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RUSKIN, MILLAIS Y GRAY: El gran cotilleo victoriano

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En 1854 la ciudad de Londres se llenó de cuchicheos y risitas. En las fiestas no se hablaba de otra cosa, se comentaban detalles en eternos chismorreos, era un secreto a voces que causaba más escándalo que la Guerra de Crimea. Y es que, para la beata sociedad de la época, lo ocurrido al famosísimo y célebre crítico de arte John Ruskin era un escándalo digno de debatirse y comentarse tanto por las mujeres en las salitas de té como por los hombres mientras bebían y fumaban puros en sus clubs. ¿Qué suscitaba tamaño marujeo? ¿Qué cotilleo era tan importante como para que se dejara la preocupación sobre la guerra en un segundo plano?

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fotografía de J.Ruskin

Hoy os traigo un culebrón de época, que empieza con una boda célebre: John Ruskin, el crítico de arte más importante de Inglaterra, que además era escritor y sociólogo (sí, era un buen partido y estaba muy codiciado) se casó con una guapa jovencita de Escocia, Effie Gray. Las familias de los Ruskin y los Gray se conocían desde hacía muchos años, de hecho los novios se habían conocido cuando él tenía 21 años y ella 12… con lo que se llevaban unos añitos. Bueno, es conocida la fascinación de Ruskin hacia la belleza de las niñas,”…una noción infantil de la feminidad, mitad gatito, mitad reina de las hadas, y cuando la confrontaba con la realidad retrocedía horrorizado“.

Ruskin era el único hijo de un matrimonio muy religioso, y tenía un gran apego hacia ellos puesto que lo habían sobreprotegido toda su vida. Él nació cuando sus padres tenían 40 años, por lo que lo trataban como a un tesoro frágil: de niño no podía tener compañeros de juego ni amigos, porque a sus padres les preocupaba que pudieran ser una mala influencia o le hicieran daño. Cuando se hizo mayor de edad, su madre lo acompañaba a todas partes por si le pasaba algo. Vamos, lo más normal del mundo.

Total y volviendo a la historia, que nada más que Effie Gray llegó a la “edad aceptable para casarse”, Ruskin estaba coladito hasta la médula por ella, y empezó con su seducción en forma de cartas donde declaraba su amor y poesías interminables sobre su belleza y todas sus cualidades. Finalmente, le pidió su mano y ella aceptó, conquistada.

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Effie Gray, retrato de Millais

La boda se celebró en casa de Effie, aunque los padres de Ruskin no acudieron: aunque les gustaba la chica y les caía bien su familia, no querían compartir a su pequeño y único hijo con nadie (ni siquiera con su propia esposa)… estaban muy cabreados con su John porque se iría de casa. 

Después de la boda y del festejo, ya sabéis lo que ocurre. Pues la noche de bodas fue un auténtico y completo desastre: parece que John Ruskin, uno de los hombres más cultos de Inglaterra, no había visto una mujer desnuda en su vida y se pensaba que eran como las de las esculturas clásicas o las de los cuadros… una cosa así:

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¡¡Ay, cuando Effie se quitó la ropa!! ¡¡Ay, cuando vio que tenía pelo ahí donde las estatuas están calvas!! Retrocedió horrorizado, muerto de terror y de asco, y se negó a consumar el matrimonio. Imaginad a la pobre Effie, a la que por su belleza y sus ojos azules todos habían intentado conquistar, cuando se vio rechazada por su marido en la noche de bodas. Tremendo.

Se pasaron así cinco largos años, en los que el matrimonio vivía como si fueran compañeros de piso, sin tocarse ni mirarse porque a Ruskin le daba asco. En todo este tiempo, John le ponía excusas de mal pagador: “tener hijos arruinará tu deliciosa silueta”, “no puedo acostarme contigo por motivos religiosos”, “tenemos que esperar para demostrar nuestro amor”, “los niños no me gustan”... Al final a Ruskin se le acabaron los cuentos y se sinceró diciendo “Es que yo pensaba que las mujeres eran otra cosa“.

 En 1852 ocurrió algo: John Everett Millais, un joven pintor (también del prerrafaelismo como los protagonistas de esta entrada) le pidió a la bella  Effie Gray que posara para un cuadro que tenía pensado: The Order of Release (La Orden de Liberación).

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LA ORDEN DE LIBERACIÓN: La pintura representa a la esposa de un soldado rebelde escocés, que ha sido encarcelado después de que el aumento de Jacobite de 1745 , llegando a una orden de asegurar su liberación. Ella sostiene a su hijo, que muestra la orden de un guardia, mientras que su marido la abraza. El perro simboliza la fidelidad.

