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El gato en el Arte: ¿qué simboliza este tigre en miniatura?

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“Como esas esfinges de nobles posturas que descansan en la eternidad sobre la arena del desierto, miran sin interés a la nada, tranquilos y sabios.” Charles Baudelaire

SUELLEN ROSS

Suellen Ross

El gato es un animal especial. Su mirada penetrante, sus pupilas verticales repletas de misterio, su porte elegante, su carácter indomable pero a la vez cercano, mimoso y tierno… todo ello ha cautivado al ser humano desde los albores del tiempo. Un animal salvaje que convive con nosotros, formando parte de nuestra familia pero sin que nos deje formar parte de la suya. Los felinos son los reyes de la casa, tanto en el palacio del emperador como en la granja del más humilde campesino. Y es que tienen carisma, los muy malditos. ¿Quién se resiste a sus ojitos saltones? Los artistas seguro que no. Desde Manet a Goya, Renoir y Hunt… todos se han sentido fascinados por su sibilina presencia y lo han convertido en un símbolo más de la Historia del Arte. (Ya hablé en otra entrada de Louis Wain y su psicótica relación artística con ellos, podéis leerlo aquí)

 Hace cinco mil años que este animal vive entre nosotros. Es en cierto modo un animal doméstico, pero lo que más nos intriga de él es que no está verdaderamente domesticado. Esta personalidad ambigua le ha permitido conquistar un lugar de culto en cada cultura, en cada rincón del planeta… lo que conlleva convertirse en un símbolo del mundo del arte y la literatura.

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El gato se convirtió en dios egipcio de la mano de Bastet. Es lógico: los felinos libraban a los humanos de los seres que los hacían enfermar (como ratas o serpientes). Además, cazando a los pequeños roedores libraban los graneros de plagas que podían suponer la muerte por inanición de una familia o de pueblos enteros. Tener un gato significaba tener estatus, tener un tesoro que cuidaba de tu salud, tu sustento y tus negocios. Y, si podían proteger a las personas en este mundo, ¿por qué no en el plano espiritual? Así pues, Bastet se convirtió en protectora del hogar, y sus pequeños primos transmitían su voluntad a los sacerdotes…

… Sacerdotes que utilizaban a los gatos en sus hechicerías, claro. Y todos sabemos cómo se las gastaban más tarde, en la Edad Media, con todo lo relacionado a supuestas magias y movidas por el estilo. Empezó a asociarse la figura del gato con el satanismo, el ocultismo, las brujas, los calderos… y claro, a la Inquisición se le encendían los ánimos y acababan haciéndose verdaderas matanzas de estos animalitos por la tontería de que traían a Satán o a Belcebú o a yo-qué-sé-qué. Casi se llegó a su extinción en Europa, y cuando llegó la Peste Negra se armó la que se armó. ¡Ay, si no hubiese habido tanto fanatismo y brutalidad con los animales, la historia habría sido muy diferente!

mademoiselle Julie Manet con gato, RENOIR

A los supersticiosos tampoco les hacía mucha gracia que los felinos pudieran ver en la oscuridad. La conexión del gato con el mundo nocturno le ha convertido en portador de mala suerte, embajador de la magia y de las fuerzas oscuras, del misterio, lo desconocido… Muchas veces es un animal asociado a lo femenino, por el imaginario misógino que defendía que las mujeres eran portadoras de pecado y fatalidad. Por eso muchas veces aparecen acompañando a mujeres brujas, erizados y siseando. Por otra parte, la figura del gato y sus fluídos movimientos también se asocian con la elegancia, con la seducción y la lujuria. Por eso también aparecen como ronroneantes compañeros de damas hermosas de ojos inquisitivos y seductores, así como protectores de hermosas reinas y aristócratas, en la pintura.

¡Qué animal más hermoso, el gato! Mundano y mágico. Perezoso pero aventurero. Servicial pero nunca servil. Amistoso pero distante… es la dualidad personificada.

“Los perros creen que son humanos. Los gatos creen que son Dios.” Anónimo

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