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La flor del Mal: Alegoría del triunfo de Venus, de Bronzino

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Hoy dedico la entrada del blog a un nuevo descubrimiento, una historia del arte llena de perversión, enfermedad y traición. Esta vez viajamos a 1503, en la Toscana, momento y lugar en el que Agnolo Bronzino se decidió a crear su obra maestra: Alegoría del triunfo de Venus.

¿Y qué tiene de especial esta obra tan cursi?” me preguntaba yo antes de mirarla a fondo. Pues seguid leyendo, que os llevaréis una sorpresa.

Alegoría del triunfo de Venus

Bronzino trabajó como pintor en la corte de Cosme I de Medici, un Gran Duque que era un crack. Llegó al poder con 17 años y se las arregló para controlar toda la Toscana y Siena, ideó los Jardines de Bóboli y apoyó la creación de la Universidad, consiguió imponentes avances en economía, arquitectura y arte… Además, plantó la semilla de la que hoy es la galería de arte más importante a nivel mundial. A la flor y nata de su tiempo se le caía la baba con Cosme, y Bronzino no iba a ser una excepción. Así que allí que se fue nuestro pintor para darle la brasa al muchacho (y conseguir su sueldecillo).

Pero volvamos al tema. Alegoría del triunfo de Venus (también conocida como Alegoría de la Pasión) es una obra maestra de la variedad y la intriga: en ella nada se entiende a simple vista. Hombres y mujeres de todas las edades y procedencias se mezclan haciendo contorsionismo como si fueran a rodar una peli porno. Y esto provoca que nuestra mirada se mueva en zigzag por el cuadro, sin entender muy bien qué pasa. ¡PUES MANOS A LA OBRA!

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El amor: la semilla del mal

El elemento clave de esta obra es el poder destructivo del amor. “¿LO QUÉ?” os preguntaréis, patidifusos y asombrados. Pues así es. Si no os lo creéis, os lo voy a explicar.manzana-dorada-venus

En el centro del cuadro aparece Venus, desnuda y con la manzana dorada de la discordia en la mano. La misma manzana de oro que desencadena la guerra de Troya cuando Paris se la da a Helena. ¿Y qué más sabemos de las manzanas? Que en la cultura occidental representan el Pecado y la Tentación.

¿Y quién se besa tan sensualmente con esta señora? Pues ni más ni menos que su hijo, Cupido. Aquí el pintor la lía parda y convierte esta cursilada en un cuadro de incesto. Y encima le está haciendo la típica broma del Moc-Moc. ¡Para echarse las manos a la cabeza!

Mientras el niño alado se entretiene con esto, Venus aprovecha para robarle la flecha y dejarlo indefenso, con aires de triunfo. Una flecha que mata de verdad: Medio siglo antes de que Bronzino pintara esta obra, la sífilis había hecho su eclosión en Europa con efectos devastadores. Pronto los médicos se percataron de que se transmitía sexualmente, es decir, rindiendo culto a Venus. Y de ella se derivó el nombre de “enfermedad venérea”. El pintor lo tenía todo calculao.

En este abrazo erótico, Cupido casi aplasta con el pie a la paloma de la paz. ¿Está sugiriendo que es la pasión amorosa la que empieza las guerras y las disputas? ¿Qué nos quieres decir, Bronzino? ¿QUÉ?

Belleza, virtud y engaño

ninos-amor-venus-enganoTras esta pareja lujuriosa aparece un niño a punto de tirarles rosas para celebrarlo-aunque a mi me parece que van con fuerza y mala baba-. Tan contento está, que no se da cuenta de que se ha pinchado el pie con una espina.

Y tras él, una preciosa joven sostiene un panal de miel con gesto dulce. De nuevo simboliza el engaño.

mascarasY es que aunque va peinada y vestida como una encantadora dama noble, con su apetitoso panal dispuesto a ser regalado, esconde su aguijón con la otra mano. Si continuamos mirando y nos fijamos en su cuerpo, vemos que sus ropas se transforman en el cuerpo de una bestia venenosa semejante a un reptil. El engaño se representa en el arte mediante las máscaras, que también aparecen bajo el niño.

