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Matasanos: los médicos en el Arte

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Desde que el mundo es mundo, los seres humanos se han interesado por lo que no pueden comprender ni controlar. Todo lo que no entendemos nos causa cierto temor y, por qué negarlo, un morbillo interesante que nos impulsa a querer saber más. Las enfermedades han tenido especial interés para los hombres y mujeres a lo largo de la historia, a pesar de que hasta no hace tanto tiempo no podían tratarlas. Y ése desconocimiento se mezclaba con la superstición, la religión o la magia… haciendo que la gente tuviera más miedo a ir al médico que a enfermar. Aunque, con los médicos que había, yo también tendría más miedo a un ignorante con ínfulas de doctor que a morir de un catarro, no fuera a ser que confundiera los estornudos con demonios y quisiera abrirme la cabeza y sacarme los sesos con un tubo.

dentista

Lo más común era que se atribuyeran las enfermedades a diablos o espíritus malignos, que supuestamente creaban piedras o gusanos dentro del cuerpo del pobre paciente. Si tenías suerte, los médicos trataban tu enfermedad con plegarias, conjuros, danzas, talismanes o pociones. Y si no te curabas, todos los esfuerzos se centraban en convertir el cuerpo del enfermo en un lugar inhabitable para los demonios: apaleamientos, torturas o hacer morir de hambre al paciente eran los métodos estrella. Tampoco podemos olvidar las sangrías como tratamiento infalible para todo mal, porque todos sabemos que cuando estás enfermo lo mejor es drenarte la sangre. ¡Y no nos olvidemos de la cirugía! La más light era la trepanación: agujerear el cráneo para curar dolores de cabeza, demencia o epilepsia. Éxito 100% Asegurado.

El tema de la medicina trae cola. Bien podías caer en manos de un charlatán, un sacerdote, un curandero, un barbero, un sacamuelas -como el de la ilustración medieval de la derecha- o directamente un matasanos. Así pues, en la sociedad había un rechazo constante hacia todos aquellos que se proclamaban trabajadores de la salud. En los Países Bajos, los médicos en ocasiones eran ridiculizados, tal como puede verse en una de las pinturas de El Bosco (del que ya hablamos en este post).

El Bosco retrata en ‘la extracción de la piedra de la locura’ (realizada entre el 1475 y 1480) a un médico perforando el cráneo de un hombre para extraerle los espíritus malignos que lo hacen ser imbécil. Esta tabla que podemos encontrar en el Museo Nacional del Prado de Madrid representa a cuatro protagonistas, que al igual que los objetos que portan, son comunes en la época que satiriza.

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  • El doctor: en vez de sombrero o birrete lleva un embudo, símbolo de estupidez. En lugar de encontrar una piedra, extrae un tulipán.
  • El paciente: este hombre grueso mira hacia el observador, y su bolsa de monedas está atravesada por un puñal. Esto simboliza la estafa.
  • El fraile: sostiene un cántaro de vino, lo que nos indica que es un borracho. Parece estar dando indicaciones al médico o rezando.
  • La monja: esta religiosa lleva un libro cerrado encima de la cabeza, una alegoría a la estrechez de mente, la superstición y la ignorancia.

La leyenda que aparece escrita dice ‘Meester snyt die Keye ras, myne name is lubbert das’, que en español significa ‘Maestro, extráigame la piedra, mi nombre es Lubber Das’. Lubber Das era un personaje típico de la literatura holandesa que representaba la estupidez. Así que viene a decir «mi nombre es ‘tonto’», como tontos serían todos aquellos que confiaran en los médicos.

Lección de anatomía

Sin embargo la pintura más famosa que versa sobre medicina está, sin lugar a dudas, firmada por Rembrandt. ‘Lección de anatomía’ recrea una disección llevada a cabo por el doctor Nicolaes Tulp. Este médico sostiene los tendones del brazo del cadáver con unos fórceps, mientras que con la otra mano muestra cómo los músculos doblan los dedos no por arte de magia sino de ciencia. Este tipo de retrato de grupo fue muy popular entre las hermandades y los gremios. Uno de los alumnos sostiene en su mano una lista con el nombre de los asistentes y mira directamente al visitante, mientras que el resto se mantiene absorto (y un poco receloso) leyendo el libro de cirugía. A mí lo que más me gusta es el juego con la luz. ¿Habéis visto cómo la palidez de sus caras y la piel del cadáver destacan sobre el fondo e iluminan la escena? Así focaliza nuestra atención en lo importante.

