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‘El beso’ de Klimt: ¿arte para San Valentín?

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Aprovechando las fechas en las que nos encontramos, vamos a hablar de uno de los cuadros más misteriosos y fascinantes en los que el amor es el protagonista: El beso, de Gustav Klimt. Su arte es resplandeciente, nos recuerda al arte bizantino y su presencia dorada, al dibujo asiático, a los mosaicos clásicos… pero ante todo, hace gala del simbolismo y la belleza más sensual.

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EL BESO

Realizado entre 1907-08, esta es probablemente la obra más conocida de este pintor austríaco.  Con ella culminaba su investigaciones sobre el tema del deseo humano, que lo venía obsesionando durante largo tiempo. Esta obra se ha convertido en una de las pinturas favoritas para decorar dormitorios y hogares, pero es difícil interpretarla. Aparecen dos amantes, eso está claro. Pero… ¿Y lo demás? Es difícil saber qué nos quiere decir el autor con este cuadro. En esta entrada vamos a intentar echar un poquito de luz al asunto, siempre teniendo en cuenta que el movimiento simbolista pretendía introducir mensajes ocultos en cada una de las pinturas. En ‘El Beso’ también los hay.
¿Qué vemos en este cuadro? Una pareja que se abraza en un campo repleto de flores, y parece que están arrodillados. Pero hay algo que nos llama la atención: el campo acaba abruptamente, hay un precipicio tras la mujer. Y ella intenta aferrarse con los pies a la tierra, si nos fijamos. Es como que intenta apartarse del abismo, y la figura masculina la empuja hacia él. Raro, ¿verdad?

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La posición forzada de la pareja puede simbolizar una relación peligrosa, que tiende al precipicio. La mujer no puede escapar, está atrapada entre el hombre que la agarra de la cara para besarla y el abismo a su espalda. Pues parece que tan romántico, tan romántico, no es. La cara de él está escondida, mientras que la de ella permanece impasible. No sonríe, no muestra emociones. Cierra los ojos para no ver a su pareja. Y si nos fijamos en las manos y pies, contraídas y en tensión… Algunos críticos lo han interpretado como un rechazo  ante la agresión al que la somete el hombre, intentando evitar el dominio masculino. ¿Está esa mano izquierda de la mujer acariciando la del hombre, o busca quitárselo de encima como si fuera un baboso de discoteca? ¿Podríamos considerar, en este caso, una muestra del “fracaso” de la lucha femenina por la emancipación que ya se estaba dando en aquellos momentos? Pues este era uno de los temas que Klimt trataba en sus pinturas. La lucha por los derechos de las mujeres estaba muy presente en la sociedad de la época, y el hombre no tenía ningunas ganas de ceder su supremacía.
La ropa de cada uno también debe analizarse: cuadrados y rectángulos para el hombre, círculos para la mujer… se puede interpretar de dos formas: puede que  las ropas de él simbolicen la corteza de un árbol y las de ella un fértil prado en crecimiento. Aunque lo más aceptado es que representa los dos sexos en la flora: polen y pistilos, semen y óvulos.
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Otra de las interpretaciones más recientes del lienzo dice que es el momento en el que el dios griego Apolo besa a la ninfa Dafne, que para huir de él y evitar ser violada se transforma en laurel. Esta perspectiva, apoyada en la literatura, da un sentido a esta obra de Klimt en un contexto iconográfico, no sólo metafórico, de la historia del arte. Podemos ver este mito clásico en muchos otros cuadros, esculturas y obras, como este vídeo:

Así que, aunque sea un cuadro precioso y que normalmente asociamos al amor, parece que tiene un mensaje oculto totalmente contrario.
De acuerdo con los rumores que corrían por la época, la pareja representada en “El beso” no son otros que Gustav Klimt y la diseñadora Emilie Flöge, de la que él estaba totalmente enamorado. Cabe destacar que Klimt tuvo 14 hijos con diferentes mujeres pero ninguno con ella, el amor de su vida.
Actualmente esta obra se expone en la galería de arte austriaca, en el interior de los palacios Belvedere alto y Belvedere bajo.
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