La maldad usa muchas máscaras, la más peligrosa es la máscara de la virtud Decían en Sleepy Hollow. Pues eso pensaba también Bronzino.

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Locura y enfermedad: la sífilis

arte-locos-historia-arte-blog-alegoria-triunfo-venus-mil-historias-arte-blogDesde la Edad Media hasta el siglo XVII, los bufones de las cortes eran los locos, enajenados o discapacitados. La realeza y la aristocracia de toda Europa, en un alarde de crueldad bien vista por la sociedad, se divertían a su costa. La locura de Bronzino aparece en forma de un joven sonriente con cascabeles en los tobillos (el niño que hemos visto antes celebrando el beso erótico entre Venus y Cupido). ¿Qué representa? Este niño va corriendo para celebrar el amor, sin darse cuenta de que se pincha a cada paso -o quizá es que no le importan las consecuencias-. Representa el Placer Loco, que lleva a la perdición.

Pero no sólo eso. A la izquierda del cuadro aparece un hombre que se lleva las manos a la cabeza mientras grita, atormentado por una mente enferma. Este hombre se identifica clásicamente con los celos y la irracionalidad.

Pero en 1986, Conway llamó la atención sobre la presencia de signos de sífilis secundaria en este personaje. Su cabeza se retuerce de dolor, y la estruja entre sus dedos con nódulos muy visibles. Además ha perdido una uña por la enfermedad. La pérdida de dientes también puede ser relacionada al saturnismo o intoxicación por mercurio… muy utilizado en la época para tratar los casos de sífilis.
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El Tiempo y el Olvido

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Al fondo a la derecha, un anciano representa a Chronos, dios del Tiempo. Aparece con un reloj de arena a su espalda, y está descorriendo la cortina para desvelar lo que ocurre en el cuadro. En resumen, que ojito con lo que hacemos porque con el tiempo todo se sabe. El reloj de arena representa el fluir del tiempo, inevitable y guiándonos hacia el fin de nuestras vidas.

La última figura, en la esquina superior izquierda, es Oblivion (el Olvido).  Este personaje se encuentra tras el telón, con gesto entre sorprendido y afligido se pelea con el tiempo. Al olvido le falta la parte superior de su cabeza… que según algunos eruditos coincide con la parte del cráneo donde se encuentra la memoria. Posiblemente el personaje quiere esconder la verdad, sin embargo, el Padre Tiempo lo impide, «haciendo alusión a los retardados efectos de la sífilis».

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Y a vosotros, ¿os parece ahora menos cursi Alegoría del triunfo de Venus?
¿Estáis de acuerdo con el mensaje de Bronzino en este cuadro?
¿Conocíais la obra?

Riendo en la cara de la muerte: las ‘calacas’ de Posada

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¿Sabéis lo que es esto? Es un recuerdo que me traje de México, esa tierra fascinante de color, paisajes y gente maravillosa. Riviera Maya fue el destino que elegimos mis amigas y yo para realizar nuestro viaje de fin de estudios de la universidad, y tras muchos meses de ahorrar logramos reunir todo el dinero para cruzar volando el océano. Uno de los días fuimos a Chichén Itzá, donde además de las impresionantes pirámides había muchos puestecitos de regalos –en los que me desplumaron todo lo que quisieron porque regatear se me da fatal-. Una mujer tenía un puesto donde podías encontrar calaveritas pintadas con preciosos diseños, y yo elegí esta.

calaverita

La cultura mexicana tiene una visión de la vida muy relacionada con la muerte, pero de una forma muy alejada a la española. Y eso repercute en su festividad del Día de los Muertos, fecha en la que se recuerda a los que se han ido con una gran fiesta llena de alegría, color y humor.  Es el día en el que los muertos regresan del más allá, para convivir 24 horas con los vivos, y por ello no hay que estar triste sino contento por su compañía.  Es el día en el que los Mexicanos se ríen de la muerte y la caricaturizan. ¡Esto es lo que tendríamos que celebrar en España, y no una fecha dedicada a llorar que sólo da disgustos!

