin exigencias sobre cómo estaba quedando, y encima ganar una pasta. Pues bien. Sin pensarlo dos veces, Böcklin le pintó un bonito lugar donde descansar mucho tiempo:

Es un cuadro raro… ¿verdad? ¿Qué sitio es este? Un islote que surge en medio del agua, al que se acerca una barca. Imaginemos que nosotros somos la figura blanca. ¿Qué oiríais si estuvierais ahí dentro? ¿Qué sentiríais? ¿Estaríais tranquilos allí para “soñar”, como quería la condesa? Pues yo no sé qué pensaréis vosotros, pero a mi me gustaría estar en cualquier sitio menos en esa extraña isla. Si algo destaca, es la sensación de incomodidad que produce en el espectador. No sabemos muy bien por qué nos da “yuyu” a simple vista, pero vamos a analizar…

  • Los árboles: ¿Qué tipo de árboles son? Así, tan altos, oscuros, creciendo hacia arriba. Sí, es fácil reconocerlos: son cipreses. Habréis visto cipreses sobre todo en los cementerios, se plantan allí porque simbolizan el acto de “subir al cielo” y del descanso eterno.
  • La forma de la isla: semicircular, como invitándote a entrar… pero no a salir. ¿Notáis cómo se forman las sombras dentro? Parece que la luz se queda afuera, sumiendo al interior del islote en una eterna oscuridad. ¿No os da esa impresión? 
  • Extrañas entradas en la roca: Si os fijáis en la textura, os recordará al mármol… Evidentemente, Böcklin estaba pensando en sepulcros mientras pintaba. El interior de las entradas permanece, cómo no, en sombra… dando sensación de claustrofobia. No parece que se queden ahí estas excavaciones, sino que solamente sean la puerta de entrada a un lugar más tétrico, más profundo y más frío que un sarcófago…
  • La barca: Para los interesados en la mitología clásica no será difícil encontrar el significado de este elemento. Caronte, el barquero que cruza las almas a través de la Laguna Estigia (quien caiga en ella perderá sus recuerdos) y las lleva hasta el Reino de Hades. Entonces… la figura blanca es…
  • La figura blanca: sí, el muerto. El muerto que viaja en la barca acompañando su propio ataúd (fijáos bien en que, ante él, hay una extraña caja cubierta por una tela y adornos de flores), para descansar eternamente. Va cubierto por una sábana blanca –¿fantasmas? ¿mortajas?– y contempla la isla en la que va a desembarcar.
  • Flores: puede que no se aprecien muy bien, pero sí, hay más elementos vegetales que los cipreses en la Isla. Son lilas, que representan la muerte en el lenguaje floral.

Así, Böcklin nos presenta su gran obra maestra: La isla de los Muertos. El mismo artista lo definió como “un lugar tranquilo” cuando le preguntaron, y ciertamente, al contemplarlo uno parece caer en una pesada somnolencia. ¿Qué oiríamos si fuéramos la figura blanca? Nada. El silencio, solamente interrumpido por el chapoteo de los remos en el agua. Sí, esta isla atrae al sueño… despierta ése rinconcito de nuestro subconsciente al que le seduce el reposo de la tumba. Me resuena en la mente la frase del Infierno de Dante“Lasciate ogne speranza voi ch’intrate” (“Abandonad toda esperanza vosotros que entráis aquí”). Obviamente, sí, la condesa Maria Berna podría “soñar” mucho muuucho tiempo en un lugar como este. Concretamente, toda la eternidad.

¿Os pensabais que se había acabado todo dato curioso relacionado con este cuadro? Pues estáis equivocados… y es que hay alguien muy famoso que estaba obsesionado con esta pintura: Adolf Hitler. El original de La Isla de los Muertos acabó colgada en el despacho del führer, en la cancillería del Reich, siendo testigo del exterminio judío en la Segunda Guerra Mundia. Lo podéis comprobar en esta foto:

Morboso, ¿eh? Böcklin era uno de los pintores favoritos de Hitler y le gustaba presumir de tener éste cuadro suyo ante las visitas (lo que no le dio al pobre artista muy buena fama, claro). Supongo que la parte más sádica de uno de los grandes monstruos de nuestra era se deleitaba mirando a la muerte a los ojos y enviando a esa isla tétrica a miles de personas inocentes.

La Isla de los Muertos es un cuadro que ha sido reinterpretado en muchas ocasiones (su propio autor volvió a pintarlo otras cuatro veces) y que suele fascinar a los otros artistas, no solamente del mundo de la pintura, sino también del cine o la fotografía… Unos de los ejemplos más celebrados serían:

1) El hogar de King Kong, Isla Skull (o de la Calavera). Se dice que se inspiró en esta obra de Böcklin.

2) En la película “Furia de Titanes” de 1981, Perseo cruza el río Styx (la Laguna Estigia) en una barca que conduce Caronte. Vemos la niebla, la isla rocosa… casi un calco.

3) Milo Manara, el famoso ilustrador de escenas eróticas, cómics para adultos y sexys mujeres ligeritas de ropa, hizo su particular interpretación de este cuadro.

4) Daniel Santoro utiliza homenajes a los artistas más conocidos y las iconografías de otros cuadros famosos. En éste, reinterpreta la llegada de Eva Perón al edificio de la CGT.

Pero quizá la más famosa sea la reinterpretación sea la de H.R.Giger, uno de los escultores más conocidos del mundo gracias a sus colaboraciones en el cine, especialmente en la serie fílmica Alien.

En ella, vemos cómo la isla se ha transformado en una especie de monstruo casi orgánico y propio de un cómic o película de ciencia ficción. Aunque cambian muchos elementos, sigue siendo Böcklin con disfraz del futuro. Realmente recuerda a la estética de Alien, ¿verdad?

¡Pues esto es todo por hoy! Muchas gracias a todos por pasar, por leer… y por comentar. Espero que me dé tiempo mañana a una nueva entrada apropiada para la atmósfera de terror del 31 de octubre. Si estáis interesados, podéis conocer más cosas de Arnold Böcklin en ESTE VÍDEO (pinchad el enlace, vamos, ya sabéis cómo funciona…) Además aquí tenéis más imágenes de las obras de este artista. Que las disfrutéis.