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El bosque maldito: el enigma de Bomarzo

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El mundo del Arte está lleno de misterios, lenguajes secretos y símbolos indescifrables. Preparad las mochilas porque hoy vamos a viajar a un destino no demasiado conocido de uno de los países con más historia de Europa: Italia. Pero no vamos a ver las maravillas romanas, sino que nos vamos a perder en un bosque repleto de enigmas: el Bosque Sagrado de Bomarzo.

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A unos 70 km de Roma, en Viterbo, se encuentra el Parque de los Monstruos o Bosque Sagrado, donde estas fascinantes esculturas cubiertas de vegetación por siglos mezclan el arte y lo inquietante. Y es que, si estas estatuas supieran hablar, nos contarían cuentos tristes que quizá no nos gustaría demasiado oír. Por aquel entonces Viterbo estaba repleto de residencias estivales de gentes de alta alcurnia, que acudían allí a meditar y alejarse de la bulliciosa Roma.

La historia de este inigualable jardín del terror comienza en el siglo XVI con el jorobado Pier Francesco Orsini, mercenario, duque y mecenas del Renacimiento, se retiró del oficio de la guerra para vivir con su amada esposa, la bella y noble Giulia Farnese, al ducado de Bomarzo.  Cansado de las cruentas batallas contra los españoles, en una Europa repleta de miseria y crueldad, se alejó de la religión cansado de que Dios no respondiera sus plegarias, y se rodeó de artistas, poetas, pensadores, ocultistas… pero ante todo, quería disfrutar de su vida al lado de Giulia, a la que amaba apasionadamente. Y es que a él la vida le había negado toda belleza haciéndolo deforme, pero no cabía en sí de alegría al ver que una mujer lo amaba a pesar de todo eso. Sin embargo ella murió muy joven, dejando a Pier Francesco Orsini sumergido en una terrible angustia y un vacío interior que jamás lograría curar.

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Así pues, encargó al escultor y arquitecto Pirro Ligorio (quien sustituyó a Miguel Ángel en la construcción de la basílica de San Pedro del Vaticano) que hiciera lo impensable: que construyera un lugar alejado de la armonía, la alegría y la belleza que debían predominar en toda obra renacentista para reflejar el dolor de su corazón y poder dedicarle este jardín al alma de su esposa. Y es que quienes han estudiado la disposición de las esculturas y edificios que podemos encontrar en el parque señalan que éste escenifica el itinerario simbólico de ‘El sueño de Porfirio’, donde se narra el viaje del angustiado protagonista para revivir su amor con Polia, prematuramente muerta.

Sin embargo, algo es seguro: el jardín de los monstruos muestra la soledad de quien lo hizo. Pier Francesco Orsini dedicó su vida a rodearse de la belleza que el destino no le había querido otorgar y, repudiado por su familia, se escondió en su palacio de Bomarzo limitando su contacto con el resto de gente, dedicándose a pasear entre las estatuas recordando el tiempo en el que fue feliz.

 Durante casi treinta años escultores y arquitectos siguieron las directrices del noble para que el microuniverso que su patrón quería representar fuera tomando forma: como si fuera un zoológico compuesto por seres mitológicos que vivirán entre árboles y arroyos. En él también encontramos una especie de templo renacentista que se edificó con planta octogonal porque el ocho significa la resurrección. Encontramos entre la hiedra un pequeño teatro romano… lo cierto es que este jardín ha acabado siendo una joya en sí mismo porque no hay ninguno igual ni remotamente parecido en todo el mundo. Y es un lugar que impresiona al comprender que todo tiene su significado: un significado de magia, de vida eterna, de elementos ocultos y cábalas de alquimistas.

“Entras por la boca del monstruo hasta una sala circular y comprendes que estás ingresando en las entrañas de Bomarzo, es decir,
en el vientre de la tierra, el lugar donde el polvo y el agua se condensan, y donde la muerte se convierte en morada definitiva”
Pedro Jesús Fernández

BOMARZO DORMIDO

El Parque de los Monstruos permaneció olvidado y abandonado más de 300 años, desde la muerte de Orsini hasta que fue re-descubierto en la primera mitad del siglo XX, pues pocos lugareños se atrevían a entrar. Los monumentos habían quedado ocultos por la vegetación, en un estado tan ruinoso que requirió una severa restauración realizada en 1954. Este estado ruinoso acentuó todavía más el carácter misterioso y triste del lugar. Cabe destacar que la jardinería original, que tenía un importante papel y presumiblemente incluía un laberinto de seto, se ha perdido.