Uno de los caricaturistas de la muerte que ha hecho popular esta fiesta fue el dibujante José Guadalupe Posada, al que hoy dedico esta entrada.

José Guadalupe Posada

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Calavera de La Adelita (soldadera). Se conoce como adelitas o ‘soldaderas’ a las mujeres que participaron en la Revolución mexicana

“La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”. 

J.G.Posada

La obra artística de Posada permite apreciar su gran ingenio y creatividad, pues los derrocha en cada trazo. José Guadalupe Posada  (1852-1913) fue un magnífico dibujante y grabador que definió el futuro del arte mexicano retratando la vida en el país durante la Revolución con un corrosivo humor ácido. Entre hambrunas, epidemias y luchas por el poder, este artista logró plasmar su particular visión de México. Un México en el que, tristemente, lo cotidiano y la muerte estaban demasiado cerca.

Desde pequeño, Posada se dedicaba a dibujar y lo hacía con tanta pasión que finalmente convenció a su padre de que le dejara dedicarse al arte. Y lo que mejor se le daba era hacer caricaturas. De este modo, se introdujo en el mundo del periodismo y de la prensa como dibujante, y logró publicar sus primeras viñetas cuando cumplió los 19 años.

Pero su familia seguía mirando con malos ojos su vida bohemia y despreocupada de artista, así que se empeñaron en conseguirle un trabajo formal y serio con el que pudiera ganar dinero o conseguir una buena esposa, y se dejara de pintar monigotes. Ya sabemos cómo son los padres. Así pues, José se hizo maestro en la Escuela Preparatoria de León (Guanajuato), donde pasó 5 años dando clase… pero sin dejar de lado lo que le gustaba, ilustrar y grabar imágenes, para la desazón de sus progenitores. Sin embargo, la tranquilidad no duró demasiado: graves inundaciones asolaron León en 1888 y lo obligaron a dejar atrás su vida anterior.

La suerte le sonrió, sin embargo. Cuando a los 35 años llegó a Ciudad de México, abrió su propio taller y le empezaron a llover ofertas de trabajo de diferentes empresas y editoriales, así que estuvo bastante ocupado. Igual ilustraba una corrida de toros que retrataba un crimen, o trataba hechos políticos, accidentes y hasta pronósticos del fin del mundo. Su nombre cobró una fama inesperada y su cotización se disparó, alcanzando cimas que pocos meses antes le habrían parecido inimaginables. Así que tuvo tiempo de experimentar con otras técnicas y crear las suyas propias.posada12

Las ideas progresistas de Posada lo llevaron a sendas cada vez más críticas: bocetos satíricos que elaboraban una crónica de la vida mexicana de la época o ponían de relieve el sufrimiento de su pueblo bajo el yugo de los grandes terratenientes, que corrompían la vida política. Y por eso José Guadalupe Posada no caía bien a los poderosos, que lo metieron en la cárcel en más de una ocasión para intentar acallar su voz -o su mano creadora-. Durante su vida hizo más de 20.000 grabados, y podría clasificarse como expresionista, puesto que recrea con extraordinaria imaginación, gran sentido humorístico y profunda capacidad crítica las lacras, miserias y prejuicios de la realidad social y política de su época.

Su obra

Su obra abarca múltiples temas, entre los que cabría destacar las célebres “calaveras” o imágenes de ultratumba. Y la más célebre de estas imágenes no es ni más ni menos que ‘La Catrina‘, originalmente llamada La Calavera Garbancera. Y es una genial historia, puesto que  «Garbancera» es la palabra con la que se conocía entonces a las personas que teniendo sangre indígena fingían ser europeos para darse aires… porque en aquél entonces, ser europeo era lo más cool y lo más pijo que había. Te lo juro por la hierba que se come el caballo de Polo Ralph Lauren. Originalmente Posada creó este esqueleto, adornado con un sombrero con plumas, para satirizar las pretensiones de las mujeres de la clase alta mexicana.

