Margaret Keane, el nombre tras el hombre

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Cartel película Tim Burton, big eyesHace varios días vi una de las últimas películas de Tim Burton (que, dicho sea de paso, se ha convertido en una sombra descafeinada del genio que fue). El filme era “Big Eyes“, drama basado en la agitada vida real de  Margaret Keane (interpretada por Amy Adams), y su relación tanto con su ‘adorable’ marido Walter (Christoph Waltz) como con el arte.

Tim Burton conoció la historia real de Margaret y Walter Keane al rededor de 1995, aunque desde su niñez ya había estado rodeado de reproducciones de sus cuadros en casa. Tim Burton sintió fascinación por Margaret cuando se encontró con ella: reservada y muy callada, una de las personas más tímidas que había visto en toda su vida. Ciudadanos de todo el mundo tenían sus obras en el dormitorio, en los salones o pasillos… sus obras se convirtieron en un símbolo cultural de aquellos años a escala planetaria. Sólo que nadie conocía la historia auténtica.

Como todo el mundo, Burton pensó toda su vida que Walter Keane era el verdadero autor, el artista, el visionario kitsch. Sin embargo, aquel matrimonio escondía un perturbador secreto. Como sabemos, cuando una mujer se casa, adopta en muchos países el apellido de su marido (como si fuera una pertenencia más)… y a éste le es muy sencillo apropiarse de los logros de su esposa. ¿Para eso es “de su propiedad“, verdad?

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La pintora de los Ojos Grandes

Aunque personalmente no considero el estilo de Keane digno de ser llamado “ARTE” con mayúsculas, por sus rudimentarios trazos y sus muchos defectos que no criticaré, no seré yo quien le reste ningún mérito a lo que logró esta mujer en la retrógrada California de los años 60. Cualquier obra de Margaret Keane es absolutamente reconocible: los ojos grandes y tristes de cada niño que dibujaba la delatan a ella y a su estilo. Y es que pintaba a los niños como si fueran salidos de una perturbadora película de terror a todo color y para todos los públicos. A la vez que nos transmite la inocencia de los pequeños, también nos asustan un poco las mirada. Una mirada que ha creado escuela.margaret-keane-walter-matrimonio

Margaret Keane dibujaba desde niña, pero nunca cultivó su estilo ni acudió a ninguna academia. De pequeña era conocida en la iglesia local por sus bocetos de ángeles con grandes ojos. De su primer matrimonio tuvo a su hija Jane, con la que huyó años después para empezar una nueva vida. Y sí, la encontró.

En 1955 se casó con Walter Keane, que en cuanto la conoció decidió que el talento de la inocente, desesperada y tímida chica podría hacerle ganar dinero. Walter dejó su trabajo en una inmobiliaria para dedicarse a vender las pinturas de Margaret. Sin embargo, previendo la fortuna que podía ganar, Walter se autoproclamó públicamente autor de los cuadros que pintaba su mujer y los vendía como suyos… a pesar de que él no sabía ni coger el maldito pincel. “Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío“, le decía. Con su labia y su olfato comercial, consiguió venderlos de forma masiva en grandes almacenes, libros de cómic y revistas. Los cuadros se convirtieron en las obras de arte más populares de la época. Y es que Walter era “un genio del marketing y la promoción“, tal , pero cruel, enloquecido y despótico como ninguno. Una mala persona. Preocupada por lo que podría pasarle a ella y a su hija si abandonaban a su esposo, Margaret decidió participar en el embuste.

La timidez patológica de Margaret hizo que durante 12 años el público creyera que los cuadros los pintaba su marido. Su nombre era totalmente anónimo, y su marido la tenía encerrada bajo amenazas de muerte para que no saliera de su estudio ni nadie sospechara que era su esposa quien pintaba. Aquél hombre la alejó a su hija, le prohibió ver a sus amigas… Margaret estaba cada vez más sola y la moral de la época le decía que así debía permanecer.

Mientras Walter se daba al alcohol y a las mujeres, Margaret pasaba hasta 16 horas al día encerrada en su estudio pintando. Durante algo más de una década se convirtió, literalmente, en prisionera de su éxito.

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Dejar de ser invisible

Tras diez años de matrimonio, en 1965 la pareja se divorció. Cuando decidió enfrentar la situación en la que se hallaba sumergida, reunió el valor para decir a Walter que quería el divorcio. En la película vemos una tensa escena en la que Walter Keane tiene un ataque de ira, e intenta quemar el estudio de la pintora con ella y su hija refugiadas dentro. Afortunadamente lograron huir y se refugiaron en Hawái. Tras diez años de matrimonio, en 1965 la pareja se divorció.

En 1970, cuando sus cuadros ya habían pasado de moda, decidió que no iba a mentir más cuando le preguntaran sobre su autoría y le contó toda la verdad a un periodista de la agencia UPI. Se hizo testigo de Jehová, pues el único refugio que le quedaba era la religión… además de la pintura.

Su exmarido contratacó asegurando que su esposa era una mujer infiel y una mentirosa compulsiva. Ella lo retó a que ambos pintaran en público uno de los cuadros para demostrar quién era realmente el autor, pero él se negó. ¡Obvio! Si no sabía ni distinguir el color azul del rojo. Walter Keane huyó a Europa mientras amainaba la tormenta. Pero todavía se atrevió a asegurar desde el otro lado del Atlántico que su esposa se había atribuido la autoría de las pinturas porque pensaba que él había fallecido. Fue la gota que colmó el vaso y enfureció a Margaret.

Margaret demandó a Walter por difamación y, tras un juicio que duró varias semanas, el juez les pidió a ambos que hicieran en la sala uno de los retratos. Ella pintó a un niño de enormes ojos tristes en apenas 53 minutos. Él se negó a hacerlo alegando que le dolía un hombro.

El juez acabó concediendo a Margaret una indemnización de 4 millones de dólares, que Walter nunca llegó a pagar ya que había dilapidado en bebida, prostitutas y artículos de lujo toda la fortuna que había amasado con los cuadros de su ex-esposa.

“Por supuesto, jamás vi ni un céntimo, pero yo no aspiraba a eso. Tan solo quería que el mundo supiera que esos eran mis cuadros” – Margaret Keane

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¿El legado de cuántas mujeres en toda la historia habrá sido expoliado como el de Margaret Keane? ¿Cuántas veces tras un nombre masculino se esconde el trabajo de una mujer? Me temo que eso no podremos saberlo nunca.

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