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ANIMALES FANTÁSTICOS Y DÓNDE ENCONTRARLOS: el grifo

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A los lectores que gusten de la literatura fantástica no hace falta describirles qué animal es un grifo. Tampoco a los interesados en la mitología o la cultura clásica, y seguramente casi todo el mundo los ha visto en las películas o en alguna ilustración de cuentos infantiles.

El grifo es un animal fabuloso mitad león, mitad águila. Es una de las bestias fantásticas más carismáticas y representadas a lo largo del tiempo, por sus connotaciones positivas y el simbolismo que contiene su forma híbrida. Seguro que si nos acercamos a cualquier iglesia o catedral de nuestra ciudad podremos distinguir entre los muros de piedra, las tallas y las gárgolas a este ser. A veces costará reconocerlo, claro está. Hemos de tener en cuenta que en la época de las grandes catedrales la gente no tenía la capacidad ni la necesidad de realizar grandes viajes, y mucho menos tenían una cámara de fotos del futuro para saber qué es un león, qué es un elefante, cómo son los cocodrilos o a cómo se dibuja un rinoceronte. Dichos animales, para ellos, no existían. En aquella época solían encontrarse descripciones sobre animales lejanos tales como “un elefante es un animal grande como una torre con patas como árboles al que le crece una serpiente donde debiera tener nariz“. ¿Cómo dibujaríamos un bicho a partir de una descripción así? Pues eso: ante la duda, imaginación.

Parece que el nacimiento de la figura del grifo se sitúa en el arte de Mesopotamia y Egipto, donde se veneraba su figura majestuosa. En los jeroglíficos, el grifo representa el calor y el verano. En Asiria (antiguo imperio del oeste de Asia), tanto el grifo como el dragón representaban la sabiduría. Posteriormente los griegos lo adoptaron en su mitología: Una leyenda asegura que Alejandro Magno (356-323 a. de C.) puso arneses a ocho grifos y los sujetó a una cesta, que él posteriormente empleó para volar hasta los cielos y conquistar lo que existiera más allá de las nubes puesto que ya era suya toda la tierra. Plinio el Viejo creía que los grifos provenían del norte de Rusia; Esquilo, por su parte, pensaba que provenían de Etiopía, mientras que Bulfinch afirmaba que sus orígenes se encontraban en India.

En la Edad Media se creía que estos animales fantásticos existían por alguna parte, y constituían una parte muy importante en el imaginario medieval. Aparecían en los famosos bestiarios de San Basilio y San Ambrosio, que daban a los animales rasgos del comportamiento humano, asociándolos a las Siete Virtudes o a los Siete Pecados Capitales. Así, dividían a la fauna en “buenos” o “malos”… sí, un poco maniqueístas sí eran. Pues el grifo era un animal de las filas del “Bien”, y tenía como enemigo mortal al dragón, “el aprendiz/siervo/acompañante de Satanás”. Al igual que los dragones, las historias contaban que los grifos custodiaban tesoros de oro y gemas, siendo especialmente feroces a la hora de defenderlos de posibles ladrones. Pero lo más importante es el sentido de nobleza que tenían, dado que se componían de partes de los animales considerados más regios en los bestiarios de aquél entonces: el león y el águila, juntos eran los reyes de la tierra y del aire, respectivamente. Además, eran guardianes feroces de lo sagrado, y se les encontraba tanto en los templos como en los lugares que contenían profunda sabiduría, como bibliotecas. También se los representa como los protectores del Trono, y aparecen en castillos y palacios.

Además, como es un bicho bastante bonito y elegante, se lo utilizó muchísimo en la Heráldica. Muchas banderas de naciones o ciudades se elaboraron bordando este híbrido. Todos los nobles y aristócratas querían un grifo rampante en su escudo, pues representaba la vigilancia, el ingenio, la majestuosidad y la fiereza. Incluso hoy en día muchas instituciones lo han adoptado, sobre todo la policía o el ejército:

En cuanto a la religión, al principio fue tambien representado como una figura satánica que se divertía atrapando almas humanas, la criatura mas tarde se convirtió (a partir de La Divina Comedia de Dante) en un símbolo de la naturaleza dual (divina y humana) de Jesucristo, precisamente por su dominio del cielo y tierra.

Mirando más adelante en la historia encontramos a Lewis Carroll, que empleó al grifo como uno de los soberbios habitantes de el País de las Maravillas que visitó Alicia. Aparece como  un tipo autoritario, despectivo y que se cree poseedor de toda la sabiduría, sin arriesgarse a escuchar al resto de personajes ni a empatizar con ellos: está muy por encima del resto.

Además de grabados, ilustraciones en libros de todas las épocas y tallas en edificios podemos ver este animal fantástico en obras como:

MOREAU

Howard Pyle

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