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“en los huesos pero con sombrero francés con plumas de avestruz”, decía Posada. La idea era burlarse de los “muertos de hambre” que se las quieren dar de ricos. El dibujo original nos muestra un esqueleto sin vestido, porque no puede permitírselo, pero con un glamuroso sombrero con plumas. Esta gente despreciaba México, sus costumbres y su cultura al tiempo que imitaba costumbres europeas.

No se hizo famosa instantáneamente, sino que no lo fue hasta que el mujeriego DIEGO DE RIVERA (marido/amante de Frida Kahlo, cuya preciosa historia contamos en esta entrada) la bautizó como ‘La Catrina’ en su obra ‘Sueño de una tarde dominical en la alameda central‘:

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Aquí la tenemos, acompañando del brazo a su creador original, José Guadalupe Posada, y ataviada con su bonito sombrero de plumas… pero eso sí: hoy va vestida.

lacatrina A partir de esta representación, La Catrina tomó fuerza como personaje para el Día de Muertos que se celebra en todo el país y a la cual se le hace relación directa con la burla y la sátira, en donde el mexicano se distingue del folclore por su fiesta y juego hacia el personaje que remite a la muerte, pero también al misticismo.

Como un último apunte sobre Posada, hay que decir que basó su idea de retratar la sociedad como esqueletos vivientes tanto en la cultura milenaria mexicana como en  un género artístico del medievo que llevaron los españoles a México: La Danza Macabra. El tema de estas obras era que la muerte era universal y llegaba para todos sin importar la clase social, la edad o la riqueza. 

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Artistas influidos por José Guadalupe Posada:

  • La iconografía creada por Posada puede verse hasta en el cine. Una pequeña muestra es este precioso corto de animación:

  • Una artista de hoy en día que ha alcanzado gran fama internacional es Sylvia Ji (cuyo blog podéis visitar aquí).

La tumba de Gengis Khan: el gran misterio mongol

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La tumba de Gengis Khan: el gran misterio mongol

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Estrenamos sección nueva, dedicada a las grandes obras que se han “perdido” a lo largo de la Historia, y que hoy en día siguen siendo un enigma. Puede que esta vez no tenga tanto que ver con la Historia del Arte, pero sí con la Historia de Civilizaciones. Uno de los grandes retos de los arqueólogos modernos sigue siendo la tumba de un personaje histórico que conquistó casi medio mundo: Gengis Khan, el rey de los mongoles.

En primer lugar, debería deciros que empecé a interesarme por la historia de los mongoles (me ahorraré decir “historia mongola” porque queda como… poco serio) a través de un artista e ilustrador que merece una mención especial por su estilo personal y la calidad de todo lo que hace. A mi me fascina. Este artista es PHOBS, y lo podéis encontrar en su Deviantart.

Es un verdadero apasionado de la historia y está enamorado de los mongoles, sus leyendas, la estética de su imperio.

¿QUIÉN FUE GENGIS KHAN?

Los españoles que no se interesan un poco no saben casi nada sobre Gengis Khan, a diferencia de los alumnos en el centro de Europa y en Rusia. Hasta aquí no llegó la conquista y saqueo mongol, por lo que nos queda un poco lejano, así que en el colegio ni siquiera se nos explica quién fue y hay que tener suerte con que nos lo nombren. Gengis Khan alzó de la nada un imperio al unir bajo una ley férrea a todas las tribus mongolas –entonces grupos de menos que bandidos, saqueadores y violadores– y con su gran ingenio militar cabalgó sobre ciudades y reinos hasta llegar a Europa. gengis-khan