La gran obra de este Jardín Sagrado sirvió de inspiración e influencia a grandes genios como Salvador Dalí que se inspiró en el jardín para uno de sus cuadros: “La tentación de San Antonio”. Cuenta la leyenda que André Breton le espetó a Dalí: “Aquí está todo tu universo cuatrocientos años antes de que se te ocurriera”. O el escritor Manuel Mujica, que tras haber visitado Bomarzo escribió una novela intentando describir (o descubrir) lo que atormentaba tanto a Pier Francesco Orsini.

¿Qué podemos encontrar en este parque?

Para que no se haga demasiado largo, voy a dejar algunas de las cosas impensables que se pueden descubrir en este particular jardín del terror.

– Las Esfinges: dos esfinges vigilan la entrada al jardín. Uno de los rostros de estas mujeres-león podría ser el retrato de Giulia. Las esfinges son portadoras de enigmas. Desde la entrada habrá que estar atentos a sus advertencias. En sus pedestales se puede leer en italiano: ‘tú que aquí entras con la idea de verlo todo de parte a parte, dime luego si tantas maravillas se han hecho por engaño o bien por Arte’.

– El templo: El arquitecto Vignola hizo de este pequeño templo un modelo de perfección mediante el Número de Oro y la Divina Proporción. Una calavera y dos tibias cruzadas recuerdan a la entrada que la amada espera a su señor más allá de la puerta, entremezclando el amor y la muerte. La planta tiene 8 lados, símbolo de resurrección.

– Estatuas gigantescas: El mito del combate de gigantes o titanes hace referencia a los orígenes del planeta. Es, además, el primer objeto de estudio de todo alquimista. Aquí, en Bomarzo, un brutal gigante de más de 4 metros de altura descuartiza a otro partiéndolo por la mitad. Sucesivamente aparecen Hercules despedazando a Caco, reflejando la dualidad entre el bien y el mal, Cancerbero (el perro del dios Hades con tres cabezas), la Tortuga  coronada con un hada sobre un obelisco, Fuente de Pegaso,  Néptuno o Plutón, Dragón que compite con un perro/lobo/león, o el Elefante de Aníbal, aplastando con su trompa a un legionario romano. También podemos encontrar a Ceres, la  Mujer durmiente, la Furia Alada, Echidna y los dos leones…

– La casa Inclinada: construida  en 1555 con tanta pendiente que es casi imposible llegar al otro lado de las salas. Desde dentro el efecto que produce es extraño, como si fuese imposible alcanzar el equilibrio.

– La boca del orco: lo más impresionante del lugar y parada obligatoria para tomar una foto. Una enorme cabeza petrificada en un grito de dolor, sobre cuyo labio superior está grabado “Ogni Pensier Vola” (“todo pensamiento es fugitivo”). La cara desfigurada del orco se abre para que el visitante pase hacia sus entrañas.

¡Aquí os dejo un pequeño vídeo con más detalles y lugares perdidos en este impresionante lugar! ¿Es o no un lugar perfecto para una sesión de fotos?

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Una partitura en el culo: La canción secreta del jardín de las delicias

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Hieronymus Bosch, El Bosco, se ha convertido con el paso de los siglos en uno de los pintores más enigmáticos de la Historia del Arte. La fantasía que desbordan sus inquietantes lienzos, unida a un cierto ‘horror vacui‘ que le lleva a representar auténticas legiones de seres monstruosos, fantásticos, objetos maravillosos y personajes de época, le ha llevado a ser vinculado con la alquimia, la astrología o incluso con sectas de la época… aunque sin demasiado fundamento, todo hay que decirlo. Aún así, sí que es verdad que parece que El Bosco alucinaba un poco cuando se ponía a pintar, o por lo menos se flipaba mogollón.

Sus obras despiertan fácilmente la fascinación en nuestra imaginación, y prueba de ello es el alboroto que se ha creado no sólo en Internet, sino en los medios de comunicación tradicionales, con el curioso hallazgo relacionado con una de las pinturas más célebres y misteriosas de ‘El Bosco’: El jardín de las Delicias.