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En Ámsterdam (donde transcurrió esta lección de anatomía) se permitía sólo una disección pública al año, y debía ser en invierno para mejor conservación del cuerpo. El conejillo de indias tenía que ser de un criminal ejecutado, en este caso había sido un atracador al que habían ahorcado ése mismo día.  No cuesta imaginar que las disecciones fueron en el siglo XVII actos poco frecuentes, macabros y espectaculares, hasta el punto de convertirse en acontecimientos sociales que atraían las críticas de la Iglesia y la curiosidad de los pensadores, así como el terror de los creyentes más supersticiosos.

¿Qué queréis que os diga? Si hay una cosa de la que me alegro, es de haber nacido con una medicina tan avanzada. Yo antes moriría que me dejaría llevar a uno de estos.

Otras obras de medicina

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Una partitura en el culo: La canción secreta del jardín de las delicias

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Hieronymus Bosch, El Bosco, se ha convertido con el paso de los siglos en uno de los pintores más enigmáticos de la Historia del Arte. La fantasía que desbordan sus inquietantes lienzos, unida a un cierto ‘horror vacui‘ que le lleva a representar auténticas legiones de seres monstruosos, fantásticos, objetos maravillosos y personajes de época, le ha llevado a ser vinculado con la alquimia, la astrología o incluso con sectas de la época… aunque sin demasiado fundamento, todo hay que decirlo. Aún así, sí que es verdad que parece que El Bosco alucinaba un poco cuando se ponía a pintar, o por lo menos se flipaba mogollón.

Sus obras despiertan fácilmente la fascinación en nuestra imaginación, y prueba de ello es el alboroto que se ha creado no sólo en Internet, sino en los medios de comunicación tradicionales, con el curioso hallazgo relacionado con una de las pinturas más célebres y misteriosas de ‘El Bosco’: El jardín de las Delicias.

El jardín de las Delicias HD - Las mil historias del arte - Beatriz Vera Vinuesa

El Bosco era un beato, esto es así. En sus obras siempre está presente el dolor y la muerte, que eran un must en la Edad Media y suponen la condenación eterna a causa del pecado. Y esta filosofía nos dice que salvar el alma sólo es posible a través del sufrimiento, que los mortales tienen que aguantar sí o sí calladitos y sin armar mucho escándalo. Como la mayoría somos unas pecadores sin remedio, pues nos vamos derechitos al infierno a que nos castiguen, que era lo que a El Bosco más le gustaba pintar. Y para El Bosco el pecado más mortal de todos era la lujuria, así que con él se explayaba y hacía unos cuadros que bien podían ser el Playboy de la época. Yo ya no sé si era un beato o era más bien  un listillo.

‘El jardín de las delicias’ es un tríptico, y se divide en 3 paneles diferentes. El primero muestra el paraíso, el segundo el desato de la lujuria, y el tercero la consecuencia de tal pecado. A través de ellos nos muestra de manera alegórica que los placeres de la vida son efímeros, y que las consecuencias que se derivan son el sufrimiento, la desgracia y la imposibilidad de ser feliz.

1. El paraíso terrenal

Delicias 02 (Parte izquierda del tr+¡ptico de El Bosco. Museo del Prado. Madrid)

En la tabla izquierda podemos ver la Creación de Adán y Eva, que están conversando tranquilamente en el Paraíso Terrenal con Dios muy jovencito. Dios parece prevenirles de la presencia de un pozo profundo y oscuro del que surgen pequeños monstruos que representan los vicios que podrían llevar a nuestros tortolitos al pecado y a la condenación. Cerca de ellos hay un árbol típico de las Islas Canarias (España), el drago, cuyo significado no está muy claro pero que, según los investigadores, podría representar el Árbol de la Vida.
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En el centro del paisaje podemos ver un bonito estanque, al que acuden a beber todo tipo de animales: podemos ver un unicornio, garzas, lagartos de tres cabezas, una especie de perro-canguro horroroso, una jirafa, y una tortuga de plástico (en la galería de abajo lo veréis), entre otros muchos bichos que viven felizmente en el cuadro. Y en el centro del apacible lago se alza una isla de piedras preciosas, donde encontramos una gran fuente de fantasía de la que brotan los cuatro ríos que recorren el Paraíso de la Biblia. Por un agujero nos mira un búho, que representa la hechicería, la sabiduría y la magia. Esta es la Fuente de la Vida, que se encuentra inaccesible y representa la tentación y la falsedad, presentes incluso en el Paraíso
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Un poco más a la derecha, sobre unas rocas, vemos el Árbol de la ciencia del Bien y del Mal, con la serpiente enrollada en el tronco. No es un manzano sino una palmera con piñas. El Bosco era muy así, modernillo y de inventarse cosas. Y además, si nos fijamos en la piedra sobre la que descansa, vemos que tiene forma de rostro. Es como si los matorrales le hicieran la nariz ganchuda y una boca triste, como advirtiendo de que es mejor no acercarse.
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Al fondo del cuadro vemos montañas azuladas de extrañas formas y cubiertas de vegetación, y entre ellas vuelan muchas bandadas de diferentes pájaros hacia el cielo del mediodía. De las montañas parecen surgir estructuras que sostienen planetas, la luna…  La escena indica al espectador que, habiendo sido ofrecido el Paraíso al hombre, el vicio y el pecado le pueden conducir al Infierno, que es el tema representado en el lado opuesto.
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2. El desato de la lujuria