A grandes rasgos, Gengis Khan no se llamaba Gengis Khan. Su nombre fue Temujin, y nació en una familia noble que, a la muerte del padre (envenenado a traición por los tártaros), se vio obligada a vivir en la miseria y en peligro de muerte constante. Temujin eligió a su esposa Börte cuando tenía 8 años, y años más tarde logró recobrarla. Al día siguiente de su noche de bodas, un clan enemigo la secuestró sin que él pudiera hacer nada… así que se armó un pifostio. Temujin acudió a un amigo suyo, éste llamó a sus colegas, y se hizo una guerra por una mujer, algo impensable e inenarrable en la sociedad mongola (donde la mujer valía menos que un caballo, valía un abrigo de piel de marta). Total, que después de masacrar el clan enemigo, un año después, resulta que Börte había tenido un hijo de sus captores. En lugar de repudiarlo, Temujin le puso por nombre “Sochi“, que significa “extranjero, visitante”… para dejar claro que no se trataba de uno más del clan. Sin embargo, lo educó como hijo propio, y según parece lo quiso como si fuera suyo. Después, Temujin volvió a caer en desgracia por la traición de sus amigos y lo cogieron como esclavo… aunque su esposa consiguió liberarlo después de un tiempo. Fue entonces cuando se decidió a unificar a los mongoles en una sola tribu para que dejaran de pegarse mamporros entre ellos y que se los pegaran a otros, y dijo “se van a cagar estos chinos”. Y allí que se fueron los mongoles, a pegarles a base de bien. Tan buenos tortazos les metieron, que los conquistaron. Se proclamó Gran Khan y se cambió el nombre. Con su esposa tuvo muchos hijos legítimos más, que en el futuro fueron sus herederos. Y no se paró ahí: luego fue Rusia, y luego Europa, Persia, también conquistó parte de Oriente Medio, además de la India. Gengis Khan tuvo 36 esposas, que le dieron chorrocientos hijos (no los conoció a todos, supongo). Además, violaba a todas las mujeres que podía… por lo que en estos momentos no menos de 16 millones de personas en este planeta son de una misma familia (tienen una misma pauta genética), y esa familia no es otra que la de Genghis Khan.  “La mayor felicidad”, dejó dicho, “consiste en derrotar a tus enemigos, perseguirlos, robarlos y acoger en tu regazo a sus esposas y a sus hijas”. Encantador, directo y tan eficaz como un mal virus. El Imperio mongol, como tal, desapareció a finales del siglo XII, aunque su influencia sobre los territorios que había conquistado duraría siglos.

Gengis Kan murió en 1227 de una caída de caballo, de una herida o quizá de tifus, según otra leyenda, mientras sitiaba Ningxia (hoy Yinchuan, en China), capital del reino de Xi Xia. Fue cerrar un ciclo. Con la conquista de esa misma ciudad había comenzado en 1209 la expansión de sus dominios desde las estepas al norte del Gobi. Ahora, el guerrero invicto quería hacer pagar al rey tributario de Ningxia su negativa a ayudarle en una campaña anterior. Antes de morir, el Kan decretó la destrucción de la ciudad. Con aquella orden desapareció una cultura.

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Así representa PHOBS a Temujin y a uno de sus hermanos

¿QUÉ SE SABE SOBRE LA TUMBA?

La leyenda cuenta que cuando Gengis Khan empezó a preocuparse por su propia muerte, hizo construir una gran tumba, una ciudad necrópolis, en un paisaje escogido de la vastísima Mongolia. Allí enterraría junto a él grandes riquezas recogidas en el expolio de las diversas regiones conquistadas y todo aquello que consideraba que debía acompañarlo al viaje más allá. Se dice que, para evitar el saqueo del oro y los tesoros, se asesinaba a todo aquél que se cruzase con la compañía, para que no pudiera decir a nadie hacia dónde se dirigían. Además, sí que se asesinaron a los constructores y capataces de la obra, para que no pudieran decir nada sobre el lugar del eterno descanso del gran Khan. Esta obra faraónica ha sido cubierta y enterrada en las arenas del tiempo, suponiendo uno de los últimos grandes quebraderos de cabeza de los Indiana Jones que buscan esclarecer la verdadera morada póstuma del emperador.