El jardín de las Delicias HD - Las mil historias del arte - Beatriz Vera Vinuesa

El Bosco era un beato, esto es así. En sus obras siempre está presente el dolor y la muerte, que eran un must en la Edad Media y suponen la condenación eterna a causa del pecado. Y esta filosofía nos dice que salvar el alma sólo es posible a través del sufrimiento, que los mortales tienen que aguantar sí o sí calladitos y sin armar mucho escándalo. Como la mayoría somos unas pecadores sin remedio, pues nos vamos derechitos al infierno a que nos castiguen, que era lo que a El Bosco más le gustaba pintar. Y para El Bosco el pecado más mortal de todos era la lujuria, así que con él se explayaba y hacía unos cuadros que bien podían ser el Playboy de la época. Yo ya no sé si era un beato o era más bien  un listillo.

‘El jardín de las delicias’ es un tríptico, y se divide en 3 paneles diferentes. El primero muestra el paraíso, el segundo el desato de la lujuria, y el tercero la consecuencia de tal pecado. A través de ellos nos muestra de manera alegórica que los placeres de la vida son efímeros, y que las consecuencias que se derivan son el sufrimiento, la desgracia y la imposibilidad de ser feliz.

1. El paraíso terrenal

Delicias 02 (Parte izquierda del tr+¡ptico de El Bosco. Museo del Prado. Madrid)

En la tabla izquierda podemos ver la Creación de Adán y Eva, que están conversando tranquilamente en el Paraíso Terrenal con Dios muy jovencito. Dios parece prevenirles de la presencia de un pozo profundo y oscuro del que surgen pequeños monstruos que representan los vicios que podrían llevar a nuestros tortolitos al pecado y a la condenación. Cerca de ellos hay un árbol típico de las Islas Canarias (España), el drago, cuyo significado no está muy claro pero que, según los investigadores, podría representar el Árbol de la Vida.
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En el centro del paisaje podemos ver un bonito estanque, al que acuden a beber todo tipo de animales: podemos ver un unicornio, garzas, lagartos de tres cabezas, una especie de perro-canguro horroroso, una jirafa, y una tortuga de plástico (en la galería de abajo lo veréis), entre otros muchos bichos que viven felizmente en el cuadro. Y en el centro del apacible lago se alza una isla de piedras preciosas, donde encontramos una gran fuente de fantasía de la que brotan los cuatro ríos que recorren el Paraíso de la Biblia. Por un agujero nos mira un búho, que representa la hechicería, la sabiduría y la magia. Esta es la Fuente de la Vida, que se encuentra inaccesible y representa la tentación y la falsedad, presentes incluso en el Paraíso
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Un poco más a la derecha, sobre unas rocas, vemos el Árbol de la ciencia del Bien y del Mal, con la serpiente enrollada en el tronco. No es un manzano sino una palmera con piñas. El Bosco era muy así, modernillo y de inventarse cosas. Y además, si nos fijamos en la piedra sobre la que descansa, vemos que tiene forma de rostro. Es como si los matorrales le hicieran la nariz ganchuda y una boca triste, como advirtiendo de que es mejor no acercarse.
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Al fondo del cuadro vemos montañas azuladas de extrañas formas y cubiertas de vegetación, y entre ellas vuelan muchas bandadas de diferentes pájaros hacia el cielo del mediodía. De las montañas parecen surgir estructuras que sostienen planetas, la luna…  La escena indica al espectador que, habiendo sido ofrecido el Paraíso al hombre, el vicio y el pecado le pueden conducir al Infierno, que es el tema representado en el lado opuesto.
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2. El desato de la lujuria

El Bosco no estaba tonto, no. ¿Cómo pintamos una orgía en plena Edad Media sin que la Iglesia nos queme en la hoguera? Pues así, representándolo como una especie de tutorial medieval para ir al infierno de forma rápida, fácil y sencilla. En el retablo central un centenar de hombres y mujeres sin demasiado pudor se lo pasan pipa, acompañados de frutas y animales que tienen simbolismo sexual, como mejillones, granadas, uvas, fresas, cerezas…
retablo central - las mil historias del arte - beatriz vera vinuesa
Con esta parte de la obra, El Bosco representa cómo todos los mortales cometen el pecado sin pudor y sin miedo a ser castigados. Éste es el verdadero jardín de las delicias, situado entre el jardín del edén y el infierno, donde se desarrollan las vidas de los humanos. Si nos fijamos, las supuestas ‘montañas’ del fondo representan los órganos sexuales masculino y femenino. Los muchachos igual se dedican a cabalgar sobre una cabra, un grifo o un cerdo, que se encariñan con ellos y los vemos morreándose con patos, abrazando búhos o usando salmones como quien usa una lanza de justa. La escena más bizarra no puede ser, y no tiene nada que envidiar a una peli porno. Os pongo una pequeña galería con detalles para que lo apreciéis por vosotros mismos:

3. El castigo eterno

retablo infierno
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El Bosco narra así la caída del género humano. Después de pasarlo muy bien en la Tierra, todos los pecadores reciben su condena en el infierno. Todo tipo de criaturas y formas demoníacas castigan a los mortales de multitud de maneras, los torturan por sus actos en el anterior retablo.
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 En lo alto del cuadro se ve la imagen más típica del infierno, lleno de fuego y azufre. Estructuras extrañas se recortan contra un incendio, creando una aterradora ciudad en la que las almas de los condenados tendrán que vivir hasta que se acabe el mundo.
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También vemos instrumentos gigantes, esparcidos por aquí y allá. Estos instrumentos musicales simbolizan por tradición el amor y la lujuria. En la obra, estos instrumentos sirven para crucificar a los que en vida cometieron pecados carnales, e incluso vemos un pobre infeliz al que los demonios le han metido una flauta por el culete… yo creo que ése es el que antes se metía flores.
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 Los animales ya no son amistosos y colaborativos en la depravación de estas pobres personas, sino que ahora se encargan de castigarlos, junto con los demonios. Jaurías de perros comen carne humana, las hermosas garzas ahora se han convertido en diablos que portan tridentes, un zorro negro manosea a una mujer abatida. Si nos fijamos podemos encontrar una liebre que lleva colgando de un palo a sus presas humanas, y un terrorífico hombre-pájaro devora personas y los defeca en un pozo de excrementos. Al pobre tipo que se está comiendo en este momento le salen golondrinas por donde la espalda pierde su buen nombre.
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Esta escena parece haber sido sacada de una pesadilla surrealista y representa un infierno onírico, repleto de instrumentos de tortura. No faltan alusiones al clero, como el cerdo disfrazado de monja que abraza a un hombre desnudo.
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La banda sonora

En el último panel de la obra, una joven estadounidense llamada Amelia descubrió una curiosa partitura musical. Entre los instrumentos y personajes, El Bosco plasmó un libro con una partitura que parece continuar en las nalgas de un hombre para dar a entender que la banda sonora de esta obra debería interpretarse con un instrumento de viento (jeje, qué cachondo). Fascinada por el detalle, decidió “traducir” esta partitura antigua a la lengua musical moderna (nuestro tradicional pentagrama) para descubrir si obtenía una melodía. Y así fue:

La brevísima pieza de 30 segundos contiene varios errores y, según cuenta Amelia, está siendo corregida con la ayuda del departamento de música de su universidad. La noticia ha dado la vuelta al mundo y ha salido en todas las televisiones del planeta. Aunque yo creo que deberían haberla interpretado directamente con un instrumento de viento.

Si os ha gustado esta entrada y os interesan los detalles que tiene esta obra no os perdáis este cortometraje de Juan Ibáñez, que ha recreado “El jardín de las delicias” como una animación. ¡Os va a encantar!

Y ya sabéis la moraleja: si no sois buenos os comerá un pájaro gigante y acabaréis en un charco de heces. Avisados estáis.

Caza de brujas: entre el pánico y la fascinación

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El siglo XVII es el periodo de las grandes “cazas de brujas” en Europa. Avivados por una cultura machista en la que la mujer  se creía moralmente inferior y naturalmente inclinada a los pecados más nefandos, por el gusto del pueblo a ver juicios y ejecuciones en directo (el antiguo Gran Hermano), los ciudadanos entraron en una espiral de sospechas y acusaciones en las que cualquier malentendido o excentricidad acababa fácilmente en ‘barbacoa’.