Mientras ella posaba, en las largas horas y los largos días que pasaron hasta que Millais completara su obra, Effie y Millais se hicieron grandes amigos: al final, Effie le confesó entre lágrimas sus problemas maritales. Que su marido siempre la miraba como si fuera deforme, que se sentía horrenda y desgraciada y que, después de cinco años de casada, seguía siendo virgen. Y no solamente en el sexo tenían problemas, sino que en lo emocional su marido la mareaba también: cuando Effie y él estaban separados, le escribía bellísimas cartas de amor, pero cuando estaban juntos él la trataba como a un par de zapatillas viejas. Además no quería darle ningún tipo de independencia, y aunque ella se rebelaba contra la opresión, él montaba en cólera y le impedía que acudiera a fiestas o visitara a sus amigas. Le contó que los padres de él la acusaban de que Ruskin no siguiera escalando en su carrera, que consideraban que ella no era suficientemente agradecida, y él les daba la razón… Millais y Effie compartían cada vez mas cosas, y se fueron haciendo más cercanos.

El cuadro tuvo un enorme éxito en toda Inglaterra y fuera de ella, así que John Ruskin pensó que no iba a ser menos que su esposa: si ella había sido retratada por el gran artista Millais, él también… ¡Hombre ya! Así pues, le pidió a Millais que también lo inmortalizara en un retrato. Para ello, le invitó a pasar el verano con ellos en los Trossachs. Y allí, durante ese verano, pasó lo inevitable y lo que tenía que pasar: Millais y Effie Gray se enamoraron.

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Retrato de Ruskin por Millais

Al acabar las vacaciones, Effie decidió ser valiente y decirle a su marido que lo suyo se había acabado. A pesar del berrinche de Ruskin, la joven estaba harta de él y solicitó la anulación de matrimonio alegando que su marido era impotente. ¡Ay, la que se armó! Ruskin intentó defender su honra, y contratacó diciendo que Effie era una desequilibrada mental y que no quería arriesgarse a tener hijos locos con ella. ¡Con dos co**ones! Así pues, la pobre Effie tuvo que someterse a un examen médico para, además de negar que estaba loca, se acreditara que seguía siendo virgen. Para ella, la perspectiva de un examen físico público y tener que declararlo todo era tan vergonzosa que pasó con una parálisis de shock 10 días, pero era fuerte y aún así continuó adelante. La opinión pública estaba enloquecida –no olvidemos que Ruskin era un hombre muy conocido y famoso en Londres– y los secretos de la pareja empezaron a airearse y comentarse en todos los rincones. ¡Era un escándalo!

Finalmente, Effie Gray consiguió la anulación en 1854, y decidió hacer todo lo posible por no equivocarse nunca más en temas de hombres: hizo que Millais esperara siete meses sin verla, para probar si sus sentimientos hacia ella eran sinceros. Y parece ser que así fue, pues un año después se casaron tremendamente enamorados. Su matrimonio fue inmensamente feliz y tuvieron nada más y nada menos que ocho hijos… por supuesto, ninguno estaba loco.  Millais se convirtió en un hombre rico y respetado, uno de los pintores más famosos y, aunque por el escándalo que Effie había suscitado no se le permitía verse con la Reina Victoria (amiga de la familia), ambos pasaban el tiempo con la Familia Real inglesa sin ningún problema.

Ruskin intentó casarse de nuevo con otra adolescente, pero la familia tuvo sentido común y pidió su opinión a Effie por carta… finalmente, Ruskin no volvió a casarse: ni con ella, ni con ninguna niñita más. Fue demandado por libelo y su reputación se destruyó, con lo que sufrió una depresión eterna y visiones delirantes, y no se le volvió a ver más.

Lo que viene siendo un final feliz de cuento de hadas.

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Effie Gray y John Everett Millais

Millais inmortalizó a su esposa y a dos de sus hijos en un cuadro posterior llamado “PAZ CONSUMADA” (Peace concluded) en la que aparece un soldado herido en la Guerra de Crimea (que pasó mientras se desarrollaba esta historia marujil) que llega a casa para estar con su familia.

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Paz consumada: Las niñas juegan con un arca de Noé, un juguete muy de moda en la época, y los animales que han colocado sobre la falda de su madre, de color rojo sangre, simbolizan los cuatro países que habían luchado en la contienda: el león representa a Gran Bretaña, el gallo a Francia, el oso a Rusia y el pavo al Imperio Otomano (Turkey en inglés significa “Turquía” y “pavo”). La niña de la izquierda sostiene en la mano una paloma, símbolo de la paz, y nos mira con aire interrogante. Cuando se expuso en público, hasta el cretino de John Ruskin admitió que era una gran obra de arte que pasaría a la historia. Y aquí sigue.

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