Sin embargo, una expedición científica norteamericano-mongola acaba de descubrir unas tumbas no lejos de donde nació el gran guerrero mongol, uno de los más grandes de la historia, y los exploradores apenas pueden contenerse. ‘Sentimos que estamos en el lugar’, dice Maury Kravitz a El País, el abogado de Chicago e historiador aficionado que es el alma de la exploración. ‘Si se confirma, será un descubrimiento de gran trascendencia, equiparable al de la tumba de Tutankamón’. Las tumbas de la colina no han sido tocadas, porque la tradición chamanística mongola cree que si se toca un cadáver, se destruye su alma.

Sin embargo, aún no se ha confirmado que estas ruinas pudieran ser el hogar del cuerpo de Gengis Khan y sus vasallos, ni se han hecho los hallazgos necesarios para afirmarlo. Aún hay tesoros sin desenterrar en el ancho mundo, y enigmas que alimentan a los más soñadores arqueólogos con pasar a la historia por redescubrir un  pedazo palpable de Historia de la Humanidad.

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Uno de los arqueólogos que buscan la tumba, Albert Lin

APOCALIPSIS: eso que nunca llega pero siempre se teme

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Si es que no tenemos remedio. Ahora mismo recuerdo dos veces en las que, en mi vida, me han dicho que el mundo se acababa. La primera fue en el año 2000 (que a mí me pilló con diez años, y me daba mucho cague), y pasó porque unos fundamentalistas protestantes y sectas marginales como los Testigos de Jehová o los adventistas del Séptimo Día empezaron a ponerse histéricos con que la venida de Dios era inminente y no iba a dejar vivo ni al Tato porque todos somos unos pecadores de la pradera. Se publicaron muchísimos libros sobre el tema, sobre supuestas profecías de la Biblia e interpretaciones de las escrituras, palabras de Nostradamus… además se sumó a la creencia pública de que las máquinas explotarían -o algo así- porque no sabrían pasar de “1999” al “2000”, y no podríamos sobrevivir. ¿Pero cómo no van a saber pasar al “2000”? ¡Como si no nos hicieran ellas las integrales trigonométricas, ecuaciones diferenciales,  y restas llevando! Vaya poca fe. El caso es que cundió el pánico, la gente estaba convencida de que cuando sonaran las campanadas el mundo se desplomaría y se tragaría a Ramón García, todos nos ahogaríamos con las uvas… un desastre. Obviamente luego no pasó nada y se nos quedó cara de paletos. Pero nos dejó anécdotas graciosas, como la de una secta taiwanesa que creía que Dios volvería y salvaría a los integrantes del grupo dejándolos entrar en su Ovni.

Ahora estamos con la profecía del apocalipsis maya, que señala diciembre de este año como fecha del acabóse. Pues yo ya me quedé con cara de tonta cuando era pequeña, y esto no me lo creo. Y es que el ser humano lleva TODA SU HISTORIA sembrando miedos y temores con diferentes fines. Las antiguas civilizaciones metían miedo para controlar a la población amenazándoles con que, si no obedecían y se portaban bien, se les caería el cielo en la cabeza. Los sacerdotes romanos amenazaban con un diluvio universal si las mujeres no eran castas. En el año 999 la gente se volvió loca y regalaba sus propiedades a los mendigos, se portaba bien y rezaba mucho por si acaso. En 1186 la “Carta de Toledo” advertía a la gente que tenía que esconderse en cuevas y montañas porque el mundo sería destruido. En 1524 un famoso catedrático anunció que la conjunción de los planetas del signo Piscis traería el fin del mundo por inundaciones, cundió el pánico y la gente se mataba (literalmente) por quedarse el barco de su vecino… y así cientos.

Bueno, lo que aquí nos interesa es que los artistas también tuvieron miedo en su época, y plasmaron este pánico al fin del mundo en sus obras de arte. Por ejemplo, tenemos al alemán Albretch Altdorfer con un cuadro llamado “La batalla de Alejandro Magno“.