Decenas de miles de mujeres y niños murieron quemados en la hoguera tras ser juzgados públicamente, en una sociedad donde el poder judicial y el religioso estaban profundamente ligados. La gente enloquecía de pánico si en el pueblo aparecía uno de esos grimorios prohibidos, libros sobre hechicería o gallos decapitados.  La bruja dejó de ser aquella señora que conocía las hierbas con las que crear ungüentos, pócimas y cataplasmas sanadoras -o no- para los campesinos, y tampoco era aquella a la que el pueblo llano (y no tan llano, pues los que ostentaban el poder hacían lo mismo) acudía para que le leyera la buena fortuna o bendijese sus campos. No. Empezó a configurarse una nueva imagen de la bruja, que tiene su principal origen en la asociación de la brujería con el culto al Diablo… o a dioses extraños al cristianismo, que venía a ser lo mismo.

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El aquelarre de brujas, Frans Francken

El caso es que fueron años de sospecha y conmoción, de terror porque la hija de tu vecina hubiera sido vista en el bosque a altas horas de la noche o simplemente supiera leer. A los artistas les pasó también. En aquella época lo más normal era pintar cuadros religiosos, incluso relacionados con los mitos. Pero he aquí que las cazas de brujas sirvieron para alimentar los lienzos con extraños personajes, escenas siniestras que se desarrollaban en ambientes de misterio y oscuridad. Y un puntito de fascinación, como siente cualquier ser humano ante lo prohibido y peligroso. 

Uno de los artistas brujeriles más conocidos es Frans Francken el Joven, que procedía de una familia de pintores de renombre. Sin embargo, él fue mucho más conocido que sus predecesores y hermanos por atreverse con temas nuevos que todavía no se plasmaban en las pinturas. Uno de ellos fue el de las brujas que aterrorizaban a Europa. En ellas podemos ver toda la iconografía tradicional de las hechiceras: calderos, cráneos, murciélagos, fuegos demoníacos, súcubos, demonios con elementos de cabra, almas en pena… 

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Asamblea de brujas (Hexensabbat) – Frans Fracken el Joven

Otros artistas han pasado a la posteridad por creerse hechizados con el mal de ojo. ¡Ay, qué buenas excusas se ponían entonces! Un ejemplo típico es Guido Reni, pintor renacentista italiano, que se creía víctima de hechiceras malintencionadas que lo gafaban. Era como un hipocondríaco de lo supernatural. Además de una intensa misoginia y nefasta adicción al juego, Guido Reni vivía obsesionado con las supersticiones que lo atemorizaban hasta la médula. 

En su biografía se cuenta que Reni estaba continuamente temiendo ser envenenado por bebedizos preparados por alguna bruja, razón por la cual jamás dejaba entrar a mujer alguna en su vivienda. Jamás comía nada que no hubiera cocinado él mismo, de modo que si algún cliente o admirador le ofrecía algún manjar lo escondía disimuladamente y lo dejaba pudrir por miedo a que estuviera sazonado con pócimas o venenos. En particular tenía pánico a las viejas, y huía de ellas cada vez que se las cruzaba en la calle o el mercado. 

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La masacre de los inocentes – Guido Reni (detalle)

Lo más divertido es que Guido Reni atribuía cualquier episodio singular o ligeramente “fuera de lo normal” a la acción de sus temidas seguidoras del Maligno. Así, cuando en cierta ocasión perdió en casa una de sus zapatillas, lo atribuyó a la acción de las brujas, y lo mismo ocurrió cuando una vez apareció la camisa de una mujer entre su ropa. Y ni os digo cuando perdía la inspiración: 

“… me preguntó si alguien podría hechizar las manos de una persona de modo que ya no pudiera manejar el pincel y trabajara mal forzosamente(…) Sabedor de sus pensamientos, le dije francamente que no (…) Contestó que en Roma un francés le había enseñado un sortilegio mediante el cual se podría, al tocarle a uno la mano de un modo amistoso, comunicarle en poco tiempo una enfermedad incurable de la cual moriría infaliblemente”.

Obviamente, Guido Reni murió virgen. 