El Bosco no estaba tonto, no. ¿Cómo pintamos una orgía en plena Edad Media sin que la Iglesia nos queme en la hoguera? Pues así, representándolo como una especie de tutorial medieval para ir al infierno de forma rápida, fácil y sencilla. En el retablo central un centenar de hombres y mujeres sin demasiado pudor se lo pasan pipa, acompañados de frutas y animales que tienen simbolismo sexual, como mejillones, granadas, uvas, fresas, cerezas…
retablo central - las mil historias del arte - beatriz vera vinuesa
Con esta parte de la obra, El Bosco representa cómo todos los mortales cometen el pecado sin pudor y sin miedo a ser castigados. Éste es el verdadero jardín de las delicias, situado entre el jardín del edén y el infierno, donde se desarrollan las vidas de los humanos. Si nos fijamos, las supuestas ‘montañas’ del fondo representan los órganos sexuales masculino y femenino. Los muchachos igual se dedican a cabalgar sobre una cabra, un grifo o un cerdo, que se encariñan con ellos y los vemos morreándose con patos, abrazando búhos o usando salmones como quien usa una lanza de justa. La escena más bizarra no puede ser, y no tiene nada que envidiar a una peli porno. Os pongo una pequeña galería con detalles para que lo apreciéis por vosotros mismos:

3. El castigo eterno

retablo infierno
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El Bosco narra así la caída del género humano. Después de pasarlo muy bien en la Tierra, todos los pecadores reciben su condena en el infierno. Todo tipo de criaturas y formas demoníacas castigan a los mortales de multitud de maneras, los torturan por sus actos en el anterior retablo.
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 En lo alto del cuadro se ve la imagen más típica del infierno, lleno de fuego y azufre. Estructuras extrañas se recortan contra un incendio, creando una aterradora ciudad en la que las almas de los condenados tendrán que vivir hasta que se acabe el mundo.
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También vemos instrumentos gigantes, esparcidos por aquí y allá. Estos instrumentos musicales simbolizan por tradición el amor y la lujuria. En la obra, estos instrumentos sirven para crucificar a los que en vida cometieron pecados carnales, e incluso vemos un pobre infeliz al que los demonios le han metido una flauta por el culete… yo creo que ése es el que antes se metía flores.
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 Los animales ya no son amistosos y colaborativos en la depravación de estas pobres personas, sino que ahora se encargan de castigarlos, junto con los demonios. Jaurías de perros comen carne humana, las hermosas garzas ahora se han convertido en diablos que portan tridentes, un zorro negro manosea a una mujer abatida. Si nos fijamos podemos encontrar una liebre que lleva colgando de un palo a sus presas humanas, y un terrorífico hombre-pájaro devora personas y los defeca en un pozo de excrementos. Al pobre tipo que se está comiendo en este momento le salen golondrinas por donde la espalda pierde su buen nombre.
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Esta escena parece haber sido sacada de una pesadilla surrealista y representa un infierno onírico, repleto de instrumentos de tortura. No faltan alusiones al clero, como el cerdo disfrazado de monja que abraza a un hombre desnudo.
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La banda sonora

En el último panel de la obra, una joven estadounidense llamada Amelia descubrió una curiosa partitura musical. Entre los instrumentos y personajes, El Bosco plasmó un libro con una partitura que parece continuar en las nalgas de un hombre para dar a entender que la banda sonora de esta obra debería interpretarse con un instrumento de viento (jeje, qué cachondo). Fascinada por el detalle, decidió “traducir” esta partitura antigua a la lengua musical moderna (nuestro tradicional pentagrama) para descubrir si obtenía una melodía. Y así fue:

La brevísima pieza de 30 segundos contiene varios errores y, según cuenta Amelia, está siendo corregida con la ayuda del departamento de música de su universidad. La noticia ha dado la vuelta al mundo y ha salido en todas las televisiones del planeta. Aunque yo creo que deberían haberla interpretado directamente con un instrumento de viento.

Si os ha gustado esta entrada y os interesan los detalles que tiene esta obra no os perdáis este cortometraje de Juan Ibáñez, que ha recreado “El jardín de las delicias” como una animación. ¡Os va a encantar!

Y ya sabéis la moraleja: si no sois buenos os comerá un pájaro gigante y acabaréis en un charco de heces. Avisados estáis.