Este cuadro representa la batalla de Alejandro en Issos (333 a.C.) pero tiene una segunda lectura: en la época en la que se pintó, había una gran guerra contra los musulmanes. Así,   al igual que Alejandro había vencido a los persas, ahora el cristianismo derrotaría a los turcos, o se acabaría el mundo. El cielo ocupa una parte importante del lienzo… y aparece una luna en la esquina superior izquierda y el sol poniente en el lado derecho.  Estos dos astros eran símbolos del islam (Luna) y el cristianismo (Sol), pero lo más importante es el aspecto amenazador del cielo, que parece anunciar un suceso temible.

Hoy en día se sabe que Altdorfer se basó en unos escritos de su paisano Schedel, que hacía referencia a diversos hechos históricos –entre ellos la batalla de Issos– poniéndolos en relación con el fin del mundo. Schedel creía que la historia del Ser Humano se dividía en siete edades (número sagrado, ya sabéis), y que la séptima estaba tocando a su fin, por lo que el apocalipsis llegaría. Lo curioso es que el mismísimo Lutero también estaba convencido de esto, aunque por motivos distintos: se basaba en el profeta Daniel, quien habría anunciado que tras cuatro imperios, llegaría el reino de Dios. Estos imperios serían el babilonio, el persa, el griego y el romano… y como todos habían desaparecido ya, pues tocaba recoger la fiesta. Lutero decía haber sufrido muchas pesadillas en las que contemplaba la llegada del Juicio Final. Un drama. Claro, la gente oía a este celebrity de la época hablar sobre eso y se moría de miedo.

Otra obra y otro artista: se conserva en Viena una acuarela de Durero que, aterrorizado por un sueño (que consideró profético) se levantó corriendo para ir al taller y poner por escrito -y por dibujo- lo que había visto esa noche.

«En 1525, durante la noche entre el miércoles y el jueves después de la semana de Pentecostés, tuve esta visión mientras dormía, y vi cómo unas muy grandes aguas caían desde los cielos. La primera golpeó el suelo a unas cuatro millas de mí con una fuerza tan terrible y un ruido tan enorme, que inundó toda la campiña. (…) Y el aguacero siguiente fue enorme. Algunas de las aguas cayeron a alguna distancia, y otras más cerca. Y venían desde una altura tal, que parecían caer muy lentamente. Pero la primera tromba de agua que golpeó el suelo lo hizo tan repentinamente, y había caído a tal velocidad, y estaba acompañada por viento y por un rugido tan aterrador, que cuando me desperté todo mi cuerpo temblaba, y no pude recuperarme durante un tiempo. Cuando me levanté por la mañana, pinté lo que se ve arriba tal y como lo había visto. Ojalá cambie el Señor todas las cosas para mejor.»

Otro de los cuadros que más destacan sobre esta temática es “El triunfo de la muerte“, de Brueghel (del que he puesto una miniatura al principio de la entrada). Ríete tú de Tarantino: ciudades ardiendo, el mar plagado de naufragios, en la orilla hay una casa donde ha desembarcado un ejército de esqueletos, se alzan mástiles coronados por ruedas de tortura, los muertos asesinando a los vivos, ahorcados… Vamos, lo normal en un apocalipsis. Recomiendo que pinchéis en la imagen. Podemos jugar a “Busca a Wally”: encontrad al bufón, al rey, al monstruo-libélula, al hombre que se despeña, al ahogado con la pancha llena de agua y a la pareja de amantes que pasan de todo.

Total, que el terror inundaba las ciudades y las sociedades, surgían sectas hasta debajo de las piedras -algunas volvían a hacer sacrificios humanos-, la gente se suicidaba… un empastre que los gobiernos no sabían cómo erradicar porque también estaban cagaditos de miedo. Entre los años 1500 y 1650 se pintaron más de doscientas pinturas que representaban la destrucción de Sodoma y Gomorra, un episodio bíblico de clarísimas connotaciones apocalípticas y de castigo por no servir a Dios. Al final el apocalipsis que tanto temían no llegó, pero quedó para siempre plasmado en los lienzos y grabados que han pasado a la historia y nos previenen de fiarnos de estas predicciones de muerte y pánico.