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El Aquelarre, de Francisco Goya. El cuadro queda dominado por la figura de un gran macho cabrío, que bajo la luz de la luna avanza sus patas delanteras para recibir de dos brujas la ofrenda de niños que tanto le agradan… Ello evoca la descripción de cómo dos hermanas, María Presona y María Joanato, mataron a sus hijos “por dar contento al demonio” que recibió “agradecido” el ofrecimiento… También vemos a media docena de niños, varios de ellos ya chupados, esqueléticos y a otros colgados de un palo

También en el arte de Goya la brujería tuvo un importante papel. En la imagen de arriba aparece analizado El Aquelarre, que es terrorífico cuando se conoce su significado. Aunque curiosamente con estas pinturas pretendía burlarse de las supersticiones y actos de quienes creían en estas cosas, sus cuadros dan pavor en lugar de risa. Así retrataba Goya una sociedad española cruel, dada a los crímenes, crédula e ignorante hasta la médula, supersticiosa y violenta. Influido por el caso de las Brujas de Zugarramurdi, donde se quemaron vivas seis personas para alegría de los más sádicos, y el caso de Logroño, el artista se atrevió incluso a criticar a la Iglesia Católica por su barbarie… razón por la cual fue denunciado a la Inquisición y sus obras que tenían la mínima relación con obispos o frailes fueron retiradas. 

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El aquelarre, GOYA

Sin embargo, en el tiempo también han existido aquellos artistas más fascinados que asustados por aquellas mujeres que sabían manejar lo sobrenatural. Uno de los mejores ejemplos es el prerrafaelita John William Waterhouse. Bebía de los mitos e historias clásicas para crear hermosísimas hechiceras. Poderosas, jóvenes, sabias y bellas, así es como veía a las brujas, alejado de la clásica imagen de vejez y fealdad. Con libros de magia, pociones o bestias fantásticas, las hechiceras se convertían en sex symbols de la época. 

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El círculo mágico – John William Waterhouse

Por si tenéis ganas de más, aquí os dejo una galería con imágenes sobre la representación de este tema a lo largo de la Historia. 

La tumba de Gengis Khan: el gran misterio mongol

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La tumba de Gengis Khan: el gran misterio mongol

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Estrenamos sección nueva, dedicada a las grandes obras que se han “perdido” a lo largo de la Historia, y que hoy en día siguen siendo un enigma. Puede que esta vez no tenga tanto que ver con la Historia del Arte, pero sí con la Historia de Civilizaciones. Uno de los grandes retos de los arqueólogos modernos sigue siendo la tumba de un personaje histórico que conquistó casi medio mundo: Gengis Khan, el rey de los mongoles.

En primer lugar, debería deciros que empecé a interesarme por la historia de los mongoles (me ahorraré decir “historia mongola” porque queda como… poco serio) a través de un artista e ilustrador que merece una mención especial por su estilo personal y la calidad de todo lo que hace. A mi me fascina. Este artista es PHOBS, y lo podéis encontrar en su Deviantart.

Es un verdadero apasionado de la historia y está enamorado de los mongoles, sus leyendas, la estética de su imperio.

¿QUIÉN FUE GENGIS KHAN?

Los españoles que no se interesan un poco no saben casi nada sobre Gengis Khan, a diferencia de los alumnos en el centro de Europa y en Rusia. Hasta aquí no llegó la conquista y saqueo mongol, por lo que nos queda un poco lejano, así que en el colegio ni siquiera se nos explica quién fue y hay que tener suerte con que nos lo nombren. Gengis Khan alzó de la nada un imperio al unir bajo una ley férrea a todas las tribus mongolas –entonces grupos de menos que bandidos, saqueadores y violadores– y con su gran ingenio militar cabalgó sobre ciudades y reinos hasta llegar a Europa. gengis-khan

A grandes rasgos, Gengis Khan no se llamaba Gengis Khan. Su nombre fue Temujin, y nació en una familia noble que, a la muerte del padre (envenenado a traición por los tártaros), se vio obligada a vivir en la miseria y en peligro de muerte constante. Temujin eligió a su esposa Börte cuando tenía 8 años, y años más tarde logró recobrarla. Al día siguiente de su noche de bodas, un clan enemigo la secuestró sin que él pudiera hacer nada… así que se armó un pifostio. Temujin acudió a un amigo suyo, éste llamó a sus colegas, y se hizo una guerra por una mujer, algo impensable e inenarrable en la sociedad mongola (donde la mujer valía menos que un caballo, valía un abrigo de piel de marta). Total, que después de masacrar el clan enemigo, un año después, resulta que Börte había tenido un hijo de sus captores. En lugar de repudiarlo, Temujin le puso por nombre “Sochi“, que significa “extranjero, visitante”… para dejar claro que no se trataba de uno más del clan. Sin embargo, lo educó como hijo propio, y según parece lo quiso como si fuera suyo. Después, Temujin volvió a caer en desgracia por la traición de sus amigos y lo cogieron como esclavo… aunque su esposa consiguió liberarlo después de un tiempo. Fue entonces cuando se decidió a unificar a los mongoles en una sola tribu para que dejaran de pegarse mamporros entre ellos y que se los pegaran a otros, y dijo “se van a cagar estos chinos”. Y allí que se fueron los mongoles, a pegarles a base de bien. Tan buenos tortazos les metieron, que los conquistaron. Se proclamó Gran Khan y se cambió el nombre. Con su esposa tuvo muchos hijos legítimos más, que en el futuro fueron sus herederos. Y no se paró ahí: luego fue Rusia, y luego Europa, Persia, también conquistó parte de Oriente Medio, además de la India. Gengis Khan tuvo 36 esposas, que le dieron chorrocientos hijos (no los conoció a todos, supongo). Además, violaba a todas las mujeres que podía… por lo que en estos momentos no menos de 16 millones de personas en este planeta son de una misma familia (tienen una misma pauta genética), y esa familia no es otra que la de Genghis Khan.  “La mayor felicidad”, dejó dicho, “consiste en derrotar a tus enemigos, perseguirlos, robarlos y acoger en tu regazo a sus esposas y a sus hijas”. Encantador, directo y tan eficaz como un mal virus. El Imperio mongol, como tal, desapareció a finales del siglo XII, aunque su influencia sobre los territorios que había conquistado duraría siglos.

Gengis Kan murió en 1227 de una caída de caballo, de una herida o quizá de tifus, según otra leyenda, mientras sitiaba Ningxia (hoy Yinchuan, en China), capital del reino de Xi Xia. Fue cerrar un ciclo. Con la conquista de esa misma ciudad había comenzado en 1209 la expansión de sus dominios desde las estepas al norte del Gobi. Ahora, el guerrero invicto quería hacer pagar al rey tributario de Ningxia su negativa a ayudarle en una campaña anterior. Antes de morir, el Kan decretó la destrucción de la ciudad. Con aquella orden desapareció una cultura.

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Así representa PHOBS a Temujin y a uno de sus hermanos

¿QUÉ SE SABE SOBRE LA TUMBA?

La leyenda cuenta que cuando Gengis Khan empezó a preocuparse por su propia muerte, hizo construir una gran tumba, una ciudad necrópolis, en un paisaje escogido de la vastísima Mongolia. Allí enterraría junto a él grandes riquezas recogidas en el expolio de las diversas regiones conquistadas y todo aquello que consideraba que debía acompañarlo al viaje más allá. Se dice que, para evitar el saqueo del oro y los tesoros, se asesinaba a todo aquél que se cruzase con la compañía, para que no pudiera decir a nadie hacia dónde se dirigían. Además, sí que se asesinaron a los constructores y capataces de la obra, para que no pudieran decir nada sobre el lugar del eterno descanso del gran Khan. Esta obra faraónica ha sido cubierta y enterrada en las arenas del tiempo, suponiendo uno de los últimos grandes quebraderos de cabeza de los Indiana Jones que buscan esclarecer la verdadera morada póstuma del emperador.

Sin embargo, una expedición científica norteamericano-mongola acaba de descubrir unas tumbas no lejos de donde nació el gran guerrero mongol, uno de los más grandes de la historia, y los exploradores apenas pueden contenerse. ‘Sentimos que estamos en el lugar’, dice Maury Kravitz a El País, el abogado de Chicago e historiador aficionado que es el alma de la exploración. ‘Si se confirma, será un descubrimiento de gran trascendencia, equiparable al de la tumba de Tutankamón’. Las tumbas de la colina no han sido tocadas, porque la tradición chamanística mongola cree que si se toca un cadáver, se destruye su alma.

Sin embargo, aún no se ha confirmado que estas ruinas pudieran ser el hogar del cuerpo de Gengis Khan y sus vasallos, ni se han hecho los hallazgos necesarios para afirmarlo. Aún hay tesoros sin desenterrar en el ancho mundo, y enigmas que alimentan a los más soñadores arqueólogos con pasar a la historia por redescubrir un  pedazo palpable de Historia de la Humanidad.

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Uno de los arqueólogos que buscan la tumba, Albert Lin